Caslavska, reina e hija del pueblo en México 68

La gimnasta Vera Caslavska es una de las más ilustres personalidades de los Juegos Olímpicos. El público acude predispuesto a verla triunfar

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Vera Caslavska se robó el corazón de los mexicanos en esos Juegos. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de octubre.- La gimnasta Vera Caslavska es una de las más ilustres personalidades de los Juegos Olímpicos. El público acude predispuesto a verla triunfar y cuando ella aparece con un leotardo azul, bañada en la luz artificial del Auditorio Nacional más de 15 mil personas forman un oleaje de emociones. En Vera converge la superior clase deportiva, sus tres oros en los JO de Tokio 64, con el simbolismo de sufrimiento de su pueblo invadido unas semanas antes por la URSS y los países del pacto de Varsovia. Es hija de un pueblo en desgracia y aquí, la reina.

Su belleza arrobadora, rostro agraciado de finas líneas, pelo rubio ensortijado, había atrapado al pueblo mexicano. Había anunciado su retiro y casamiento el sábado 26. El alborozo era colectivo y los Juegos estaban a punto de terminar.

Flota en el escenario una pugna deportiva política de Vera con las gimnastas soviéticas, aunque naturalmente sin la aspereza de la que se registró en el waterpolo de los JO de Melbourne 56. Y la preferencia mexicana estaba decidida por Vera y Checoesloquia.

La técnica y la inspiración artística se enlazan con los deseos enfervorizados del público. Cataratas de “¡Veee-raaa, Veee-raaa, Veee-raaa!” resbalan en estruendo de las tribunas y rebotan por todos los ámbitos. Caslavska triunfa en el salto de caballo, oro en barras asimétricas; ocupa el segundo lugar y recibe la medalla de plata en la viga de equilibrio después de la soviética Natalia Kuschinskaya que remonta adversidades, y como premio del oro recibe una rechifla de un público silvestre, inculto. Comparte el oro ex=aequo con la soviética Larissa Petrik en ejercicios en el piso en los que Vera enloquece a la multitud  con la música del Jarabe tapatío y Allá en el rancho grande. Se toca cuatro veces su himno nacional.

Nadie en la historia ha ganado el all-around como Vera, (ni en los JO Londres 2012), con tanta diferencia 1.40 puntos, sobre Zinaida Voronina, de la URSS (78.25 – 76.85).

Durante la Primavera de Praga firmó el manifiesto Dos mil palabras del escritor Ludvik Vaculik , en el que se pedían reformas en Checoeslovaquia. Ella había ganado 3 oros en Tokio 64 en una carrera ascendente de seis años. Vera Caslavska y Emil Zatópek son las más grandes luminarias de aquel país. Tras la firma y la invasión, con el fin de no ser arrestada se va a entrenar a Sumperk, Moravia, al norte de Praga. Como no contaba con aparatos se colgaba de las ramas de los árboles como parte de sus prácticas enfocadas a los JO de México.

La vida fue dura para Vera. Al regresar a su país le piden que se retracte y borre su firma del manifiesto. Con gran valentía, se niega. Durante cinco años no le permiten trabajar. La protege el club de futbol Sparta. En 1979 vino a México con su esposo el atleta Peter Odlozil, invitados por el presidente José López Portillo. ¡Había colas de miles y miles de niñas en Popotla para entrenar con Vera!, cuando Guillermo López Portillo, que por cierto fue reportero deportivo de Excélsior, era titular del INDE.

Ese viernes 25 de octubre la quinteta mexicana de basquetbol vence a Polonia 75-65 y se encarama al quinto lugar. Arturo Guerrero anota 19 puntos y Raga 18, ambos son los mejores encestadores del grupo con 148 puntos cada uno. México finaliza con cinco victorias y dos derrotas. Por séptima ocasión Estados Unidos gana oro invicto tras vencer a Yugoeslavia 65-50. Spencer Hayword, de 19 años, es la figura del juego. El bronce corresponde a la URSS tras 70-53 puntos sobre Brasil.

Los xochimilcas Juan Martínez y Félix Altamirano en titánica lucha con el binomio de la URSS en C-2 finalizan en cuarto lugar; Alvaro Gaxiola avanza a la final en segundo tras el italiano Klaus Dibias. En la edición del sábado 26 Excélsior destaca que además de Álvaro el conjunto de México tendrá a seis finalistas más: Antonio Roldán, Ricardo Delgado, Guillermo Echevarría y Juan Alanís en los 1,500 m nado libres y a José de Jesús Robinson y Luis Niño de Rivera en los saltos ornamentales de la plataforma de 10 metros.

Roland Matthes, de la RDA, se consagra al vencer en los 200 m y conquistar el doblete en la nado de espalda. Se iza la bandera de negro, rojo y amarillo con los aros olímpicos y se escucha un fragmento de la Nona Sinfonía del Júpiter de Bonn.

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