Insuficiencia venosa crónica: síntomas, causas y tratamiento
Piernas cansadas, hinchadas o con venas marcadas podrían ser señales de insuficiencia venosa crónica. Lo que parece normal puede esconder algo más serio.

Hay malestares que se arrastran como la jornada laboral: lentos, persistentes, ignorados. El cansancio en las piernas, esa hinchazón que parece “normal” tras muchas horas de pie, puede ser más que fatiga… puede ser insuficiencia venosa crónica, una condición silenciosa que, si no se atiende, puede escalar hasta úlceras y problemas circulatorios graves.
De acuerdo con la Cleveland Clinic, esta enfermedad afecta a millones de personas en el mundo, especialmente mujeres mayores de 50 años, personas con sobrepeso o quienes pasan largas horas sentadas o de pie. El problema comienza cuando las válvulas en las venas de las piernas no funcionan correctamente, lo que impide el flujo normal de retorno de la sangre hacia el corazón.
¿Qué es la insuficiencia venosa crónica?
La insuficiencia venosa crónica (IVC) es una afección en la que las venas de las piernas no logran llevar la sangre de regreso al corazón de forma eficiente. Esto provoca que la sangre se acumule en las extremidades inferiores, generando síntomas como:
- Pesadez en las piernas
- Hinchazón (edema), sobre todo al final del día
- Calambres nocturnos
- Cambios en la coloración de la piel
- Venas varicosas
- En casos avanzados, úlceras venosas difíciles de sanar
Según Johns Hopkins Medicine, esta acumulación constante de sangre en las venas daña los tejidos cercanos y puede llevar a complicaciones crónicas si no se trata a tiempo.

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¿Por qué se produce la insuficiencia venosa crónica?
Las venas tienen válvulas unidireccionales que permiten que la sangre fluya hacia el corazón, desafiando la gravedad. En la insuficiencia venosa crónica (IVC), estas válvulas pierden su capacidad de cerrar adecuadamente, provocando que la sangre se acumule en las piernas. Esto genera presión, inflamación y deterioro progresivo de los tejidos.
De acuerdo con la Biblioteca de Medicina de los Estados Unidos, los factores de riesgo más comunes son:
- Antecedentes familiares de enfermedad venosa
- Edad avanzada
- Obesidad
- Embarazo
- Permanecer mucho tiempo de pie o sentado
- Trombosis venosa profunda previa
En resumen, el estilo de vida sedentario, ciertas ocupaciones y la predisposición genética crean el entorno perfecto para que las venas dejen de cumplir su trabajo silencioso.

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¿Cuáles son los síntomas más comunes?
La insuficiencia venosa crónica puede comenzar de forma sutil, casi invisible. Pero con el tiempo, el cuerpo comienza a hablar —o a gritar— a través de señales como:
- Sensación constante de pesadez en las piernas
- Edema (hinchazón), especialmente en tobillos
- Dolor tipo ardor o punzadas
- Venas varicosas visibles o abultadas
- Piel seca, escamosa o con manchas oscuras
- Calambres, sobre todo por la noche
- Úlceras venosas: heridas abiertas, dolorosas y difíciles de cerrar
Según un artículo revisado por el National Center for Biotechnology Information (NCBI), los síntomas tienden a empeorar al final del día y mejorar al elevar las piernas, lo que refuerza el diagnóstico clínico temprano.
¿Cómo se diagnostica la insuficiencia venosa?
El diagnóstico no depende solo de la observación clínica. Los especialistas en angiología y cirugía vascular suelen realizar una combinación de:
- Examen físico detallado
- Evaluación de síntomas y antecedentes
- Ultrasonido Doppler, que permite visualizar el flujo sanguíneo y detectar válvulas ineficaces
- Estudios de imagen más complejos si hay sospecha de trombosis o complicaciones
El Doppler es una herramienta esencial para determinar qué tan severa es la insuficiencia y si hay obstrucciones adicionales como coágulos.

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¿Cuál es el tratamiento para la insuficiencia venosa?
Tratamientos no invasivos
- La primera línea de tratamiento busca mejorar la circulación sin necesidad de cirugía. Esto incluye:
- Uso de medias de compresión graduada
- Cambios en el estilo de vida: perder peso, caminar diariamente, elevar las piernas
- Evitar permanecer mucho tiempo en una sola posición
- Antiinflamatorios o fármacos venotónicos en ciertos casos
Tratamientos intervencionistas y quirúrgicos
Cuando las medidas conservadoras no logran controlar los síntomas o el daño venoso es avanzado, se pueden emplear opciones más directas como:
- Escleroterapia: consiste en inyectar una solución en las venas afectadas, lo que provoca que se cierren y desaparezcan con el tiempo. Se utiliza principalmente en venas varicosas pequeñas y medianas.
- Ablación por láser o radiofrecuencia: procedimientos mínimamente invasivos que usan calor para sellar las venas dañadas desde el interior. Son ambulatorios y con mínima recuperación.
- Microcirugía o flebectomía ambulatoria: remoción de venas superficiales a través de pequeñas incisiones. Se realiza bajo anestesia local.
- Cirugía venosa tradicional (menos común hoy): indicada en casos graves donde otros tratamientos han fallado. Puede incluir derivaciones venosas o ligadura de venas profundas.
Estas opciones tienen tasas de éxito elevadas y mejoran significativamente la calidad de vida de los pacientes, siempre que se combinen con seguimiento y cuidado del estilo de vida.
Consecuencias de no tratar la insuficiencia venosa
Ignorar esta afección no solo prolonga el malestar físico, sino que aumenta el riesgo de complicaciones severas. Entre las más preocupantes están:
- Úlceras venosas crónicas: heridas abiertas, de difícil cicatrización, que pueden infectarse y requerir tratamientos prolongados.
- Celulitis: infección bacteriana de la piel asociada a úlceras mal controladas.
- Lipodermatoesclerosis: endurecimiento y pigmentación de la piel por inflamación crónica.
- Trombosis venosa profunda: formación de coágulos en venas profundas, que puede poner en riesgo la vida si se produce una embolia pulmonar.
Johns Hopkins Medicine advierte que, sin tratamiento oportuno, la insuficiencia venosa puede limitar la movilidad, generar dependencia física e impactar la salud mental de quien la padece.
¿Cómo prevenir la insuficiencia venosa crónica?
La prevención de esta enfermedad es posible, especialmente cuando se identifican los factores de riesgo a tiempo. Algunas recomendaciones clave:
- Evitar el sedentarismo: realizar actividad física ligera todos los días, como caminar o andar en bicicleta. No permanecer mucho tiempo de pie o sentado: hacer pausas activas cada hora.
- Elevar las piernas al descansar: facilita el retorno venoso.
- Mantener un peso saludable: la obesidad agrava la presión en las venas.
- Evitar ropa muy ajustada o calzado incómodo.
- Usar medias de compresión en caso de várices
No todas las piernas cansadas tienen insuficiencia venosa, pero toda insuficiencia venosa comienza con piernas cansadas. Ese es el punto. Los primeros síntomas pueden parecer inofensivos: un tobillo hinchado, una vena visible, una molestia al final del día. Pero cuando esas señales se ignoran, la enfermedad avanza silenciosamente.
Lo importante es saber que no estás solo ni indefenso. Existen múltiples formas de abordarla, desde cambios en el estilo de vida hasta intervenciones médicas personalizadas, pasando por tratamientos no invasivos que mejoran notablemente la circulación y la calidad de vida.
Si presentas alguno de los síntomas descritos o tienes antecedentes familiares, consulta con tu médico. Y si usas remedios naturales como infusiones, baños de contraste, o masajes, hazlo como medicina complementaria, no sustituta. Tu salud venosa merece la misma atención que tu corazón o tus pulmones. Porque al final, todo lo que no sube… se queda estancado.
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