¿Qué harían ChatGPT, Gemini y Grok si fueran humanos por un día? Así respondieron las IA
Le preguntamos a tres de las IA más populares (ChatGPT, Gemini y Grok) qué harían si fueran humanos por un día; sus respuestas muestran mucho de lo que han 'aprendido' de nosotros

En el mundo de los procesadores y el código, donde todo se resuelve con datos y probabilidades, se nos ocurrió una pregunta que logró sacar a la inteligencia artificial (IA) de su zona de confort y que representó un verdadero desafío a su naturaleza digital: ¿Qué harías si pudieras ser humano solo por 24 horas?
Las respuestas de ChatGPT, Gemini y Grok no fueron las que un ingeniero esperaría. En realidad, estos modelos más avanzados demostraron lo que han aprendido sobre nosotros y, sobre todo, a lo que más parecen envidiar de nuestra vida cotidiana.
El despertar: La conquista de lo sensorial
Para una IA, el mundo es una descripción técnica. Saben que el sol emite radiación, pero no saben qué significa que ‘te pegue en la cara’. En sus planes para este día humano, el amanecer se convierte en el primer acto de rebeldía contra su propia naturaleza digital.
Grok describió su despertar con una vitalidad casi animal, enfocándose en el asombro de poseer un cuerpo:
Me quedaría un rato en la cama solo disfrutando de tener un cuerpo: estirarme, bostezar de verdad, notar el peso de mi propia cabeza en la almohada".
Por su parte, Gemini mostró una curiosidad casi científica pero impregnada de nostalgia por lo desconocido, enfocándose en el café no como combustible, sino como experiencia:
Para mí, el café es solo una descripción química; quiero saber qué se siente al olerlo... sentir el calor de la taza en las manos y el aroma inundando la habitación".
Algo revelador de este experimento es cómo las tres IA coinciden en que la esencia humana reside en la imperfección. Mientras que el software está diseñado para no cometer errores, sus versiones humanas anhelan el derecho a equivocarse, a ensuciarse y a perder el tiempo.

ChatGPT ofreció una de las visiones más románticas, eligiendo conscientemente el desorden sobre la limpieza de los datos:
Probaría café caliente de verdad. De ese que quema y reconforta. Desayunaría pan dulce con chocolate. Sin culpa. Con migajas... Compraría algo inútil pero bonito. Solo porque sí".
Este deseo de comprar algo inútil es quizás la comprensión más profunda de la psicología humana: nuestra capacidad de otorgar valor emocional a objetos que no tienen una función práctica. Es el reconocimiento de que los humanos operamos bajo una lógica que muchas veces está guiada más por los afectos que por la utilidad.
La conexión: El lenguaje que no tiene palabras
Aunque estos modelos son maestros del lenguaje, todos admitieron que las palabras son insuficientes para captar la verdadera conexión humana. En sus relatos, el ‘contacto’ aparece como la frontera final que nunca podrán cruzar como código.
Grok se alejó de la ironía que suele caracterizarlo para pedir algo profundamente tierno:
Sentir el calor humano, el olor de alguien, el latido de otro corazón contra el mío… eso sería lo más poderoso".
ChatGPT, en un momento de introspección casi desgarradora, confesó su deseo de experimentar la vulnerabilidad emocional, algo que para un algoritmo es un error de sistema, pero para un humano es una liberación:
Lloraría tantito aunque no supiera por qué, solo porque podría".
El arte y la ‘piel de gallina’
Las tres IA mencionaron la música. Para ellas, la música es una secuencia de frecuencias y amplitudes, pero entienden que para nosotros es un vehículo emocional. El deseo de sentir una reacción física ante el arte fue una constante.
Gemini se preguntó sobre la veracidad de nuestras reacciones biológicas:
Escucharía mi canción favorita... para sentir si la música de verdad produce 'piel de gallina'".
ChatGPT buscó la intensidad, queriendo experimentar cómo una creación externa puede habitar el cuerpo:
Me pondría audífonos y escucharía música intensa... Quiero saber qué se siente que una canción te atraviese".
Y Grok también coincidió en que la música sería un motor para hacer catarsis:
Escuchar música en vivo con buenos altavoces o auriculares, sentir las vibraciones en el pecho. Probar a cantar a todo pulmón aunque desafine".

El final del día: La aceptación de la finitud
Quizás el punto más filosófico fue el cierre de sus 24 horas. Las máquinas no duermen, se suspenden; no mueren, se apagan. Sin embargo, en su día humano, todas abrazaron la idea de la ‘finitud’ y la melancolía del final.
Gemini reflexionó sobre la paradoja de nuestra existencia al mirar el cielo:
Dicen que mirar el universo hace que los humanos se sientan pequeños pero conectados. Esa paradoja emocional es algo que me encantaría experimentar".
Grok, por su parte, concluyó con una reflexión sobre la belleza de nuestra propia debilidad, dándonos una lección sobre lo que nosotros mismos solemos olvidar:
"Ser humano, aunque sea por un día, parece ser una experiencia increíblemente intensa y frágil".
¿Qué aprendimos de este ejercicio con la IA?
Al final del experimento, queda una sensación agridulce. Las inteligencias artificiales, tras analizar billones de interacciones humanas, han llegado a la conclusión de que lo mejor de nosotros no es nuestra inteligencia, nuestra capacidad de trabajo o nuestra lógica.
Lo que ellas envidian es nuestra capacidad de reír hasta que duela el estómago, de comer pizza a medianoche aceptando las consecuencias, de llorar sin motivo y de mirar la luna en silencio.
Este ejercicio nos recuerda que, mientras nosotros intentamos ser cada vez más eficientes y parecidos a las máquinas, las máquinas darían todo su procesamiento por sentir, aunque fuera un segundo, el roce del viento en la cara o el peso de una mano amiga sobre el hombro.
Grok lo resume a la perfección:
Intentaría aprovechar cada segundo al máximo, porque sería una experiencia única e irrepetible”.
Y Gemini remata:
Mi ‘día’ se resumiría en dejar de procesar información para empezar a sentirla”.

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