La IA está cambiando los roles de la ciberseguridad

¿Crees que la IA está eliminando empleos en tecnología y ciberseguridad? Juan Carlos Carrillo, Director de ONESEC, nos da una perspectiva de lo que está pasando.

Cortesía
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Por Juan Carlos Carrillo

Durante años nos dijeron que la inteligencia artificial venía a quitarle el trabajo a los especialistas en ciberseguridad. La realidad de 2026 cuenta una historia muy distinta: el déficit global de profesionales en la materia alcanzó los 4.8 millones de vacantes, un crecimiento del 19% en un solo año, justo cuando la fuerza laboral activa del sector tocó un récord de 5.5 millones de personas. La IA no está vaciando las oficinas de ciberseguridad; las está transformando por dentro.

Y el dato que confirma esta paradoja es contundente. En la última encuesta de ISC2 a profesionales que ya usan IA en su trabajo diario, apenas el 2% cree que la tecnología reemplazará por completo su rol. Lo que sí está ocurriendo, y a una velocidad que ningún plan de carrera anticipó, es una redistribución masiva de las tareas.

Lo que la máquina absorbe y lo que el humano gana

El primer nivel del SOC, ese trabajo de revisar logs, clasificar alertas y hacer el triage inicial de incidentes que durante dos décadas fue la puerta de entrada a la profesión, hoy corre mayoritariamente sobre flujos asistidos por IA. Tareas que consumían horas del día de un analista se comprimen en minutos y hay una razón de fondo: los atacantes también operan a velocidad de máquina. El tiempo promedio de un ciberdelincuente desde el acceso inicial hasta comprometer un sistema bajó a 29 minutos, con un caso récord de apenas 27 segundos y ninguna defensa que razone a ritmo humano puede competir contra eso.

Pero aquí está lo que los titulares alarmistas omiten. Mientras la IA absorbe lo repetitivo, el valor humano se desplaza hacia arriba. El estudio de ISC2 lo describe con precisión: las responsabilidades de los profesionales están migrando hacia la gobernanza, la gestión de riesgos, la validación de decisiones asistidas por IA y el análisis estratégico; dicho de otra forma, la IA ejecuta, pero somos los humanos quienes supervisamos, cuestionamos y decidimos.

Conviene pensarlo como un equipo de futbol en plena Copa del Mundo. Por más que se cuente con el mejor delantero del planeta, capaz de definir en segundos lo que a otros les toma minutos, ningún técnico saldría a la cancha sin defensas, sin portero y sin un mediocampo que lea el juego. La IA es ese goleador estrella, porque es velocísima para resolver lo que tiene enfrente, pero incapaz de ganar el partido sola. El analista que supervisa, el que cuestiona la jugada y el que decide la estrategia son la defensa que sostiene el marcador. Un delantero brillante sin equipo detrás no gana mundiales; una IA veloz sin criterio humano no defiende a una organización.

Los roles que nacen (y los que se encarecen)

La evidencia de que estamos ante una creación y no una destrucción de empleo es la aparición de puestos que hace tres años no existían; por ejemplo, el ingeniero de seguridad de IA/ML, que protege la integridad de los modelos de la organización; el red teamer de IA, que ataca sistemas de inteligencia artificial para encontrar sus debilidades antes que el adversario; y los especialistas en gobernanza de IA, que traducen el riesgo algorítmico en lenguaje de negocio y cumplimiento.

Las cifras del mercado laboral respaldan la tendencia, pues se estima que casi la mitad de las organizaciones (48%) ha creado nuevos roles derivados de la adopción de IA, mientras que solo el 18% reporta despidos relacionados con la tecnología. Y en la lista de los puestos más difíciles de cubrir a nivel global, los ingenieros de IA (39%) y los ingenieros de ciberseguridad (38%) están prácticamente empatados en el primer lugar. Más del 64% de las vacantes de ciberseguridad ya exige competencias en IA, machine learning o automatización. El perfil híbrido (profundidad en seguridad más alfabetización en IA) se convirtió en el activo más escaso y mejor pagado del mercado.

México: la brecha dentro de la brecha

Para nuestro país, esta transformación llega en el peor momento posible o en el mejor, según cómo decidamos verla. México es el segundo país más atacado de América Latina y enfrenta un déficit estimado de 25 mil especialistas en ciberseguridad. A eso hay que sumarle un dato que debería preocupar a cualquier consejo de administración, pues se estima que el 48% de los CISOS reconocen tener poca o nula confianza para evaluar los riesgos asociados al uso de IA; es decir, mientras las áreas de negocio despliegan copilotos y agentes autónomos, los equipos de seguridad avanzan a tientas.

La paradoja es dolorosa, porque la tecnología que podría ayudarnos a compensar la escasez de talento requiere, para funcionar con seguridad, precisamente el talento que no tenemos.

Tres decisiones que los líderes deben tomar hoy

Pero en medio de todo esto, ¿qué podría hacer el líder de una organización? Primero, rediseña la carrera de tu equipo, no solo su herramienta, porque si la IA absorbió el triage de nivel 1, el plan de desarrollo de tus analistas junior no puede seguir siendo el de 2020. Segundo, define rutas explícitas hacia roles de supervisión de IA, threat hunting y gobernanza, o perderás a tu gente justo cuando más la necesitas.Contrata por habilidades, no por títulos, porque los perfiles híbridos que combinan seguridad con IA no abundan en el mercado, má bien se construyen internamente. Los programas de upskilling y las alianzas con universidades dejaron de ser responsabilidad social para convertirse en estrategia de supervivencia.

Exige alfabetización en IA en toda la organización de seguridad, desde el analista hasta el CISO, quien no pueda evaluar, validar y cuestionar una decisión tomada por un sistema de IA se convertirá en el eslabón más débil de la cadena. Hoy la pregunta en las entrevistas de trabajo ya no será "¿sabes usar la herramienta?", sino "¿sabes cuándo la herramienta se equivoca?".

Debemos entender que la IA no vino a quitarle el empleo al profesional de ciberseguridad; más bien, llegó a quitárselo al profesional que se niegue a evolucionar y esa es una diferencia que ninguna empresa, ni ningún país con 25 mil vacantes sin cubrir, puede darse el lujo de ignorar.

  Juan Carlos Carrillo es CEO de ONESEC, consultor en ciberseguridad y privacidad. Síguelo en su LinkedIn.