De copiloto a compañero de trabajo

Los agentes de inteligencia artificial no son nuevos. Lo que está cambiando es hasta dónde empiezan a llegar dentro de las organizaciones: pueden recibir objetivos, utilizar herramientas y ejecutar tareas. Un nuevo estudio de la OCDE muestra cómo comienzan a integrarse en procesos reales de trabajo, mientras las empresas intentan decidir cuánto están dispuestas a delegarles.

Ilustración de una persona junto a una figura digital que representa la integración de agentes de inteligencia artificial en procesos reales de trabajo.
Los agentes de IA no son nuevos; el cambio está en su incorporación a procesos reales de trabajo, donde pueden utilizar herramientas y ejecutar tareas con distintos grados de autonomía.Alexandro Medrano

Durante los últimos años, millones de personas aprendieron una nueva rutina frente a la computadora: escribir una pregunta y esperar una respuesta.

La inteligencia artificial redactó correos, resumió documentos, escribió código, tradujo textos y convirtió instrucciones de unas cuantas líneas en imágenes. El humano preguntaba. La máquina contestaba.

Ese modelo empieza a quedarse corto.

Los agentes de inteligencia artificial existen desde hace años. Lo que está cambiando es su alcance: sistemas capaces de recibir un objetivo, dividirlo en tareas, decidir qué pasos seguir, utilizar diferentes herramientas y ejecutar acciones comienzan a incorporarse a procesos reales de trabajo.

No se trata solamente de una versión más poderosa de un chatbot.

Es el paso de responder a actuar.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó el 16 de septiembre un estudio sobre cómo estos sistemas están entrando en organizaciones reales. El documento analiza experiencias de empresas, instituciones públicas, centros de investigación y desarrolladores ante una tecnología cuyo cambio fundamental puede resumirse en una palabra:

acción. DE RESPONDER A HACER

La diferencia parece pequeña hasta que se observa lo que ocurre detrás de la pantalla.

Un sistema de inteligencia artificial generativa convencional recibe una instrucción y produce una respuesta. Un agente puede recibir un objetivo y comenzar una secuencia: buscar información, elaborar un plan, consultar una base de datos, utilizar software, comprobar resultados y decidir cuál debe ser el siguiente paso.

Eso modifica la relación entre persona y máquina.

El trabajador deja de decirle necesariamente a la IA qué hacer en cada momento. Puede indicarle qué quiere conseguir.

La OCDE describe sistemas que combinan capacidades como razonamiento, planificación, memoria y utilización de herramientas. Algunos pueden interactuar además con otros agentes y con sistemas externos.

El salto es considerable.

Un chatbot puede explicar cómo actualizar una base de datos.

Un agente, si cuenta con acceso y permisos, puede actualizarla. 

Infografía que compara un copiloto de IA, que responde a instrucciones humanas, con un agente de IA capaz de planear, usar herramientas, actuar y verificar.
A diferencia de un copiloto que responde a instrucciones, un agente puede trabajar sobre un objetivo, planear, utilizar herramientas, actuar y verificar resultados.Alexandro Medrano

La adopción ocurre mientras la inteligencia artificial se extiende rápidamente por las empresas.

En 2025, 20.2% de las empresas de los países de la OCDE para los que existen datos reportaron utilizar inteligencia artificial. Un año antes eran 14.2% y en 2023 apenas 8.7%.

En dos años, la proporción se multiplicó por aproximadamente 2.3.

La penetración es todavía mucho mayor en determinadas industrias: 57.3% de las empresas del sector de tecnologías de información y comunicación ya utilizaban IA en 2025 y 36.8% de las dedicadas a servicios profesionales y científicos.

Pero el crecimiento comienza a aparecer también lejos de Silicon Valley. En alojamiento y servicios de alimentos, el uso aumentó 62.5% en un año; en construcción, 59.1%.

Sobre esa infraestructura empieza ahora a colocarse una segunda transformación: pasar de herramientas que asisten a sistemas capaces de participar en procesos de trabajo.

Infografía sobre adopción empresarial de inteligencia artificial: 20.2% de las empresas con datos disponibles en países de la OCDE utilizó IA en 2025, más del doble que en 2023.
El 20.2% de las empresas de países de la OCDE con datos disponibles reportó utilizar IA en 2025, frente al 8.7% en 2023. Los datos corresponden a IA en general, no exclusivamente a agentes.Alexandro Medrano

Los casos recogidos por la OCDE muestran que la respuesta ya no pertenece exclusivamente al terreno experimental.

Los agentes están siendo explorados o utilizados para trabajar con documentos, software y bases de datos; apoyar procesos de programación; participar en ciberseguridad; analizar información empresarial; apoyar tareas administrativas; intervenir en procesos científicos y coordinar diferentes partes de un flujo de trabajo.

La consecuencia podría ser menos espectacular que el ejército de robots con el que durante décadas la ciencia ficción representó la automatización.

Y precisamente por eso puede ser más profunda.

El nuevo trabajador digital puede no tener cuerpo.

Puede vivir dentro de una computadora, utilizar las mismas aplicaciones que una persona y encargarse de una parte de un proceso mientras un empleado humano supervisa el resultado.

La OCDE denomina a este fenómeno agentic AI: inteligencia artificial agéntica. 

Infografía que muestra cómo los agentes de IA pueden consultar información, utilizar software, planificar, ejecutar acciones y coordinar tareas dentro de un flujo de trabajo.
Los agentes pueden combinar información, planificación y herramientas digitales para ejecutar acciones y coordinar tareas orientadas al cumplimiento de un objetivo.Alexandro Medrano

El estudio de la OCDE no pretende ser un censo mundial de la inteligencia artificial ni una encuesta estadísticamente representativa. Es un trabajo exploratorio basado en entrevistas con organizaciones y profesionales involucrados en el desarrollo, despliegue y gobierno de estos sistemas.

Esa limitación es importante.

También lo es quién está experimentando con la tecnología.

La investigación se construyó a partir de entrevistas con organizaciones de distintas regiones y sectores involucradas en el desarrollo, despliegue y gobernanza de IA agéntica. La OCDE utilizó esas experiencias para observar aplicaciones, beneficios, problemas y mecanismos de control que ya están apareciendo en la práctica.

El fenómeno forma parte de un ecosistema mucho más amplio en el que participan grandes desarrolladores y compañías tecnológicas como Anthropic, Google, Microsoft y Salesforce, además de empresas de telecomunicaciones, instituciones académicas y organismos públicos.

No todas desarrollan los mismos sistemas ni se encuentran en el mismo nivel de implementación.

La fotografía que ofrece la OCDE es todavía la de una tecnología en construcción.

Pero ya no es una fotografía del futuro. Es una fotografía del presente.

Ilustración de un equipo de trabajo acompañada de cuatro áreas analizadas por la OCDE sobre IA agéntica: desarrollo, despliegue, utilización y gobernanza.
La OCDE analizó experiencias de organizaciones para conocer cómo la IA agéntica está siendo desarrollada, desplegada, utilizada y gobernada en la práctica.Alexandro Medrano

Durante la primera etapa de la inteligencia artificial generativa, uno de los grandes problemas recibió un nombre casi simpático: alucinaciones.

Una máquina podía inventar una fecha, atribuir una declaración inexistente o proporcionar información falsa con extraordinaria seguridad.

El riesgo cambia cuando un sistema deja de limitarse a producir palabras.

Si una IA tiene capacidad para utilizar herramientas y ejecutar acciones, un error puede abandonar la pantalla.

Una instrucción mal interpretada puede desencadenar una cadena de decisiones incorrectas. Una herramienta puede utilizarse de manera inadecuada. Un sistema puede completar una tarea por un camino que su operador no esperaba.

Ésa es una de las razones por las que la gobernanza ocupa una parte central del nuevo estudio de la OCDE.

La pregunta deja de ser únicamente:

¿La respuesta es correcta?

Ahora hay otra:

¿Qué hizo la máquina para llegar hasta ella?

El entusiasmo empresarial tiene un límite muy concreto: el riesgo.

Ilustración de una mano robótica activando fichas de dominó para explicar cómo una decisión de un agente de IA puede desencadenar una secuencia de acciones y resultados.
Cuando un agente puede encadenar decisiones y acciones, la supervisión debe considerar no sólo el resultado, sino también el proceso utilizado para alcanzarlo.Alexandro Medrano

La investigación de la OCDE describe una adopción en la que las organizaciones experimentan con diferentes niveles de autonomía y mecanismos de supervisión. Para acciones sensibles, de alto impacto o difíciles de revertir, el control humano continúa desempeñando un papel central.

De hecho, ninguna de las organizaciones estudiadas reportó haber desplegado agentes con autonomía irrestricta. La capacidad técnica para actuar de manera autónoma no significa que las empresas estén dispuestas a entregarles todas las llaves: establecen permisos, límites y puntos de intervención humana.

La lógica es sencilla.

No representa el mismo riesgo pedir a un agente que clasifique documentos que permitirle borrar una base de datos.

Tampoco es igual pedirle que prepare una orden de compra que autorizarlo a transferir dinero.

A medida que aumenta la consecuencia de una acción, aumenta también la necesidad de controles, permisos y supervisión.

La frontera tecnológica quizá no esté, por tanto, entre trabajos humanos y trabajos artificiales.

Puede estar entre qué decisiones estamos dispuestos a delegar y cuáles todavía queremos conservar. 

Infografía con una balanza entre una mano humana y una robótica que compara tareas de menor y mayor impacto y explica la necesidad de supervisar la autonomía de los agentes de IA.
A mayor autonomía y consecuencias potenciales de una acción, más importantes resultan los límites, la supervisión y los mecanismos de gobernanza.Alexandro Medrano

Las discusiones sobre inteligencia artificial suelen plantearse como una pregunta binaria: qué profesiones desaparecerán y cuáles sobrevivirán.

La realidad puede resultar bastante menos ordenada.

Un empleo está formado por muchas tareas.

Investigar, escribir, verificar, coordinar, responder mensajes, buscar documentos, introducir información, analizar datos, solicitar autorizaciones, elaborar presentaciones, comprobar resultados.

Los agentes no necesitan sustituir todo ese conjunto para modificar profundamente un puesto de trabajo.

Basta con hacerse cargo de algunas partes.

El trabajador podría entonces pasar de ejecutar cada paso a establecer objetivos, supervisar procesos, resolver excepciones y decidir cuándo intervenir.

La OCDE advierte desde hace años que la IA puede elevar productividad y calidad del trabajo, pero también producir riesgos relacionados con automatización, pérdida de autonomía, privacidad, discriminación y falta de transparencia.

La IA agéntica introduce una variable adicional: la capacidad de actuar.

Ilustración de una persona y un agente robótico trabajando en paralelo para mostrar cómo humanos y agentes de IA pueden asumir distintas tareas dentro de un mismo proceso laboral.
Los agentes no necesitan sustituir un empleo completo para transformarlo: pueden asumir partes de un proceso mientras las personas definen objetivos, establecen límites, supervisan y deciden.Alexandro Medrano

Durante décadas, automatizar significó construir una máquina capaz de repetir una tarea física.

La inteligencia artificial propone una versión distinta.

La máquina no necesita estar junto al trabajador.

Puede estar dentro del correo, el navegador, una base de datos o el software que una empresa utiliza todos los días.

Tampoco necesita sustituir inmediatamente a una persona para alterar la organización del trabajo.

Sólo necesita recibir una parte del proceso.

La transición apenas comienza y la propia OCDE insiste en que todavía faltan evidencias para determinar con precisión sus efectos económicos, laborales y organizacionales. El documento publicado esta semana es un estudio exploratorio, no una predicción sobre cómo funcionarán todas las empresas.

Pero muestra que la pregunta está cambiando.

Durante los primeros años de la inteligencia artificial generativa preguntábamos:

¿Qué puede contestar una máquina?

La siguiente etapa obliga a formular otra: ¿QUÉ ESTAMOS DISPUESTOS A DEJARLA HACER?

Fuente principal: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Agentic AI in organisations: Early insights from practitioner interviews, 16 de septiembre de 2026.