¿Y si la menstruación ocurriera cada tres meses? Investigan cómo extender la vida fértil

Investigaciones con células madre exploran si algún día podría retrasarse la menopausia o conservar por más tiempo la función ovárica, aunque aún no existe una terapia disponible.

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La menopausia marca el final natural de la vida reproductiva femenina, pero para la ciencia también representa una pregunta abierta: ¿es posible conservar por más tiempo la función ovárica sin comprometer la salud? La respuesta todavía no existe, pero distintos grupos de investigación ya exploran si las células madre, la medicina regenerativa y los modelos de desarrollo embrionario podrían abrir una nueva etapa en el estudio de la fertilidad.

Una de las investigadoras que trabaja en ese campo es Hongmei Wang, bióloga china especializada en biología reproductiva, células madre y desarrollo embrionario temprano. Wang forma parte del Instituto de Zoología de la Academia China de Ciencias y ha sido reconocida por la Sociedad Internacional para la Investigación con Células Madre por su trabajo en desarrollo embrionario, placenta y modelos in vitro.

Su línea de investigación aparece en un momento especialmente sensible para China. El país, que durante décadas aplicó políticas estrictas para limitar los nacimientos, ahora enfrenta el problema contrario: una población que envejece y una natalidad en caída. De acuerdo con datos oficiales reportados por Reuters, la población china volvió a disminuir en 2025, por cuarto año consecutivo, y los nacimientos cayeron a 7.92 millones, 17 por ciento menos que el año previo.

En ese contexto, la fertilidad dejó de ser solo un asunto médico o familiar. También se convirtió en un tema demográfico, económico y social. Sin embargo, los avances científicos no resuelven por sí solos la pregunta de fondo: aunque la medicina lograra extender la vida fértil, ¿las mujeres querrían tener hijos más tarde?, ¿en qué condiciones?, ¿con qué garantías para su salud?

Hongmei Wang, bióloga china especializada en biología reproductiva, células madre y desarrollo embrionario temprano
Hongmei Wang, bióloga china especializada en biología reproductiva, células madre y desarrollo embrionario tempranoEspecial

El reloj biológico del ovario

A diferencia de los hombres, que producen espermatozoides de manera continua, las mujeres nacen con una reserva limitada de folículos ováricos. Esa reserva disminuye con el paso del tiempo hasta llegar a la menopausia, etapa en la que cesa la menstruación y termina la capacidad reproductiva natural.

Por eso, una parte de la investigación actual busca entender si el envejecimiento del ovario puede desacelerarse o si ciertos daños asociados a la edad pueden repararse. No se trata únicamente de “tener más óvulos”, sino de conservar la función ovárica, la producción hormonal y la salud del tejido.

Un estudio publicado en Cell Discovery en 2024, en el que participó Wang, investigó el uso de células similares a mesenquimales derivadas de células madre embrionarias humanas en monos cinomolgos con envejecimiento ovárico. Según el artículo, el trasplante de estas células redujo signos de fibrosis y daño en el ADN, además de mejorar indicadores hormonales y reproductivos en los animales.

El hallazgo que más llamó la atención fue el nacimiento de una cría sana después del procedimiento. Aun así, los propios resultados deben leerse con cautela: se trata de investigación experimental en animales, no de una terapia lista para aplicarse de forma generalizada en mujeres.

Células madre contra la insuficiencia ovárica prematura

La investigación con células madre también se ha explorado en casos de insuficiencia ovárica prematura, una condición en la que los ovarios dejan de funcionar adecuadamente antes de los 40 años y que puede causar infertilidad, alteraciones menstruales y disminución hormonal en plena edad reproductiva.

Un estudio publicado en Cell Proliferation analizó el uso de células madre mesenquimales derivadas de cordón umbilical en 61 pacientes con insuficiencia ovárica prematura. De acuerdo con los resultados, no se reportaron efectos secundarios graves relacionados con el tratamiento durante el seguimiento y se registraron cuatro partos clínicos exitosos.

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Aunque estos datos abren una posibilidad de investigación, todavía no significan que exista una cura. Para que una intervención de este tipo pueda considerarse segura y efectiva se necesitan estudios más amplios, seguimiento a largo plazo, comparación con otros tratamientos y evaluación de riesgos.

Más allá de la fertilidad

Retrasar la menopausia o recuperar parte de la función ovárica no sería una intervención menor. El ovario no solo participa en la reproducción; también produce hormonas como estrógenos, que influyen en huesos, metabolismo, sistema cardiovascular, piel, sueño y otros procesos del cuerpo.

Por eso, cualquier intento de modificar la duración de la vida reproductiva tendría que equilibrar dos objetivos: preservar la fertilidad y proteger la salud integral de las mujeres. No bastaría con lograr que el ovario funcione durante más tiempo; también habría que demostrar que hacerlo no aumenta riesgos ni genera efectos secundarios importantes.

Además, la fertilidad no depende solo de la biología. La edad a la que una persona decide tener hijos también está influida por el costo de vida, la estabilidad laboral, el acceso a cuidados, las expectativas sociales, la salud mental, la corresponsabilidad familiar y el deseo individual de maternar o no hacerlo.

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El embrión, la placenta y los primeros días de vida

El trabajo de Wang no se limita al ovario. También se relaciona con una de las etapas más complejas del desarrollo humano: los primeros días posteriores a la fecundación. En ese periodo, el embrión comienza a organizar las estructuras que darán origen al cuerpo y a tejidos fundamentales para el embarazo, como la placenta.

Estudiar esa fase es difícil por razones técnicas y éticas. En muchos países existen límites estrictos para cultivar embriones humanos en laboratorio, lo que ha impulsado el desarrollo de modelos creados a partir de células madre. Estos modelos no son embriones naturales, pero permiten observar procesos que de otra forma serían casi inaccesibles.

La investigación en organoides, modelos embrionarios y tejidos reproductivos busca entender mejor por qué algunos embarazos no prosperan, cómo se forma la placenta y qué ocurre durante las primeras etapas del desarrollo. Ese conocimiento podría tener aplicaciones en infertilidad, pérdidas gestacionales y medicina reproductiva.

Una promesa científica con preguntas éticas

La posibilidad de extender la vida fértil suele presentarse como una promesa: más tiempo para decidir, más opciones para quienes enfrentan infertilidad y nuevas herramientas frente al envejecimiento ovárico. Pero también abre preguntas difíciles.

¿Quién tendría acceso a estas tecnologías si llegan a funcionar? ¿Se usarían para ampliar la libertad reproductiva o para aumentar la presión sobre las mujeres? ¿Podrían convertirse en una respuesta médica a problemas que también son laborales, económicos y sociales?

La ciencia avanza, pero todavía está lejos de convertir el retraso de la menopausia en una opción clínica disponible. Por ahora, los estudios con células madre muestran un camino posible, no una solución inmediata.

En países como China, donde la baja natalidad se ha convertido en una preocupación nacional, estos avances pueden verse como parte de una estrategia más amplia. Sin embargo, el dilema no se reduce a lograr que el cuerpo pueda reproducirse durante más tiempo. La pregunta central es si las personas quieren hacerlo, bajo qué condiciones y con qué garantías.

La vida fértil quizá pueda extenderse algún día. Lo que la ciencia no puede decidir por sí sola es qué lugar ocupará esa posibilidad en la vida de las mujeres.