¿Por qué no puedes bajar de peso? El problema podría estar en tu tejido adiposo

Investigadores explican que la dificultad para adelgazar no siempre es falta de voluntad, sino que el tejido adiposo pierde su capacidad de funcionar como un "contenedor seguro"

Una mujer en el gimnsio
Una mujer en el gimnsioEspecial

¿Te has preguntado por qué se te complica más bajar de peso que a otras personas? Dejando a un lado los hábitos alimenticios y el ejercicio, la explicación podría estar lejos de la falta de disciplina, sino en tres conceptos: fibrosis del tejido adiposo, inflamación y la capacidad metabólica de tu cuerpo.

Haz ejercicio, come frutas y verduras, aliméntate sanamente, el bajar de peso siempre se nos presenta como una ecuación simple, pero en la práctica muchas personas descubren que el cuerpo no siempre responde igual.

Hay quienes pierden grasa con relativa facilidad y quienes, aun con cambios en la alimentación, ejercicio o incluso tratamientos médicos, enfrentan un proceso mucho más lento. La explicación podría estar en un lugar que durante años fue visto solo como un depósito de energía: el tejido adiposo.

Durante el Congreso Internacional de Investigación sobre Obesidad del Tec de Monterrey, el investigador Antonio Vidal-Puig, profesor de Nutrición Molecular y Metabolismo de la Universidad de Cambridge, planteó que la clave está en saber cómo funciona la grasa, dónde se almacena y qué tan sano o dañado está el tejido adiposo.

Antonio Vidal Puig, Profesor de Nutrición Molecular y Metabolismo de la Universidad de Cambridge
Antonio Vidal Puig, Profesor de Nutrición Molecular y Metabolismo de la Universidad de CambridgeCortesía

El tejido adiposo no solo almacena grasa

El tejido adiposo suele asociarse con la acumulación de grasa corporal, pero su función es mucho más compleja. Este tejido actúa como un órgano capaz de almacenar lípidos (grasas) de forma segura. Cuando funciona bien, permite que la grasa permanezca en el lugar donde debe estar y evita que se acumule en órganos como el hígado, el músculo, el corazón o la pared vascular.

“La capacidad de expansión del tejido adiposo del individuo no es infinita. No quiere decir que todos puedan ser obesos. Hay un límite que llegas ahí y coincide con ponerte metabólicamente muy mal”, explicó el investigador.

Esta acumulación puede relacionarse con complicaciones como resistencia a la insulina, hígado graso, alteraciones en triglicéridos y mayor riesgo cardiometabólico. En otras palabras, el cuerpo puede seguir acumulando grasa, pero ya no necesariamente en un sitio seguro.

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Por eso, el problema no sería únicamente tener más grasa corporal, sino que el tejido encargado de almacenarla deje de funcionar como una especie de “contenedor seguro”. Cuando ese contenedor se satura o se daña, la grasa busca otros lugares para depositarse y ahí puede comenzar una cadena de complicaciones.

La fibrosis: cuando el tejido adiposo se vuelve rígido

Cuando los adipocitos, células encargadas de almacenar grasa, están rodeados por un tejido más rígido o fibroso, pierden parte de su capacidad para expandirse y liberar lípidos cuando el cuerpo necesita usarlos como energía.

“Cuanta más fibrosis tienes al tejido adiposo, el individuo es más resistente a la insulina”, señaló Vidal-Puig. Además, explicó que este fenómeno también puede influir en la pérdida de peso, pues “cuanta más fibrosis tienes al tejido adiposo, tu movilización de lípidos para perder peso va a ser más difícil”.

En otras palabras, algunas personas podrían tener más dificultad para bajar de peso no solo por sus hábitos, sino porque su propio tejido adiposo se volvió menos eficiente para movilizar la grasa acumulada.

Células de tejido adiposo
Células de tejido adiposoEspecial

No es solo bajar kilos, sino entender qué está fallando

El investigador recalcó que no todas las personas tienen el mismo problema metabólico, algunas pueden tener un tejido adiposo relativamente funcional; otras pueden presentar inflamación, fibrosis, hígado graso o dificultad para cambiar entre el uso de glucosa y grasa como fuente de energía.

A esto último se le conoce como flexibilidad metabólica. Un cuerpo metabólicamente flexible puede usar carbohidratos después de comer y grasa durante el ayuno o la noche. Pero cuando esa capacidad se pierde, el organismo puede volverse menos eficiente para responder a los cambios de alimentación, actividad física o descanso.

Para Vidal-Puig, estudiar estas diferencias puede ayudar a pasar de una visión centrada solo en el peso a una medicina metabólica más personalizada. Es decir, en lugar de tratar a todos los pacientes con obesidad de la misma manera, identificar qué mecanismo está fallando en cada caso.

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