¿Por qué darle un estimulante a alguien hiperactivo? La ciencia detrás del tratamiento para TDAH

La lisdexamfetamina es un estimulante utilizado para tratar el TDAH que puede mejorar la atención, el control de impulsos y la organización de tareas.

La lisdexamfetamina es un medicamento contra el TDAH
La lisdexamfetamina es un medicamento contra el TDAHEspecial

Parece una contradicción: si una persona con TDAH ya vive con inquietud, impulsividad o demasiados pensamientos al mismo tiempo, ¿por qué uno de los tratamientos disponibles es precisamente un estimulante?

La respuesta comienza por entender que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad no significa simplemente tener “mucha energía”. Para algunas personas, el problema se parece más a intentar escuchar una conversación en una habitación donde todos hablan al mismo tiempo: saben qué deberían hacer, pero les cuesta elegir una tarea, comenzar y mantener la atención hasta terminarla.

Esta dificultad puede hacerse menos evidente al llegar a la edad adulta. La hiperactividad visible suele disminuir y, en su lugar, aparecen olvidos, desorganización, decisiones impulsivas o proyectos que se acumulan sin concluir.

El psiquiatra Edilberto Peña de León explica en entrevista para Excélsior que una persona puede recibir una serie de instrucciones —primero hacer una cosa, después otra y finalmente llegar a una meta—, pero avanzar de manera errática entre los pasos. No necesariamente desconoce lo que debe hacer; el problema está en convertir esa intención en una acción ordenada.

El medicamento no busca “acelerar” más a la persona

Los estimulantes utilizados para tratar el TDAH actúan en sistemas cerebrales relacionados con neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, involucrados en la atención, la motivación y el control de los impulsos.

Esto no significa que el TDAH pueda explicarse únicamente como “falta de dopamina” o “carencia de noradrenalina”. Se trata de un trastorno más complejo. Sin embargo, modificar la actividad de estos neurotransmisores puede ayudar a que la persona filtre mejor las distracciones y dirija su atención hacia aquello que necesita hacer.

El TDAH puede seguir en etapas posteriores a la niñez
El TDAH puede seguir en etapas posteriores a la niñezImagen generada con IA

Adrián Alonso García de Alba Aceves comentó que el tratamiento puede ayudar a disminuir el “ruido de fondo”. En lugar de intentar atender veinte pendientes al mismo tiempo, la persona puede seleccionar uno y mantenerse en él durante más tiempo.

Por eso un estimulante no necesariamente vuelve más inquieta a una persona con TDAH. En algunos pacientes ocurre lo contrario: mejora la capacidad para frenar estímulos irrelevantes, controlar respuestas impulsivas y organizar los pasos necesarios para completar una actividad.

¿Qué es la lisdexamfetamina?

La lisdexamfetamina es uno de los medicamentos estimulantes utilizados para tratar el TDAH. Es un profármaco, lo que significa que necesita ser transformado por el organismo para convertirse en su forma activa.

Después de ser absorbida, se convierte principalmente en la sangre en dexanfetamina, la sustancia responsable de su efecto terapéutico. Su acción prolongada no se debe simplemente a que la cápsula se abra lentamente, sino al proceso gradual mediante el cual el cuerpo la transforma.

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En estudios clínicos, sus efectos se han observado hasta 13 horas después de la toma en niños y hasta 14 horas en adultos. Esto no significa que dure exactamente lo mismo en todas las personas: la respuesta depende de la dosis, el metabolismo, el horario y las características de cada paciente. El médico entrevistado explicó que esta duración puede cubrir buena parte de las actividades cotidianas.

¿Cómo sabe una persona que está funcionando?

No siempre existe un momento en el que el paciente sienta que el medicamento “se encendió”. El efecto puede percibirse poco a poco: comenzar una tarea sin postergarla durante horas, ordenar mejor los pendientes o terminar una actividad antes de saltar a la siguiente.

El especialista comparó el proceso con una curva que sube gradualmente. La persona continúa siendo la misma, pero encuentra menos obstáculos para hacer lo que ya tenía planeado.

Para saber si el tratamiento funciona, no basta con preguntar si el paciente “siente algo”. También se observan cambios en su desempeño escolar o laboral, su capacidad para organizarse, el control de los impulsos y el impacto de los síntomas en su vida diaria.