Los gobiernos firman, los parlamentos construyen

Opinión del experto Global

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Opinión del experto Internacional

Por Antonio López-Istúriz White*

La relación entre México y la Unión Europea (UE) se encuentra en su mayor apogeo de los últimos años. En un momento en el que las diferencias son las que parecen marcar la agenda internacional, es necesario recordar que europeos y mexicanos compartimos mucho: nos une una historia compartida, intensos vínculos humanos y culturales y una relación económica que no ha dejado de crecer. Sin duda, México es un socio estratégico fundamental para la UE en las Américas y la UE ofrece a México un mercado de más de 450 millones de consumidores, inversión, innovación, tecnología y una vía privilegiada para diversificar sus relaciones internacionales.

Ser socio estratégico quiere decir que compartimos valores e intereses, y que mantenemos un diálogo constante en todas las materias para acercar nuestras posturas y entendernos mejor cuando diferimos. Tras más de dos décadas de servicio público en el Parlamento Europeo puedo asegurarles que, en política internacional, como en la vida, las mejores relaciones no son aquellas en las que nunca existen diferencias, sino en las que existe suficiente confianza para hablar de ellas. Ése es, a mi juicio, el gran valor que tiene la relación entre México y la UE: todo lo que nos une, incluyendo nuestra determinación por dialogar con respeto y confianza sobre nuestras respectivas realidades. 

La modernización de nuestro Acuerdo Global debe permitirnos dar un salto aún mayor. Su importancia no reside únicamente en reducir aranceles o abrir mercados. En un mundo de crecientes tensiones geopolíticas, proteccionismo y dependencias convertidas en vulnerabilidades, elegir con quién construimos nuestras alianzas económicas es también una decisión política. Pero ser socio de la UE significa algo más.

Europa no es solamente un gran mercado. Es una comunidad política construida sobre principios. Por eso nuestras alianzas más profundas deben asentarse sobre la seguridad jurídica, el Estado de derecho, instituciones sólidas, independencia judicial, derechos humanos, libertad de expresión y pluralismo democrático. Si queremos ser socios estratégicos, debemos poder exigirnos mutuamente aquello que ambos afirmamos defender.

Los socios de Europa tienen mucho que ganar de esa relación. También Europa gana enormemente de sus socios. Precisamente por eso una verdadera alianza exige responsabilidad, reciprocidad y confianza. Aquí los parlamentos tenemos una responsabilidad particularmente importante, porque, aunque son los Ejecutivos quienes negocian y firman los acuerdos, los parlamentos convierten esos acuerdos en compromisos entre democracias.

Somos los representantes elegidos por los ciudadanos quienes aportamos legitimidad democrática, fiscalizamos su cumplimiento y, sobre todo, damos continuidad a las relaciones cuando cambian gobiernos, presidentes y mayorías políticas. Ésa es la verdadera fuerza de la diplomacia parlamentaria.

Por eso la Comisión Parlamentaria Mixta Unión Europea-México, que se reúne de nuevo estos días aquí de este lado del Atlántico y que tengo el honor de copresidir, no debe entenderse como un acompañamiento protocolario de la relación bilateral. Es un instrumento político de primer nivel. Un espacio permanente donde podemos impulsar acuerdos cuando coincidimos, plantear diferencias cuando existen y construir la confianza que permite que una relación sobreviva a las coyunturas políticas.

Nuestra agenda, además, va mucho más allá del comercio. Seguridad y lucha contra el crimen organizado, transición energética, digitalización, movilidad, fortalecimiento institucional y defensa del multilateralismo forman parte de un diálogo que debemos profundizar y es a lo que nos dedicaremos durante estos días de intensa agenda de reuniones con nuestros colegas parlamentarios de ambos lados del Atlántico.

Iremos con una convicción sencilla: México le importa a Europa y Europa le importa a México. Y precisamente porque esta relación importa, debemos ser ambiciosos con ella.

No necesitamos una relación complaciente, sino adulta: capaz de multiplicar nuestras oportunidades económicas, defender nuestros intereses comunes y hablar con claridad sobre los principios que compartimos. Porque los buenos socios comercian. Pero los aliados se dicen la verdad, se exigen mutuamente y construyen juntos algo capaz de perdurar.

*Miembro del Parlamento Europeo y copresidente de la Comisión Parlamentaria Mixta UE-México

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