¿Se pueden prevenir las alergias desde el nacimiento? La ciencia apunta a la microbiota temprana
La microbiota del primer mes de vida, dominada por bifidobacterias, podría influir en el riesgo de sensibilización alérgica, según estudios recientes.

Los primeros meses de vida no sólo son decisivos para el crecimiento de un bebé, también lo son para la forma en que su sistema inmunológico aprenderá a responder al entorno. En ese periodo, el intestino comienza a poblarse de microorganismos que cumplen funciones clave para la salud futura.
Investigaciones recientes han puesto el foco en las bifidobacterias, un grupo de bacterias benéficas que predominan en la microbiota infantil y que podrían desempeñar un papel importante en la reducción del riesgo de sensibilización alérgica.
Comprender cómo se forma esta microbiota temprana abre nuevas posibilidades para la prevención de alergias en la infancia.

Qué son las bifidobacterias y por qué dominan la microbiota del bebé
Las bifidobacterias son bacterias consideradas “benéficas” que suelen tener un papel central en el intestino durante los primeros meses de vida.
En muchos bebés —especialmente aquellos que reciben lactancia materna— este grupo bacteriano puede volverse dominante porque está especialmente adaptado para aprovechar ciertos componentes de la leche humana. Al hacerlo, contribuye a mantener un ambiente intestinal más estable y funcional.
Este protagonismo temprano no es casual. La leche materna contiene oligosacáridos que no alimentan directamente al bebé, sino a su microbiota, y las bifidobacterias están particularmente preparadas para utilizarlos.
Esto favorece un ecosistema intestinal que, además de participar en la digestión, interactúa de manera constante con el sistema inmunológico en desarrollo.
Un estudio reciente retomado por Bioengineer, basado en una investigación del RIKEN Center for Integrative Medical Sciences y publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology, aporta un dato clave: el tipo de microbiota presente al primer mes de vida fue el mejor predictor de la evolución de la IgE específica a alimentos —un marcador de sensibilización alérgica— a lo largo de la infancia.
En la misma línea, un comunicado oficial de RIKEN describe tres grandes “tipos” o enterotipos de microbiota en bebés al mes de edad. El hallazgo más relevante es que el enterotipo dominado por Bifidobacterium se asoció con una menor probabilidad de sensibilización, especialmente a la clara de huevo, y con una tendencia a presentar menos alergias más adelante.

Qué significa “sensibilización alérgica” y por qué no es lo mismo que tener alergia
En términos médicos, la sensibilización suele referirse a que el sistema inmunológico ya produjo anticuerpos IgE específicos frente a un alérgeno, como el huevo o la leche.
Esta respuesta puede detectarse mediante análisis de sangre o pruebas cutáneas, aunque la persona no presente síntomas. Por eso, en las guías clínicas se hace una distinción clara entre “sensibilización” y “alergia confirmada”.
La alergia alimentaria, en cambio, se diagnostica cuando existe una combinación de pruebas positivas y manifestaciones clínicas claras, como ronchas, vómitos, dificultad respiratoria o inflamación, y en algunos casos se confirma mediante pruebas de provocación realizadas bajo supervisión médica.
Por ello, cuando un estudio habla de un “menor riesgo de sensibilización”, no está prometiendo que no habrá alergias, sino que ciertos patrones tempranos de la microbiota podrían favorecer un sistema inmunológico menos reactivo, lo que reduce la probabilidad de que esa sensibilización evolucione hacia una alergia clínica.
Qué encontró la investigación reciente sobre bifidobacterias tempranas y riesgo alérgico
De acuerdo con el estudio: la microbiota del primer mes de vida puede funcionar como una especie de huella temprana relacionada con el riesgo posterior de sensibilización alérgica.
Bioengineer y con la información oficial de RIKEN, los investigadores siguieron a dos cohortes japonesas, con un total de 515 niños, y midieron la IgE específica frente a distintos alimentos —leche, cacahuate, clara de huevo y trigo— desde el primer año de vida hasta los siete años.
El hallazgo más sólido fue que la composición de la microbiota a un mes de edad se asoció mejor con los niveles de IgE observados a lo largo del tiempo, más que la microbiota medida en etapas posteriores.
En particular, el enterotipo “tipo 3”, dominado por Bifidobacterium, se relacionó con:
- Menor riesgo de sensibilización a clara de huevo, y
- Una tendencia similar hacia menos reacciones alérgicas posteriores a ese alimento.
Los propios autores son cuidadosos al interpretar estos resultados: no se trata de una “cura” ni de una solución simple, sino de una confirmación cada vez más sólida de que la ventana neonatal es crítica para el entrenamiento de la tolerancia inmunológica.

La “ventana temprana”: factores que moldean la microbiota
Uno de los puntos más relevantes del estudio es que no se limita a observar correlaciones, sino que también analiza qué factores influyen en que un bebé desarrolle una microbiota dominada por bifidobacterias.
RIKEN reporta que tanto el tipo de parto como la alimentación temprana, especialmente la lactancia, se relacionaron de forma clara con los perfiles de microbiota al mes de vida.
Bioengineer añade que el parto vaginal y una lactancia adecuada se asociaron con una mayor probabilidad de pertenecer al enterotipo dominado por Bifidobacterium.
Esta idea se refuerza con evidencia adicional. El estudio CORAL, publicado en la revista Allergy, analizó cómo la dieta y las exposiciones ambientales influyen en el desarrollo de la microbiota infantil y su relación con resultados alérgicos.
Por su parte, una investigación de seguimiento a largo plazo publicada en Microbiology Spectrum encontró asociaciones entre la microbiota temprana y enfermedades alérgicas como la rinitis en etapas posteriores.
Dicho de forma sencilla: el intestino del bebé se está poblando y su sistema inmune está aprendiendo. Lo que ocurra en esa etapa —alimentación, uso adecuado de antibióticos, tipo de parto y entorno— puede influir en cómo el organismo responde a ciertos alérgenos más adelante.
Qué puedes hacer desde casa y cuándo acudir al pediatra
Lo que sí tiene sentido
- Lactancia materna, cuando es posible, ya que suele favorecer una microbiota con mayor presencia de bifidobacterias, algo consistente con los hallazgos de RIKEN.
- Evitar la automedicación con antibióticos y utilizarlos sólo cuando el pediatra los indique, ya que pueden alterar la colonización intestinal temprana.
- Seguimiento pediátrico sí existen antecedentes familiares de alergias, dermatitis atópica o síntomas digestivos o respiratorios sospechosos.
Sobre los probióticos
El equipo de RIKEN plantea que intervenir con Bifidobacterium en la infancia podría ser útil, especialmente en bebés con alto riesgo alérgico. Sin embargo, esto debe entenderse como una línea de investigación en desarrollo, no como una recomendación universal para todos los bebés.

Cuándo consultar pronto
Mayo Clinic recomienda acudir al médico ante:
- Ronchas, vómitos o dificultad para respirar tras consumir ciertos alimentos.
- Empeoramiento importante del eczema.
- Reacciones repetidas o antecedentes familiares fuertes de alergia alimentaria.
La evidencia científica reciente sugiere que la composición de la microbiota durante el primer mes de vida puede influir en la manera en que el sistema inmunológico reacciona frente a ciertos alérgenos más adelante.
En particular, la presencia temprana de bifidobacterias se perfila como un factor asociado a un menor riesgo de sensibilización alérgica, sin que ello signifique una protección absoluta.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de cuidar la salud intestinal desde los primeros días de vida, a través de prácticas como la lactancia materna, el uso responsable de antibióticos y el acompañamiento pediátrico oportuno, como parte de una estrategia integral de prevención en salud infantil.
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