¿Sientes dolor al correr o caminar? Tus huesos podrían estar avisando de una fractura por estrés

Una fractura por estrés puede formarse sin un golpe fuerte y causar dolor persistente; detectarla a tiempo evita lesiones mayores en huesos y articulaciones.

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¿Fracturas por estrés? Quiénes corren mayor riesgo. Foto: Canva.

Un dolor persistente en el pie o la pierna sin haber sufrido una caída podría parecer inofensivo, pero en muchos casos es el primer aviso de una fractura por estrés, una lesión que se forma poco a poco por el esfuerzo repetitivo.

Aunque suele asociarse con atletas, también puede afectar a quienes cambian de rutina, usan calzado inadecuado o tienen una salud ósea más frágil de lo que creen.

¿Qué es una fractura por estrés y cómo se produce?

Las fracturas por estrés, también conocidas como fracturas por sobrecarga, son pequeñas fisuras que aparecen en el hueso debido a fuerzas repetitivas aplicadas sobre una misma zona durante un periodo prolongado. 

A diferencia de las fracturas comunes —que ocurren tras un golpe fuerte o una caída—, este tipo de lesión no necesita un impacto directo para desarrollarse.

De acuerdo con Mayo Clinic, este tipo de fracturas es común en los huesos que soportan el peso corporal, especialmente en la parte inferior de la pierna y el pie, como la tibia, el peroné, el metatarso y el calcáneo. 

Actividades como correr largas distancias, saltar repetidamente o realizar ejercicios de alto impacto sin la preparación adecuada son causas frecuentes.

Las fracturas por estrés también pueden presentarse en personas con osteoporosis u otras enfermedades que debilitan el tejido óseo, donde incluso una actividad cotidiana puede provocar una fisura.

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¿Fracturas por estrés? Quiénes corren mayor riesgo. Foto: Canva.

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Síntomas clave de las fracturas por estrés

Según el portal especializado FisioOnline, los síntomas suelen desarrollarse de forma gradual, lo que hace que muchas personas los confundan con una simple molestia muscular o una tendinitis.

El dolor es el síntoma más característico, al principio aparece solo durante la actividad física, pero con el tiempo se vuelve más constante e incluso puede presentarse en reposo. Su intensidad varía: puede ser un dolor punzante, profundo o persistente en un punto específico del hueso.

Otros signos comunes incluyen:

  • Hinchazón o enrojecimiento en la zona afectada.
  • Sensación de calor o sensibilidad al tacto.
  • Molestia al caminar o apoyar el peso corporal.

La estructura ósea y los tejidos cercanos pierden resistencia gradualmente, por lo que si la persona continúa con la misma rutina de ejercicio sin reposo, el daño se agrava y el tiempo de recuperación se alarga considerablemente.

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¿Fracturas por estrés? Quiénes corren mayor riesgo. Foto: Canva.

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¿Quiénes corren más riesgo de sufrir una fractura por estrés?

Las fracturas por estrés son frecuentes entre atletas de alto rendimiento, corredores, bailarines, y también entre soldados que cargan mochilas pesadas durante largos recorridos. 

Sin embargo, cualquier persona puede desarrollarla, sobre todo si aumenta de manera repentina la intensidad o duración del ejercicio sin una progresión adecuada.

Mayo Clinic y el portal MSD Manual señalan que los factores de riesgo más comunes son:

  • Fatiga muscular: los músculos cansados no absorben bien el impacto, lo que transfiere la fuerza directamente al hueso.
  • Incremento súbito del entrenamiento: pasar de una rutina ligera a una muy exigente sin adaptación progresiva.
  • Superficies irregulares o duras: alternar entre correr en cinta y hacerlo al aire libre genera impactos diferentes.
  • Calzado inadecuado: zapatos con poca amortiguación o desgaste excesivo aumentan la presión sobre los huesos.
  • Osteoporosis: disminuye la densidad ósea, volviendo los huesos más frágiles.
  • Deficiencia de calcio o vitamina D: reduce la capacidad del hueso para regenerarse tras el esfuerzo físico.

Diagnóstico y cuándo acudir al médico

Si presentas dolor persistente que empeora con la actividad física o no desaparece tras unos días de reposo, es importante acudir al médico. El especialista evaluará los síntomas, el historial médico y el tipo de actividad física que realiza el paciente.

La primera herramienta diagnóstica suele ser la radiografía, aunque no siempre detecta la fractura en las primeras semanas. Por ello, se pueden solicitar estudios más sensibles como:

  • Resonancia magnética (RM): permite detectar fisuras pequeñas y edema óseo.
  • Tomografía computarizada (TAC): útil para evaluar el grado de daño óseo.
  • Gammagrafía ósea: identifica zonas con actividad metabólica anormal, indicio de reparación ósea.

De acuerdo con la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS), la resonancia es la prueba más eficaz para confirmar el diagnóstico y descartar otras causas de dolor como lesiones musculares o tendinitis.

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¿Fracturas por estrés? Quiénes corren mayor riesgo. Foto: Canva.

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Tratamiento y prevención de las fracturas por estrés

El tratamiento busca reducir la carga de peso sobre el hueso afectado y permitir su recuperación natural. Según MSD Manual y Mayo Clinic, el reposo es la medida más importante.

En la mayoría de los casos se recomienda:

  • Uso de muletas o botas ortopédicas para evitar la presión sobre la zona lesionada.
  • Inmovilización parcial mediante un yeso o zapato de suela rígida durante 6 a 12 semanas.
  • Evitar actividades de impacto hasta que el médico confirme la curación completa mediante una radiografía o resonancia.
  • Suplementos de calcio y vitamina D, si existe deficiencia documentada.

En casos graves o cuando hay riesgo de fractura completa, puede requerirse cirugía para estabilizar el hueso con tornillos o placas.

Prevención

La prevención incluye hábitos que fortalecen el sistema óseo y reducen la carga repetitiva:

  • Incrementar la intensidad del ejercicio de forma gradual.
  • Alternar actividades de bajo impacto (natación, bicicleta).
  • Mantener una dieta rica en calcio y vitamina D.
  • Usar calzado deportivo adecuado.
  • Descansar cuando el cuerpo lo pida: el dolor es una señal de alarma.

La OMS enfatiza que la actividad física debe combinarse con una alimentación equilibrada para mantener la salud ósea, especialmente en mujeres jóvenes y adultos mayores.

Las fracturas por estrés son una lesión silenciosa, pero frecuente, especialmente entre personas activas. Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos de descanso y buscar atención médica ante el dolor persistente puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y una lesión crónica.

Prevenir es tan importante como tratar: cuidar la salud ósea no solo evita fracturas, sino que garantiza una vida más activa y saludable a largo plazo.