"Familias mantienen ocultos a sus seres queridos"; así es el estigma del Alzheimer en México
El estigma y la vergüenza hacen que muchas familias en México oculten a sus seres queridos con demencia, retrasando el diagnóstico y complicando la atención

En México, el Alzheimer no solo se diagnostica tarde; también se oculta. La enfermedad, que afecta al 7.9% de los adultos mayores de 60 años y es más frecuente en mujeres y en zonas rurales, sigue marcada por el estigma y la vergüenza social. Esa percepción lleva a que muchas familias decidan callar, aislando a sus propios integrantes.
“Las familias mantienen ocultos a sus seres queridos porque no quieren que otros sepan que tienen demencia”, explica Marco A. Murillo, presidente de Alzheimer México para Lilly México.
La frase refleja un problema poco visible: la enfermedad se esconde en los hogares antes de llegar al sistema de salud, lo que impide un diagnóstico temprano y agrava la carga emocional y económica de los cuidadores.
El diagnóstico que nunca llega
Los informes más recientes advierten que hasta 9 de cada 10 casos de Alzheimer en México no se detectan. Una persona puede tardar entre tres y diez años en recibir un diagnóstico formal desde los primeros síntomas, como pérdida de memoria o desorientación.
Te podría interesar leer: Prueba de ondas cerebrales de 3 minutos detecta Alzheimer antes de los síntomas
El retraso se debe a varios factores: la escasez de especialistas, la limitada infraestructura para pruebas diagnósticas y la percepción cultural de que “el olvido es parte natural del envejecimiento”.
Sonia Leonor Sánchez Mendoza, geriatra e integrante del Global Brain Health Institute, advierte que este error común “puede evitar que las personas busquen consejo médico” y, en algunos casos, incluso los profesionales refuerzan esa creencia.

El estigma como barrera
El miedo y la vergüenza no solo afectan la decisión de buscar ayuda, sino que también condicionan el trato dentro de las comunidades.
“Muchas personas no quieren reconocer que posiblemente tienen Alzheimer”, apunta Murillo.
El resultado es un círculo vicioso: el silencio retrasa el diagnóstico, y la falta de diagnóstico refuerza la invisibilidad de la enfermedad.
Los expertos coinciden en que esta actitud social tiene consecuencias graves. Por un lado, limita la posibilidad de intervenciones tempranas que podrían mejorar la calidad de vida de los pacientes. Por otro, incrementa el desgaste de los cuidadores, que suelen enfrentar la carga en soledad.
Mujeres: las cuidadoras invisibles
El peso del Alzheimer recae, principalmente, en las mujeres. En México, el trabajo de cuidado no remunerado equivale al 17.6% del PIB nacional, una cifra mayor que el promedio de los países de la OCDE.
A falta de programas de apoyo, son ellas quienes dejan sus empleos, descuidan su salud y enfrentan un fuerte desgaste emocional para atender a familiares con demencia.
Sergio Iván Valdés Ferrer, de la Secretaría de Salud, resume la situación: “En México, la mayor parte del cuidado de las personas con demencia recae en las mujeres, quienes lo realizan sin recibir remuneración, sin capacitación adecuada y enfrentando un profundo desgaste emocional”

Una enfermedad oculta en cifras
La invisibilidad del Alzheimer no es solo social: también es institucional. En México no existe un registro nacional de pacientes diagnosticados, lo que dificulta medir el tamaño real del problema.
La falta de datos limita la planeación de servicios, la asignación de recursos y la implementación de políticas públicas.
A ello se suma la ausencia de campañas nacionales de concientización, que permitan distinguir entre el envejecimiento normal y los primeros síntomas de la enfermedad.
Para los expertos, el contraste es evidente: así como existen campañas visibles contra el cáncer de mama, debería haber estrategias similares para el Alzheimer
El costo de la invisibilidad
La población mexicana mayor de 60 años alcanzará los 35 millones en 2050. Si la enfermedad sigue oculta en los hogares y fuera de las estadísticas oficiales, los especialistas advierten que el país enfrentará una crisis sanitaria silenciosa.
El reto es romper el silencio: hacer que el Alzheimer deje de ser un secreto de familia y se convierta en un tema de salud pública. Como afirma la geriatra Sara Aguilar Navarro, “el Plan Nacional sigue siendo una discusión teórica entre expertos. Cuando se trata de ejecución, no pasa nada”
La enfermedad no solo deteriora la memoria de quienes la padecen; también erosiona el tejido social y económico cuando se enfrenta en la sombra. En México, el Alzheimer no solo se olvida: también se esconde.
bgpa
EL EDITOR RECOMIENDA



