¿Tus articulaciones se doblan mucho? Las señales que merecen una revisión
La hipermovilidad puede acompañarse de dolor y lesiones recurrentes que afectan la vida diaria y requieren una valoración más allá de la flexibilidad

En el consultorio hay pacientes que se describen como muy sanos, pero la conversación cambia cuando la especialista empieza a preguntarles cómo comen, cómo duermen y qué necesitan hacer para sentirse cómodos. Entonces aparecen alimentos que evitan, molestias que interrumpen el descanso y varias almohadas acomodadas para no despertar con dolor.
Son situaciones que la doctora Paola Abad, algóloga pediatra, encuentra al explorar la historia de sus pacientes: adaptaciones que se han vuelto tan habituales que ya no siempre se mencionan como un problema.
En algunos casos, otra pista aparece al revisar sus articulaciones: se mueven más allá del rango habitual. Esa característica se llama hipermovilidad articular y, por sí sola, no significa que exista una enfermedad. Muchas personas son muy flexibles sin experimentar molestias. La atención cambia cuando esa movilidad se acompaña de dolor persistente, lesiones recurrentes o dificultades para realizar actividades cotidianas.
Identificar qué ocurre puede tomar años. Mientras tanto, algunos pacientes aprenden a vivir con molestias que todavía no tienen una explicación conjunta.
Cuando la flexibilidad viene acompañada de dolor
Un esguince puede parecer un episodio aislado. Si las lesiones se repiten, las articulaciones se salen de su lugar o el dolor limita las actividades, vale la pena investigar qué está pasando.
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, NHS, incluye entre los motivos de sospecha el dolor y la rigidez recurrentes, los esguinces frecuentes, las luxaciones y el cansancio que persiste incluso después de descansar. Estas manifestaciones requieren valoración; no constituyen por sí solas un diagnóstico.
Paola Abad, pediatra con alta especialidad en algología pediátrica —el área dedicada al manejo del dolor en niños—, explica que parte de la investigación consiste en observar el tejido conectivo.
“El tejido conectivo es aquel que nos da sostén, que nos da estructura”, señala en entrevista.
Este tejido está presente en distintas partes del organismo. En las articulaciones, estructuras como los ligamentos contribuyen a mantener unidos y estables los huesos. Cuando ese soporte presenta alteraciones, puede haber una movilidad excesiva acompañada de inestabilidad y lesiones.
Abad subraya que las manifestaciones dependen del tipo de alteración. No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Por eso, la evaluación necesita ir más allá de comprobar cuánto puede doblarse una articulación.
Los síntomas que llegan a distintos consultorios
En su práctica, la especialista recibe pacientes que ya pasaron por gastroenterología, ortopedia, alergología y otras áreas. Algunos llegan con varios diagnósticos y tratamientos, pero con dudas sobre si existe alguna relación entre ellos.
“No es que el resto de los médicos no lo haga bien o no llegue al diagnóstico, sino que les toca resolver cierta parte del rompecabezas”, explica.
La dificultad aparece cuando nadie reúne esas piezas. Abad describe que, en determinados pacientes, además del dolor y la hipermovilidad, encuentra mareos, fatiga o problemas gastrointestinales que necesitan investigarse.
Estas molestias también pueden tener otras causas. Su presencia no permite concluir que alguien tiene un trastorno del tejido conectivo, pero sí puede aportar información a una evaluación que considere el conjunto de los síntomas.
“Normalmente van presentando cosa por cosa. No siempre se presenta todo junto”, señala la médica.
Así, una persona puede acudir primero por molestias digestivas y después por una lesión. La relación entre ambos problemas, cuando existe, no siempre resulta evidente desde la primera consulta.
Una espera que puede medirse en décadas
La magnitud del problema no se limita a la flexibilidad. También está en el tiempo que algunas personas pasan buscando respuestas y en las actividades que se ven afectadas durante ese recorrido.
Una investigación de la Universidad de Edimburgo, publicada en Disability and Rehabilitation, analizó 2 mil 2 respuestas de una encuesta a personas con síndrome de Ehlers-Danlos hipermóvil y trastornos del espectro de hipermovilidad en Reino Unido. Encontró retrasos medios de diagnóstico de entre 19 y 21.7 años, según la región.
Entre quienes respondieron, 83.9% reportó dolor crónico y 55.9% señaló afectaciones en su educación. Fue una encuesta en línea difundida mediante una organización de pacientes: sus resultados describen a esa muestra y no permiten calcular cuántas personas tienen estos trastornos en México. Sin embargo, muestran cuánto pueden interferir en la vida de quienes los experimentan.
Abad reconoce otro obstáculo en su experiencia clínica: la minimización de las molestias, particularmente en mujeres. Explica que atribuirlas a factores emocionales sin investigar suficientemente puede aumentar el desgaste de quienes buscan atención.
“Los pacientes son quienes son dueños de sus síntomas y les tenemos que creer”, afirma.
¿Hipermovilidad y Ehlers-Danlos son lo mismo?
No. La hipermovilidad describe un rango de movimiento articular mayor al habitual. Los trastornos del espectro de hipermovilidad se diagnostican cuando esa característica produce problemas y otras condiciones no explican los hallazgos.
Los síndromes de Ehlers-Danlos, por su parte, son un grupo de trastornos hereditarios del tejido conectivo con criterios diagnósticos específicos. Tener articulaciones flexibles no basta para identificarlos.
La doctora explica que durante la consulta se revisan la movilidad, la piel, las cicatrices, las lesiones previas y los antecedentes familiares, entre otros aspectos. Una herramienta es la escala de Beighton, que evalúa determinados movimientos articulares; su resultado forma parte de la exploración y no sustituye una valoración completa.
También importa distinguir los subtipos. Para el Ehlers-Danlos hipermóvil no existe actualmente una prueba genética diagnóstica: su identificación es clínica. Los estudios genéticos pueden indicarse cuando hay sospecha de otro tipo de Ehlers-Danlos o de otra condición hereditaria.
¿Qué cambia cuando se identifica el problema?
El objetivo de la atención es reducir las molestias, proteger las articulaciones y facilitar las actividades diarias. El NHS señala que la fisioterapia puede ayudar a mejorar la fuerza muscular, la postura y el equilibrio, además de disminuir el dolor y el riesgo de luxaciones. También recomienda evitar llevar deliberadamente las articulaciones más allá de su rango habitual solo porque sea posible hacerlo.
En la consulta de Abad, las adaptaciones se aterrizan en preguntas concretas: qué hacer si un paciente se marea en la escuela, cómo actuar cuando está fuera de casa o qué ajustes necesita para realizar sus actividades.
“Cambia hasta la forma en la que nos levantamos de la cama”, explica.
Para quien ha pasado tiempo acomodando almohadas, evitando movimientos o buscando atención por lesiones repetidas, encontrar una explicación puede ayudar a recibir un manejo más adecuado. La flexibilidad deja de ser un dato aislado y se interpreta junto con lo que esa persona siente y necesita.
“Diagnóstico correcto nos lleva a tratamientos correctos, adaptaciones correctas”, resume Abad.
bgpa