¿Puede aparecer cáncer entre una mastografía y otra? Oncóloga lo aclara

¿Notaste un bulto en el seno pero tu mastografía salió bien? Una especialista explica qué hacer y por qué nunca debes ignorar este cambio

La mastografía no sirve para prevenir el cáncer sino para detectarlo a tiempo
La mastografía no sirve para prevenir el cáncer sino para detectarlo a tiempoCanva

La mastografía salió sin hallazgos sospechosos. Guardaste el resultado y, con él, la tranquilidad de haber cumplido con tu revisión. Pero semanas o meses después, al bañarte o cambiarte de ropa, notas una bolita en el pecho. Entonces aparece una duda: si el estudio salió bien, ¿puede ser algo importante?

Un bulto nuevo necesita valoración médica, aunque la mastografía anterior haya sido normal. Eso no significa que necesariamente sea cáncer: la mayoría de las bolitas en la mama son benignas. Significa que hay un cambio que debe estudiarse, sin esperar a la siguiente revisión de rutina.

La ginecooncóloga María Eugenia Salinas Nieves explica en entrevista que parte de la confusión está en lo que esperamos de este estudio. Hacérselo periódicamente ayuda a encontrar la enfermedad de forma temprana, pero no impide que aparezca después.

“La mastografía nos ayuda a hacer una detección temprana, no es para evitar el cáncer”, señala en entrevista.

La diferencia importa: un resultado normal aporta información sobre lo que se observó en ese momento. No permite asegurar que cualquier cambio posterior sea inofensivo.

¿Puede aparecer cáncer entre una mastografía y otra?

Sí, pues una mujer puede acumular varios estudios normales y, en una revisión posterior, recibir un diagnóstico de cáncer de mama. Los resultados anteriores no anulan la posibilidad de que la enfermedad se desarrolle.

También hay lesiones que pueden pasar inadvertidas. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que el tejido mamario denso dificulta identificar algunos tumores: tanto ese tejido como las lesiones pueden verse blancos en la imagen, lo que complica distinguirlos. En otros casos, un cáncer puede hacerse evidente meses después de un estudio que no mostraba alteraciones.

Esto no vuelve inútil a la mastografía. Ayuda a entender sus límites y por qué una bolita nueva merece atención, incluso cuando todavía falta tiempo para el siguiente estudio.

Que no duela no significa que pueda ignorarse

Al encontrar un bulto, es común tocarlo varias veces, comprobar si molesta y observar si crece. Si no duele, puede parecer razonable dejarlo pasar. La especialista advierte que esa interpretación puede retrasar la consulta.

“El cáncer habitualmente no duele”, explica.

La ausencia de dolor, por sí sola, no permite saber qué está ocurriendo. Tampoco basta con que alguien diga que probablemente se trata de una “bolita de grasa” sin haber completado la evaluación.

“No hay manera de que ninguno de nosotros médicos sepa de qué se trata si no tenemos un estudio de imagen, ni siquiera los oncólogos”, señala Salinas Nieves.

Además de los bultos, la médica recomienda prestar atención a cambios en la piel, hundimientos o retracción del pezón. Conocer cómo se ven y se sienten las mamas permite reconocer algo distinto y comentarlo en consulta; no sustituye los estudios ni la revisión médica.

Encontrar una bolita cambia el motivo de la consulta

Hay una diferencia que puede perderse entre campañas, citas y solicitudes de estudios: no es lo mismo acudir a una revisión sin síntomas que buscar la causa de un bulto.

La mastografía de tamizaje se utiliza para buscar alteraciones en mujeres que no presentan señales de enfermedad. La diagnóstica se solicita para investigar un hallazgo o un síntoma.

“Estas mastografías se hacen o se solicitan cuando tenemos la sospecha o tenemos la presencia de un nódulo mamario y necesitamos saber de qué se trata ese nódulo mamario”, explica la especialista.

Por eso, al pedir atención conviene decir expresamente que apareció una bolita y cuándo se notó. No se trata únicamente de adelantar el chequeo habitual: hay un cambio concreto que necesita una explicación.

La evaluación puede incluir exploración física, mastografía diagnóstica y ultrasonido, según la edad y los hallazgos. En menores de 30 años, el ultrasonido suele ser el estudio inicial apropiado. Ser joven tampoco es motivo para dejar un bulto sin estudiar.

¿Y si los estudios vuelven a salir normales?

El siguiente paso depende de que los resultados expliquen lo que se siente al tocar la mama. Si el bulto persiste o resulta sospechoso durante la exploración, la evaluación debe continuar.

Los criterios del Colegio Estadounidense de Radiología advierten que algunas masas pueden requerir una biopsia aun cuando la mastografía o el ultrasonido no muestren alteraciones. Esto no significa que todas las bolitas necesiten ese procedimiento; significa que una imagen normal no siempre resuelve por sí sola la duda.

En el reporte también puede aparecer el término BI-RADS, una clasificación que orienta los siguientes pasos. Salinas Nieves explica que un resultado 0 es incompleto y requiere estudios adicionales; el 3 suele indicar un hallazgo probablemente benigno que necesita seguimiento. Las categorías 4 y 5 requieren valoración especializada y estudio mediante biopsia para aclarar el diagnóstico.

Son indicaciones para continuar la atención, no números que deban interpretarse sin contexto ni confundirse con las etapas del cáncer.

La especialista reconoce que llegar a esa evaluación puede ser difícil. En su experiencia, algunas pacientes alcanzan los servicios especializados por su propia insistencia:

“Llegan más que nada por la insistencia de ellas mismas directo al servicio de oncología y no por referencia de los médicos”.

Ante una bolita nueva, la pregunta que debe quedar respondida es qué la está causando y cuál será el siguiente paso para saberlo. Haber cumplido con la mastografía sigue siendo valioso. Atender un cambio posterior también forma parte del cuidado.

bgpa