El martes tres de noviembre serán las elecciones intermedias en Estados Unidos. El panorama político se ha complicado para el presidente Trump. Exactamente dentro de dos semanas, los estadunidenses renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 lugares del Senado y 36 gubernaturas.
La disputa fundamental es por el control del Congreso durante los últimos dos años del mandato presidencial de Trump.
Los republicanos controlan actualmente ambas cámaras. Si pierden una, la Casa Blanca tendrá mayores dificultades para aprobar leyes y presupuestos. Si pierden las dos, Trump enfrentará un Congreso con más facultades para investigar a su administración, citar funcionarios y cuestionar sus decisiones.
No se trata de una elección presidencial, pero sus consecuencias políticas serán enormes.
¿Cómo va la competencia?
Comencemos por la Cámara de Representantes. Los republicanos llegan a esta elección con una mayoría muy estrecha. Los demócratas necesitan una ganancia neta de apenas tres escaños para alcanzar la mayoría, considerando la composición de la Cámara al inicio de la campaña. El ambiente nacional se ha deteriorado para el partido gobernante.
El 9 de octubre, el Cook Political Report, una publicación independiente especializada en elecciones, modificó su evaluación de dieciocho distritos. Todos los cambios favorecieron a los demócratas. Cuatro legisladores republicanos pasaron de contiendas sin favorito claro a distritos inclinados hacia sus adversarios; otros cuatro distritos antes inclinados hacia los republicanos se volvieron auténticas competencias abiertas. El mapa incluye incluso lugares que Trump ganó con holgura en 2024.
La inconformidad tiene un componente económico. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada este 19 de octubre encontró que la aprobación presidencial es de apenas 31 por ciento. Entre los votantes registrados, 47% manifestó preferencia por candidatos demócratas al Congreso y 35% por republicanos. Es una medición nacional, no un pronóstico automático del reparto de escaños: cada distrito tiene sus candidatos, límites territoriales y dinámica propia.
La inflación percibida, los precios de los combustibles y el costo de la vida están pesando sobre la evaluación de la Presidencia. También influye la guerra con Irán, que ha generado controversia sobre sus costos y objetivos. La oposición está intentando convertir la elección en un referéndum sobre Trump; los republicanos procuran que se juzgue a los candidatos locales y advierten sobre las consecuencias de entregar el Congreso a sus adversarios.
El Senado es una historia distinta. Los republicanos parten de 53 escaños frente a 47 del bloque demócrata, incluidos dos independientes. Para conseguir una mayoría de 51, los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos. El mapa electoral dificulta esa tarea porque deben defender sus propios asientos y conquistar territorios donde Trump obtuvo victorias importantes.
Sin embargo, estados como Maine, Ohio, Iowa, Alaska y Texas concentran una atención que hace meses parecía improbable. Kansas también se ha incorporado a la conversación electoral. En Maine, la senadora republicana Susan Collins enfrenta una contienda exigente; en Texas, la competencia pone a prueba la fortaleza republicana en un estado que el partido ha dominado durante décadas. Cada resultado dependerá de la participación y de márgenes estatales, no del promedio nacional.
El modelo de Decision Desk HQ, actualizado el 19 de octubre, asigna 56% de probabilidad a que los demócratas controlen el Senado y 44% a que lo hagan los republicanos. Son probabilidades estimadas, no resultados ni garantías.
Por su parte, el Cook Political Report describe una competencia extraordinariamente cerrada, con rutas posibles para ambos partidos.
¿Qué significa todo esto para México?
Un Congreso menos alineado con Trump podría modificar la negociación presupuestaria, la supervisión de la política comercial y la discusión sobre el T-MEC. También aumentaría el escrutinio legislativo de la cooperación en seguridad, migración y combate al crimen organizado. Pero tampoco conviene idealizar a los demócratas: en Washington existen consensos bipartidistas sobre presionar a México en varios de estos asuntos.
Quince días son poco tiempo, aunque suficientes para que una noticia, un debate o una movilización electoral cambien contiendas estrechas. Lo que está en juego no es solamente la distribución de escaños: es la capacidad de Trump para gobernar con aliados legislativos o enfrentar contrapesos más fuertes. El 3 de noviembre conoceremos la decisión de los votantes. Sus efectos llegarán inevitablemente hasta México.
X: @leozuckermann
