Francia se puede volver matástasis

La recurrencia de intensos disturbios violentos en Francia y las respuestas ofrecidas por el Palacio del Elíseo vuelven a poner de relieve un patrón estructural en la gestión de Emmanuel Macron: una notable distancia entre la cúpula técnica del poder y las demandas sociales de la calle.

El detonante de las protestas —asociado al incremento en el costo de vida y a la precariedad de diversos sectores de la sociedad— ha derivado rápidamente en violencia, saqueos y enfrentamientos directos entre grupos radicalizados y las fuerzas del orden. Si bien es innegable que la violencia armada o destructiva exige una respuesta firme y punitiva en defensa del Estado de derecho, la estrategia gubernamental ha tendido históricamente a encasillar la protesta bajo una óptica casi exclusivamente de orden público, minimizando inicialmente el trasfondo de descontento social.

La gestión del conflicto por parte de Macron padece de tres sesgos principales. La vertiente reactiva y tardía: las convocatorias al diálogo y las propuestas de mesas de negociación suelen llegar cuando la violencia ya se ha instalado en la agenda pública, perdiendo eficacia legitimadora. El estilo vertical de gobernanza: la imagen de una presidencia jerárquica y con escasa permeabilidad a la intermediación sindical y legislativa desgasta el margen de maniobra del Ejecutivo frente a crisis prolongadas. Y el mantenimiento del choque normativo: apelar únicamente al castigo de los vándalos y a la condena sin matices de la oposición política deja fuera de la ecuación las soluciones macroeconómicas inmediatas que mitiguen el malestar ciudadano.

Sin un equilibrio real entre la firmeza institucional para sofocar el desorden y una apertura genuina para abordar la pérdida de poder adquisitivo, la respuesta gubernamental corre el riesgo de prolongar una espiral de polarización social difícil de contener en el terreno democrático.

Italia, España, Atenas y los que se vayan sumando nos muestran que lo de Francia podría convertirse en metástasis mundial… Hay descontento en casi todo el orbe. Cuidado.

Salvador Fernández D.

Ciudad de México