Europa: la factura oculta de Ormuz

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

En Lyon, el sábado, un grupo de manifestantes derribó la estatua de Paul Bocuse. Nadie en Francia tiene pleito con el chef que inspiró Ratatouille. La escultura estaba ahí y la rabia necesitaba algo que tirar. Esa escena dice más que muchas encuestas sobre lo que pasa hoy en Europa: el enojo ya no tiene un destinatario preciso. Lo de Francia empezó chiquito. El 18 de septiembre, alumnos de liceos de Créteil bloquearon sus escuelas por salones saturados y falta de maestros. Tres semanas después, el movimiento acumulaba más de 6,500 detenidos, casi todos menores de edad, y un muchacho de 15 años había perdido una mano por una granada aturdidora de la policía. El 17 de octubre llegó la convocatoria de los chalecos amarillos contra el precio del combustible y las dos corrientes se juntaron. El Ministerio del Interior contó 550 mil personas en las calles; el primer ministro, Sébastien Lecornu, reportó 1,200 arrestos y 150 policías heridos. Macron prometió que quienes destruyeron van a pagar, además de los toques de queda.

El combustible no es un detalle. Desde septiembre, una de cada diez gasolineras francesas reportaba escasez, y Lecornu tuvo que extender hasta fin de año los subsidios a agricultores, pescadores y constructores. Europa está pagando en la bomba la guerra de Irán y la crisis del estrecho de Ormuz, un costo que sus gobiernos no decidieron, pero que les toca administrar con presupuestos ya prometidos al rearme.

Italia mira a Francia y la copia casi al pie de la letra. El 16 de octubre, miles de estudiantes marcharon en Milán, Roma y Turín contra el tope de alumnos extranjeros por salón que trae el último decreto escolar de Giorgia Meloni, contra las rentas y contra los recortes educativos. España tiene su propio detonante: la vivienda. El 2 de octubre el Congreso tumbó los dos decretos del gobierno de Pedro Sánchez. Al día siguiente hubo marchas en más de 50 ciudades. No son los únicos. Gases y cañones de agua en Bruselas y Lieja, donde el ministro del Interior, Bernard Quintin, habló ya de violencia pura. Casas de campaña en la plaza del Rossio de Lisboa. Estudiantes en Atenas, Tirana y Dublín. Nadie coordina esto desde un cuartel; son agravios parecidos que coincidieron en el calendario.

¿Qué sigue? Veo un invierno largo de estallidos intermitentes, lejos de cualquier cosa parecida a una revolución. Conviene anotar fechas. El 27 de octubre el gobierno italiano sienta a los transportistas en el Ministerio de Transportes; el 30 vuelve la huelga general. En Francia, cada fin de semana será examen para un gobierno que necesita aprobar el presupuesto de 2027 a meses de la elección presidencial.

Los gobiernos harán lo de siempre, comprar tiempo con subsidios, y eso sale caro justo cuando Bruselas pide gastar más en defensa. Encima, sin líderes visibles ni pliego petitorio, no hay con quién firmar un acuerdo. Hace apenas un año, Bloquons tout ayudó a tumbar al gobierno de François Bayrou sin haberse puesto de acuerdo en un programa. El riesgo de fondo está en las urnas. Las calles hoy las llenan jóvenes, inquilinos y transportistas con demandas que suenan a izquierda, pero el desgaste de quien gobierna casi siempre lo cobra la derecha radical que promete orden. Si Ormuz no se normaliza y la energía sigue cara, la Francia que vote en la primavera de 2027 puede ser muy distinta de la que conocemos.

Para México, donde la gasolina también se sostiene con estímulos fiscales y una generación entera tampoco puede pagar renta, lo de Europa vale como aviso. Las protestas que hoy vemos en París y Milán no empezaron con medio millón de personas. Empezaron con unos estudiantes de Créteil que se quejaban de sus salones.

ADDENDUM

Ernesto Gándara Camou integró a Alejandro López Caballero, exprecandidato señalado por desvíos millonarios durante la gestión de Guillermo Padrés, al equipo de Movimiento Ciudadano en Sonora. Gracias a la gestión de Gándara, López Caballero se reunió en la Ciudad de México con Dante Delgado y Luis Donaldo Colosio Riojas para buscar su validación, a pesar de que el propio Colosio había cuestionado previamente su historial. Con este encuentro, el aspirante quedó respaldado para buscar nuevamente la alcaldía de Hermosillo, evidenciando los acuerdos políticos entre estos personajes.