Chilaquiles en salsa de chile pasilla para un almuerzo bien mexicano
Sorprende a tu paladar con una versión sofisticada del desayuno mexicano: chilaquiles en salsa pasilla.

Disfruta de unos chilaquiles en salsa de chile pasilla para un almuerzo bien mexicano, ¡es una receta que no tiene nada de difícil! Por el contrario, solo tienes que seguir el paso paso para convertirte en experto.
El almuerzo en la cultura mexicana no es simplemente la primera comida fuerte del día; es un momento para recargar energías y una manifestación de herencia culinaria que se transmite de generación en generación.
Dentro de este vasto repertorio de platillos matutinos, los chilaquiles ocupan un trono indiscutible. Mientras que las versiones bañadas en salsas rojas o verdes dominan los menús cotidianos, existe una variante que eleva la experiencia a una dimensión completamente distinta: los chilaquiles en salsa pasilla.
El chile pasilla, llamado así por su apariencia oscura y arrugada que recuerda a una uva pasa al deshidratarse, aporta un perfil de sabor complejo. A diferencia del picor directo y punzante de otros chiles, la pasilla dota a la salsa de notas ahumadas y un dulzor mineral imperceptible pero balanceado, convirtiendo al almuerzo en una experiencia gourmet.
Prepara este plato de chilaquiles en salsa de chile pasilla; la magia ocurre cuando los ingredientes se combinan en una salsa bien sazonada e irresistible para todos en casa.

Receta de chilaquiles en salsa de chile pasilla
Ingredientes:
- 16 a 20 tortillas de maíz de consistencia firme (preferiblemente de uno o dos días antes)
- Aceite vegetal
- Sal fina al gusto
- 1 taza de crema ácida
- 150 gramos de queso fresco espolvoreado, queso cotija o queso panela rallado
- 1/2 cebolla morada o blanca, cortada en aros delgados
- Hojas de cilantro fresco limpias
- Acompañamientos opcionales: Huevos fritos al gusto, pechuga de pollo deshebrada o frijoles refritos como guarnición
- Para la salsa pasilla:
- 5 chiles pasilla grandes, limpios, sin tallos ni semillas
- 2 jitomates maduros o 4 tomates verdes
- 1/4 de cebolla blanca
- 2 dientes de ajo medianos
- 2 tazas de caldo de pollo casero (o agua)
- 1 cucharada de manteca de cerdo (o aceite vegetal)
- 1 ramita de epazote fresco
- Sal y pimienta negra recién molida al gusto
Preparación:
- Corta las tortillas en triángulos simétricos.
- Calienta abundante aceite en una sartén profunda a fuego medio-alto e introduce los triángulos de tortilla en tandas pequeñas para evitar que baje la temperatura del aceite.
- Fríelos hasta que adquieran un color dorado uniforme y una textura completamente crujiente. Retíralos y colócalos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa; espolvoréales un toque de sal mientras estén calientes.
- En un comal o sartén caliente a fuego medio, tuesta los chiles pasilla durante aproximadamente 10 a 15 segundos por lado. Ten precaución: si se queman u oscurecen de más, amargarán la salsa.
- En una olla pequeña con agua hirviendo, coloca los chiles pasilla previamente tostados junto con los jitomates (o tomates), los dientes de ajo y el trozo de cebolla.
- Cocina a fuego medio durante unos 8 a 10 minutos, o hasta que la piel de los tomates comience a desprenderse y los chiles se noten completamente suaves y flexibles al tacto. Apaga el fuego y deja reposar cinco minutos.
- Transfiere los chiles hidratados, los tomates, el ajo y la cebolla al vaso de la licuadora; agrega una taza del caldo de pollo caliente o una porción del agua de la cocción de los chiles.
- Licúa a máxima potencia durante un mínimo de dos minutos hasta conseguir una textura fina, homogénea y tersa. Si buscas una salsa impecable, pasa la mezcla por un colador de malla fina para retirar cualquier residuo del chile pasilla.
- En una cazuela, calienta la manteca de cerdo o el aceite a fuego medio.
- Vierte la salsa y fríe removiendo constantemente durante unos 3 a 5 minutos hasta que cambie a un tono más oscuro y brillante.
- Incorpora el resto del caldo de pollo y la ramita de epazote. Reduce el fuego a bajo, sazona con sal y pimienta al gusto, y permite que hierva a fuego lento durante 10 minutos para que espese ligeramente y concentre todos sus aromas.
- Si prefieres chilaquiles suaves, añade los totopos directamente a la cazuela con la salsa hirviendo, apaga el fuego, mezcla delicadamente y tapa por dos minutos antes de servir.
- Si perteneces al bando que adora los chilaquiles crujientes, coloca una porción generosa de totopos secos directamente en el plato y báñalos abundantemente con la salsa pasilla hirviendo justo antes de llevar a la mesa.
- Corona inmediatamente con hilos de crema ácida, el queso desmenuzado, los aros de cebolla y las hojas de cilantro. Acompaña con tu proteína favorita.

¿Cómo lograr unas tortillas crujientes?
En primer lugar, es crucial emplear tortillas "oreadas" (secadas al aire libre durante horas o días previos). Al perder su humedad interna, la tortilla absorbe una cantidad significativamente menor de aceite durante la fritura, logrando una textura crujiente mucho más rígida y duradera.
El segundo secreto radica en el control estricto de la temperatura del aceite, la cual debe mantenerse idealmente alrededor de los 180°C. Si el aceite está frío, la tortilla actuará como una esponja absorbiendo grasa y quedando blanda; si está excesivamente caliente, se dorará el exterior rápidamente dejando el centro crudo y gomoso.
Por último, al retirar los totopos del fuego, es indispensable extenderlos de forma uniforme en una bandeja sin encimarlos en exceso para evitar que el vapor residual ablande su propia estructura crujiente.

¿Con qué acompañar los chilaquiles?
Para una experiencia tradicional mexicana por la mañana, la opción idónea para acompañar los chilaquiles es un café de olla caliente, preparado con granos de café de tostado oscuro, una raja de canela y endulzado con piloncillo purificado.
Si el almuerzo se extiende hacia el mediodía o el formato es más recreativo, un maridaje de contraste espectacular se logra con cervezas artesanales de cuerpo medio. Para los entusiastas del vino que disfrutan de un brunch, un vino rosado con buena acidez o un tinto joven y frutal refrescará el paladar tras cada bocado graso y especiado, limpiando las papilas gustativas para el siguiente bocado.
Si eres un verdadero apasionado de la gastronomía, elabora esta receta de chilaquiles en salsa de pasilla desde cero y redescubre el valor de los ingredientes endémicos de México.