Redadas
López Obrador dijo que las detenciones y deportaciones rompen el acuerdo público con EU

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
En menos de 24 horas, la comunidad migrante de Estados Unidos tendrá los minutos contados. Se convertirán en blanco de una persecución que nos recuerda a aquella que a mediados del siglo XX ordenó uno de los líderes más impresentables de la historia de la humanidad. Y no será sólo contra quienes llegaron a ese país desde el nuestro o de cualquier otro en Latinoamérica; será también contra esos tantos miles que han llegado de África, de Europa, de Asia, de todas las regiones del mundo que ayudaron a enriquecer la cultura y sociedad estadunidense. Lo saben los demócratas, los republicanos, los independientes, lo sabe Donald Trump. Él mismo viene de una familia que vio en el país que hoy gobierna la oportunidad para alcanzar la prosperidad, ese sueño que en aquel entonces no sabían que años después llamarían “americano”.
Diez metrópolis: Atlanta, Baltimore, Chicago, Denver, Houston, Los Ángeles, Miami, Nueva Orleans, Nueva York y San Francisco. Ni más ni menos que las ciudades donde se concentra la mayor cantidad de comunidad migrante en los Estados Unidos, principalmente mexicana. Adelantan que irán contra los dos mil ciudadanos que en el mes de febrero recibieron una orden de deportación y que a pesar de ella no salieron del país, pero también afirmaron que habrá redadas arbitrarias. Una persecución similar a la que inició la Segunda Guerra Mundial.
“Comienza el domingo y van a sacar a la gente; van a llevarlos de vuelta a sus países o van a sacar a los delincuentes para encarcelarlos y llevarlos a prisión en el país del que vinieron. Estamos enfocados a los criminales tanto como podemos”, aseguró Trump la mañana del viernes, cuando después de la suspensión de esta medida, confirmó lo revelado por The New York Times un día antes. Sin embargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que estas detenciones y deportaciones no ocurrirán porque rompen el acuerdo público con el gobierno de Estados Unidos. Veremos.
El panorama parecía optimista. Hace una semana trascendía que Donald Trump ya no podría preguntar la nacionalidad de quienes habitan en Estados Unidos al levantar el Censo 2020. Parecía una victoria para la comunidad migrante. Además, los reconocimientos a nuestro país por el trabajo que realiza en ambas fronteras, sugerían que, en materia migratoria, Trump tenía sus frentes resueltos. Pero llegó la amenaza de redadas masivas en varios puntos de su país, ese construido gracias a una histórica e irrebatible cultura de migración.
Organizaciones, gobernadores, alcaldes y activistas han levantado la voz para mostrar su descontento: han calificado esta medida como cruel, por decir lo menos. Sin embargo, Donald Trump está empeñado en cumplir su promesa, que sabemos, le adquiere más sentido en época electoral. Sin recursos suficientes para construir el muro prometido, sin una victoria asegurada en la reelección, debía dar un siguiente paso. Aunque éste le signifique afianzar su lugar en la historia como uno de los presidentes más pendencieros e irresponsables. El gobierno de México asegura que tiene un plan de ayuda para los connacionales en peligro; habrá que ver si esto es suficiente para cubrir las necesidades de quienes parecen tener su hogar en riesgo, ese hogar por el que decidieron dejarlo todo y que hoy les quieren quitar.