Ahogándose por voluntad propia
Es una premisa equivocada apostarle al petróleo como forma de desarrollo. El precio del petróleo es volátil, el cambio climático es irremediable y Pemex está demasiado endeudada como para ser recuperada con dinero público. No alcanza
El Señor Presidente parte de una premisa equivocada: piensa que el dinero de los programas no está “bajando” por falta de recursos, cuando en realidad no baja porque no hay suficiente personal para hacer funcionar al gobierno.
Por culpa de esta premisa equivocada y basada en un profundo desconocimiento de la complejidad del gobierno, AMLO está ahogando su administración por voluntad propia.
Así, Andrés Manuel López Obrador anunció esta semana más medidas de austeridad que incluyen eliminar todas las plazas de director general adjunto que se crearon desde Calderón, recortar a la mitad partidas que sirven para tener limpios los edificios donde trabajan los funcionarios e incluso dejar de comprar papelería, estudios e investigaciones.
Esta reducción del tamaño del gobierno viene luego de que, tan sólo en el primer trimestre de 2019, más de 5 mil empleados “presentaran su renuncia” y de que, según algunas fuentes, se despidiera a 2 mil personas más en el senado. Las oficinas se están quedando vacías o se llenan de becarios sin experiencia. No hay ni papel de baño. En secretarías críticas, como la de Salud, se presume que se busca recortar al 30% del personal.
Recortar el personal que trabaja en el gobierno es como querer quitarse la sed tomando agua salada. Parece solucionar las cosas, pero en realidad las empeora.
Los recortes vienen en decretos de brocha gorda exigiendo lo mismo a todas las oficinas de gobierno sin evaluar qué plazas se necesitan y qué plazas no. En ocasiones se está corriendo a las personas más calificadas y dejando trabajadores que no cuentan con capacidades básicas. Si se quiere tener un gobierno mínimo, al menos se debe dejar a los mejores. Ello, sin embargo, ni se piensa pues tocar los intereses del sindicato, pues es políticamente inviable.
Así estamos en el peor de los escenarios, un gobierno que no parece entender que para tener grandes ambiciones se necesita de los mejores trabajadores y de suficientes de ellos.
La altura del reto que López Obrador se ha propuesto, la transformación que nuestro país exige, requiere manos, las mejores manos. Los programas sociales no se corren solos. Ser funcionario público es un trabajo como cualquier otro. A los funcionarios se les debe dar seguridad sobre sus trabajos y horarios decentes. Hacerlos trabajar más para poder tener ahorros no es digno de un gobierno de izquierda. Las conquistas laborales se están evaporando.
El Plan Nacional de Desarrollo mostró que no se tiene capacidad para planear. La implementación es aún más compleja que la planeación. Ante esto urge recapacitar el camino a fin de que se tenga capacidad para lograr lo que se prometió en campaña.
Ya sabemos que recortar el gobierno no funciona. Las exigencias que hoy hace la Secretaría de Hacienda se parecen a las exigencias de brocha gorda que hacía el Fondo Monetario Internacional a los países latinoamericanos como parte del consenso neoliberal. Se buscaba recortar el tamaño del gobierno y limitarlo a proveer inversión pública. En un paralelo que da escalofríos, el gobierno de López Obrador busca recortar el tamaño del gobierno para invertir en Petróleos Mexicanos (Pemex).
Es una premisa equivocada apostarle al petróleo como forma de desarrollo. El precio del petróleo es volátil, el cambio climático es irremediable y Pemex está demasiado endeudada como para ser recuperada con dinero público. No alcanza.
Cualquier transformación que quiera hacer AMLO deberá pasar irremediablemente por una reforma fiscal de gran calado. Recortar personal es caer en la trampa de cambio mínimo que sólo empeora las cosas.
Peor aún: en algunos lugares los recortes son en realidad una simulación. El personal se sustituye con becarios (que trabajan por una cantidad de dinero que no les permitiría mantenerse por arriba de la línea de pobreza si tuvieran compromisos familiares) o por trabajadores temporales sin beneficios.
Este camino es equivocado. Probadamente equivocado por la historia de Latinoamérica. Ningún Estado se ha desarrollado a partir del petróleo. Ningún gobierno ha podido redistribuir la riqueza sin personal suficiente. La lógica de cortarse las manos para poder realizar más cosas es completamente equivocada. Ojalá se rectifique.
