Ciencia, paz y soberanía: cómo la expedición de México a la Antártida une a nuestras naciones

Opinión del experto Global

Opinión del experto Global

Serhii Pohoréltsev*

El conocimiento científico nunca es un esfuerzo aislado; es, por definición, un puente. El 29 de enero, mientras el rompehielos ucraniano Noosfera suelta amarras desde el muelle de Punta Arenas, Chile, para internarse en las gélidas e indómitas aguas del sur, no sólo estamos presenciando una misión técnica. Estamos siendo testigos de un hito histórico: la puesta en marcha de CAMEX-1, la primera expedición ucraniano-mexicana a la Antártida.

La reciente invitación de Ucrania para integrar a investigadores mexicanos en una expedición conjunta al Continente Blanco constituye un hito sin precedentes en la historia de nuestra cooperación internacional. Ninguna otra nación había extendido una propuesta de tal magnitud y generosidad hacia la ciencia mexicana, lo cual no sólo representa un gesto de fraternidad transatlántica, sino un firme reconocimiento al rigor y la excelencia de nuestra comunidad científica. Esta alianza estratégica inaugura una época dorada de cooperación bilateral, proyectando los esfuerzos de ambos países hacia la vanguardia de la investigación.

Para Ucrania, este momento tiene un significado profundo. En tiempos donde la integridad territorial y la paz son desafiadas, la colaboración científica en el Continente Blanco representa lo mejor de la humanidad. El Noosfera, un símbolo de la resiliencia y la capacidad tecnológica ucraniana, sirve hoy como el vehículo para que el talento mexicano alcance una de las fronteras finales del conocimiento.

Esta misión, coordinada por la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA) y el CIATEJ, con el respaldo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, marca el ingreso formal de México a la investigación polar de alto nivel. A través de una alianza estratégica con el Centro Científico Antártico Nacional de Ucrania, científicos mexicanos no sólo navegarán en las aguas antárticas, sino que realizarán estancias de investigación en la Base Vernadsky, un punto clave para entender el pulso del planeta.

Desde el estudio de microorganismos resistentes a condiciones extremas hasta el monitoreo del deterioro de la capa de ozono y el cambio climático, CAMEX-1 posiciona a México como un actor relevante en la gobernanza del conocimiento antártico. Que México se sume a esta exploración de la mano de Ucrania refuerza una visión compartida: el conocimiento debe ser una herramienta de paz y de futuro.

Esta misión transporta mucho más que instrumentos de medición y una tripulación experta, en particular es la consolidación de una alianza estratégica entre Ucrania y México y el mensaje de que, a pesar de las distancias y de los conflictos, la ciencia nos une. Así como el fortalecimiento de las capacidades científicas de México en la escena global.

Durante la ceremonia de despedida del buque de investigación Noosfera en Punta Arenas, Chile, la doctora Patricia Valdespino, en representación de la delegación mexicana, subrayó la trascendencia política y científica de este despliegue. En su intervención, transmitió un profundo agradecimiento a la presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, destacando que su respaldo institucional ha sido el catalizador indispensable para concretar esta primera campaña científica mexicana en la Antártida.

Del mismo modo, la doctora Valdespino extendió un reconocimiento de Estado al gobierno y al pueblo de Ucrania. En tiempos de desafíos globales, la confianza y solidaridad depositadas en México para este emprendimiento conjunto no sólo fortalecen los lazos científicos, sino que reafirman un compromiso compartido con el progreso de la humanidad y la preservación del equilibrio ecológico global.

Desde la Embajada de Ucrania en México, y en nombre de mi país, observamos con orgullo cómo nuestra infraestructura y la determinación de los investigadores mexicanos se fusionan en este viaje. La Antártida nos enseña que, ante la inmensidad de los desafíos globales, ninguna nación puede caminar sola. Mientras el Noosfera deje atrás el muelle de Punta Arenas y se interne en las aguas que han visto partir tantas expediciones, llevará mucho más que instrumentos y tripulación: llevará la confianza mutua entre Ucrania y México, la esperanza de nuestras sociedades y el compromiso de que el conocimiento sea una herramienta de paz y de futuro.

A los participantes de la expedición ucraniano-mexicana les deseo mares seguros, descubrimientos profundos y un regreso lleno de orgullo para todos los participantes de esta primera expedición mexicana. Su éxito será, sin duda, el éxito de una diplomacia científica que cree en la vida, en la verdad y en el progreso común de nuestras naciones.

               

* Embajador de Ucrania en México