La lección Mayer

El nombre de Sergio Mayer ha pasado a engrosar las carpetas de casos de estudio que el Colegio de Imagen Pública ha abierto como ejemplos de “lo que no se debe hacer” en el difícil y resbaloso campo de la percepción colectiva.

EL INICIO…

Sergio siempre me cayó bien. Lo conocí en Televisa a finales de los 80, yo como conductor de TV que presentaba artistas en su programa, él como miembro debutante de un grupo conceptual perfectamente planeado por Luis de Llano Macedo, con la mira de continuar la tendencia exitosa que había abierto y explotado con Timbiriche. Usted lo recuerda bien, el grupo se llamaba Garibaldi, sus temas, coreografías y vestuario fueron muy bien diseñados, aludían a una mexicanidad joven y moderna que resultó muy atractiva, así que la nueva propuesta artística fue bien recibida. Ninguno de sus integrantes originales destacaba por poseer la gran voz, de hecho, muchas veces echaron mano del playback ante las exigencias físicas que les planteaban sus coreografías, cosa que pasó a segundo plano ante la fuerza visual y rítmica del concepto. Si lo analizan bien, se darán cuenta de que era un producto artístico basado en una imagen grupal más que en una habilidad artística individual, de hecho, ninguno de sus integrantes hizo posteriormente una carrera individual, aunque debo mencionar que Paty Manterola y Pilar Montenegro lo intentaron arduamente, pero con resultados insatisfactorios, pues Garibaldi representaba una sinergia en la que la suma del conjunto era mayor que la de sus elementos por separado.

TIPO CON SUERTE…

Sergio Mayer es un tipo con suerte, no me cabe la menor duda. Primero tuvo la fortuna de pasar el casting que se organizó en Televisa San Ángel y quedarse con uno de los puestos masculinos del nuevo grupo. Lo logró gracias a su aspecto físico atlético y a su simpatía personal. A las chavas les gustaba mucho, tanto que encontró como esposa a Bárbara Mori, guapa actriz de quien se divorció. Posteriormente, en 2009, se casó en segundas nupcias con una mujer que lo complementó perfectamente, pues se trataba de la actriz Issabela Camil, cuyo verdadero nombre es Érika Sotres Starr, hija del legendario Armando Sotres y de la modelo Tony Starr. Como ésta después se casó con Jaime Camil Garza, el papá del actor del mismo nombre, su hija Érika decidió adoptar ese apellido en su nombre artístico. Tercero, Sergio tuvo la hablilidad de formar una compañía de strippers junto con otros galanes conocidos por las telenovelas, demostrando buen olfato y teniendo gran éxito de taquilla, léase también económico. Para cerrar el afortunado círculo, recibió la oferta de ingresar al mundo de la política por parte de Morena, partido que vio en él la oportunidad de tener un candidato popular muy atractivo para el sector de votantes femenino. No se equivocaron, Sergio Mayer aceptó y obtuvo legalmente una curul para los próximos tres años. ¿Ven por qué digo que es un tipo con suerte?

EL PROBLEMA…

Hasta aquí, todo es miel sobre hojuelas en la trayectoria pública del ahora diputado, sin embargo, y paradójicamente debido a la popular imagen pública que construyó en torno a su persona, ahora la vida le jugó una mala pasada: Sin haberlo pedido, otra vez por suerte, le cayó de rebote ser el titular de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados y la opinión pública se lo acabó por ello. El problema estuvo en que detrás del hecho la gente engendró dos percepciones contradictorias y por ello incoherentes. Por un lado, está la ignorancia de una mayoría que no sabe en qué consiste esa Comisión y mucho menos lo que tiene que hacer su titular, como recibir propuestas legislativas especializadas en el tema que identifica la Comisión, darles cauce ante el pleno de la Cámara, vigilar su transformación en leyes y asignar presupuestos, imaginando en su lugar que debe poseer gran cultura, ser autor de libros o al menos publicar artículos en revistas intelectuales. Pero como percepción es realidad, las redes se le fueron encima, así que para defenderse, desafortunadamente, dijo que “para presidir la Comisión, no era necesario ser Sócrates”. Para acabarla de arruinar, de manera sincrónica publicó un tuit con varios errores que confirmaron que su nivel cultural no es muy amplio que digamos, por lo que la campaña en su contra exhibiéndolo como inepto para ocupar el puesto se avivó. La percepción se había confirmado. El caso denota que, al igual que muchos otros políticos y artistas, el buen Sergio no está preparado para manejar una imagen pública en tiempos de crisis, por lo que sus intentos sinceros de salir avante no harán otra cosa que perjudicarlo más. Ante ello, la mejor recomendación que procedería sería: diputado Mayer, haga lo que haga, ya no lo exhiba, calladito se verá más bonito y la gente pronto lo olvidará.

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