La oposición mexicana y la propaganda neonazi
Desde que Andrés Manuel López Obrador irrumpió en la política nacional, la oposición ha desplegado una maquinaria de desinformación digna de manual de propaganda. Lo etiquetaron como “un peligro para México” en 2006, repitieron hasta el cansancio la supuesta ...

Ricardo Peralta Saucedo
México correcto, no corrupto
Desde que Andrés Manuel López Obrador irrumpió en la política nacional, la oposición ha desplegado una maquinaria de desinformación digna de manual de propaganda. Lo etiquetaron como “un peligro para México” en 2006, repitieron hasta el cansancio la supuesta amenaza comunista y usaron a los grandes medios como caja de resonancia. Televisoras, columnistas y empresarios construyeron un relato diseñado para infundir miedo y frenar el cambio político. Era el preludio de lo que hoy conocemos como la industria de las fake news: campañas sistemáticas de odio que han evolucionado de los spots televisivos a los deepfakes virales en redes sociales.
La estrategia recuerda los principios de Joseph Goebbels: simplificar el mensaje, repetirlo hasta que parezca verdad, crear enemigos y manipular emociones. La lista es extensa: el bulo de que AMLO era títere de Maduro y Putin, los falsos ataques contra Beatriz Gutiérrez, el video manipulado atribuido al papa Francisco, el inventado financiamiento del narco, el rumor de su muerte por infarto en 2023 y las campañas de desprestigio contra el Aeropuerto Felipe Ángeles. La última etapa ha apuntado directamente a Claudia Sheinbaum, con videos generados por inteligencia artificial en los que supuestamente renuncia por enfermedad o donde se fabrican escándalos judiciales inexistentes.
Estos ataques no son sólo una guerra sucia; son una estrategia de supervivencia de una oposición sin proyectos ni liderazgos. La narrativa del miedo es su último recurso. Al no poder cuestionar con datos el éxito de la presidenta Sheinbaum —que ha mantenido estabilidad económica, reforzado programas sociales y preservado la gobernabilidad— recurren a refritos y conspiraciones digitales. La derecha mediática se aferra a titulares alarmistas para mantener viva una base electoral que se reduce cada año.
Mientras tanto, el gobierno responde con resultados. En materia de seguridad, el trabajo encabezado por el secretario Omar García Harfuch ha fortalecido la seguridad nacional, reduciendo índices delictivos en zonas estratégicas y profesionalizado la coordinación entre fuerzas federales y estatales. Los aseguramientos históricos de drogas, armas y bienes del crimen organizado han debilitado las finanzas de los cárteles y devuelto control territorial al Estado. Esta política de seguridad no sólo desmiente la narrativa de caos que promueve la oposición, sino que coloca a México como un ejemplo de cooperación internacional en el combate al tráfico de fentanilo y armas.
El fenómeno de la desinformación se repite en el mundo: en Brasil, las campañas de odio en 2022 buscaron deslegitimar las elecciones; en España, bulos sobre migrantes fueron usados para polarizar; en India, rumores sobre secuestros desataron linchamientos; y en Francia, teorías conspirativas sobre vacunas enardecieron el debate público. En todos estos casos, la mentira se usa como arma política para dividir y desgastar gobiernos legítimos.
Claudia Sheinbaum ha respondido con una estrategia de comunicación transparente: conferencias abiertas, giras nacionales y exposición de resultados en cada entidad. Ha inaugurado hospitales, universidades, plantas de energía limpia y proyectos de infraestructura de alto impacto. La ciudadanía recibe datos verificables, no promesas.
El contraste es claro: frente a una oposición que recicla fake news y vive en la nostalgia de un poder que ya perdió y no recuperará, el gobierno federal muestra hechos, resultados y visión de futuro. La autoridad política de Sheinbaum es palpable en todos los frentes abiertos. La política interior y exterior.
En la era de la propaganda digital, la mejor defensa es la verdad, y México hoy la está demostrando.