¿Preocupado por envejecer?

No te preocupes por la vejez, ¡disfrútala!L. León Mi querido viejo: hace unos días encontré a un amigo, compañero de infancia y juventud, con el que compartí desde los juegos infantiles, hasta los bailes de rock and roll que nos iniciaban en la vida; siempre ...

No te preocupes por la vejez, ¡disfrútala!  

L. León

Mi querido viejo: hace unos días encontré a un amigo, compañero de infancia y juventud, con el que compartí desde los juegos infantiles, hasta los bailes de rock and roll que nos iniciaban en la vida; siempre fue brillante, hizo una carrera exitosa, realizó buenos negocios, tuvo una buena familia, viajó por el mundo y ahora está descansando en su casa, porque su esposa falleció hace dos años y sus hijos emprendieron sus caminos y lo visitan de cuando en cuando.

Me dio gusto verlo y preguntarle qué había sido de su vida; me dijo que estaba bien, que como no tenía apuros económicos no hacía nada, que a veces iban sus hijos a visitarlo, sus nietos también, pero muy de vez en cuando, y que estaba preocupado porque se estaba volviendo viejo.

–¿Preocupado porque te estás volviendo viejo?, ¡pero si es lo mejor que te ha pasado!; simplemente recuerda a sutano y a mengano y a tantos otros compañeros que crecieron con nosotros y ya no están, y recuerda que hemos sabido que perengano y merengano tienen problemas familiares o económicos; pero tú, ciertamente te estás volviendo viejo, como yo, pero estás aquí, enterito.

–Sí, me respondió, pero me preocupa la vejez.

–Recuerda, le dije, que siempre hubo algo que nos preocupaba, desde los granos en la cara en la adolescencia, pasando por los exámenes en la universidad, los sobresaltos de la boda, la llegada de los hijos, los negocios, etcétera, ¡siempre vivimos preocupados!, pero ahora tú estás tranquilo, has vivido una buena vida y estás aquí, tienes que encontrarle el sabor a estos años que la vida te da, y en lugar de quejarte, descubrir todo lo que puedes hacer ahora que eres viejo.

Porque para eso es la vejez, para ver serenamente la vida, recordar todas las buenas cosas que pudimos lograr, en lo personal, en lo familiar, en lo social o económico, y darnos cuenta que, si estamos aquí, podemos y debemos disfrutar hasta el último momento.

Supe que mi amigo no hacía ejercicio, que comía mal, porque pasaba días sin comer suficiente, que dormía mal por insomnio, y que había comenzado a tomar pastillas, tabletas, pócimas y brebajes que le habían aconsejado para tener salud.

–La única medicina, le dije, es una alimentación sana, recuerda que Hipócrates dijo: “Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”; y además, haz ejercicio, aunque sea caminar un rato por la calle o en el jardín; lee buenos libros con calma, y duerme sin la televisión encendida; revisa los medicamentos que estás tomando y pregunta a un buen médico si los necesitas o no, porque los viejos necesitamos menos medicamentos de los que muchos galenos nos prescriben.

–Y, aunque estés viejo, piensa que el mundo es ancho y ajeno; tal vez en tu futuro haya una persona que comparta contigo gustos y alegrías.

–Pero mis hijos no quieren, contestó, dicen que estoy muy viejo para enamorarme.

–¡Que no se metan en tu vida!, eso es asunto tuyo y nada más, les diste todo lo que fue humanamente posible para su formación y educación, y ellos tienen ahora sus preocupaciones, y si disfrutas así estos años que la vida nos da, nunca más te preocuparás por envejecer.

Y tú, querido viejo que me estás leyendo, ¿estás preocupado por envejecer?

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