La dicha inicua de perder el tiempo

Descansar demasiado es oxidarse Sir Walter Scott Mi querido viejo: conversaba hace unos días con un compañero de escuela que se jubiló hace tiempo y me dijo, entre otras cosas, que algo de lo que más aprecia en estos años es que puede pasar minutos y horas “sin ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Descansar demasiado es oxidarse

Sir Walter Scott

Mi querido viejo: conversaba hace unos días con un compañero de escuela que se jubiló hace tiempo y me dijo, entre otras cosas, que algo de lo que más aprecia en estos años es que puede pasar minutos y horas “sin hacer nada”.

Y yo le di la razón, aunque sólo en parte; es cierto que uno de los privilegios de muchos de nosotros en estos años es el poder hacer a un lado el reloj, el abandonar las preocupaciones por el llegar a tiempo, por ser, sí, puntuales y cumplidores, pero sin tener esa ansiedad que en otras épocas tuvimos siendo esclavos del reloj desde que sonaba a las 5 de la mañana hasta que nos disponíamos a dormir.

Y es que, a nuestros años, aunque sigamos activos y hagamos ejercicio todos los días, la distribución de nuestras horas es nuestra, nosotros elegimos cuánto tiempo tardamos en bañarnos (¿te acuerdas cuando teníamos que hacerlo en 3 minutos?), en arreglarnos, (¿alguna vez te viste anudando la corbata mientras bajabas las escaleras?), en comer, en dormir, y en hacer todo lo que hemos programado para el día.

Esa elección nos causa gran bienestar y paz, querido viejo, no lo podemos negar; ser viejos nos permite dejar el reloj y sus tiranías en el ropero y dedicarnos a nuestro proyecto de vida al ritmo que creamos conveniente.

Eso es lo que mi amigo llamó “el hermoso placer de la pereza”, pero yo le dije que la palabra pereza no es la mejor, porque pereza es “negligencia, falta de ganas o disposición para hacer las cosas”, en tanto que nosotros, cuando tenemos más tiempo para lo que deseamos hacer y no nos sentimos presionados, lo que disfrutamos es lo que en un poema inolvidable escribió el legendario Renato Leduc, disfrutamos “la dicha inicua de perder el tiempo”.

Y eso es bueno, es bueno para la salud, es bueno para la mente, porque tienes en tus celulitas grises un inmenso tesoro, tus recuerdos, tus vivencias y, por supuesto, tus proyectos a futuro, y esas horas en que “pierdes el tiempo”, ganas en sabiduría.

Sin embargo, recuerda lo que dice Sir Walter Scott: “descansar demasiado es oxidarse”, tampoco hay que exagerar, porque entonces sí aparece la pereza y nos oxidamos. Literalmente, se oxidan las articulaciones, tendones y músculos, se oxidan los pulmones y el corazón, se oxida la mente, y eso no es bueno.

Pero con los tiempos que corren en esta nueva administración, resulta que de buenas a primeras se cancelan las llamadas estancias infantiles, en las que los bebés pasan sus primeros años y son atendidos maravillosamente por personas expertas que los cuidan, los cambian, los alimentan, les dan estimulación física y mental temprana; cancelar eso es una tragedia, pero peor porque el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, ¡dijo que nosotros los abuelos deberemos encargarnos de los bebés!; se ve que no sabe para qué servimos los abuelos, que nos gusta estar activos, pero también disfrutar nuestros años viejos.

Seguramente tú conoces a parientes y amigos de los dos tipos: aquellos que disfrutan el placer de la pereza, el clásico “no hacer nada”, y quienes sabiamente combinan el descanso, las horas de ocio y las de actividad y ejercicio;  si combinamos la dicha de perder el tiempo y la actividad física e intelectual, nuestras vidas serán más ricas y provechosas,  seremos más sabios y prudentes, y le daremos la razón a Renato Leduc, al tiempo que enviamos un “buuu” a Carlos Urzúa por querer que suplamos a las estancias infantiles.

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