Una preciosidad
• Al final de la ronda del viernes parecía que el norirlandés Rory McIlroy sería el gran triunfador en el Augusta National Golf Club.

Pablo Carrillo
La neurona
Siempre resulta fascinante el tener la inmensa oportunidad de estar en el templo sagrado de golf, que es el Augusta National Golf Club, la sede del Masters, el torneo de mayor importancia, de mayor trascendencia en el mundo del golf, aún por arriba del Open británico, que tiene mas de 150 años de tradición, ya que el maravilloso recinto ideado y construido por el inmenso e histórico Bobby Jones sigue siendo, y por mucho, el gran campo del deporte de los bastones.
El gran desenlace de este día será algo fantástico, pues si bien al final de la ronda del viernes parecía que el norirlandés Rory McIlroy sería el gran triunfador, después de la ronda de ayer, en la que no estuvo preciso en sus tiros de salida, y tiró uno arriba de par, las cosas se han puesto de maravilla para la ronda final de este día.
Un final de alarido, pues, además de Rory con 11 bajo par, esta empatado en el primer sitio el estadunidense Cameron Young, y a un golpe se encuentra otro del vecino país del norte, Sam Burns; y a dos el irlandés Shane Lowry, por lo que aún no hay nada definido. En otras palabras, y utilizando la jerga golfística, están muy agarrados.
Sin duda que caminar el hermoso y único campo del Augusta National Golf Club es una maravilla, el diseño que a principios de los años treinta realizo el inmortal doctor Alister MacKenzie es algo especial para los que somos aficionados al golf, es francamente un privilegio el poder acudir nuevamente a éste, el gran torneo de golf.
Al paso de los años son ya diez ediciones de estar presente en este mágico lugar, casi todos los he realizado con mi muy querido primo Paco Lavat, un enamorado de este deporte que me ha transmitido su pasión y afición, algo que ha atesorado como algo muy especial.
Ayer caminábamos juntos bajando por el hoyo diez del Augusta National Golf Club, ahora con sus casi 80 años –que festejará en el mes que entra, muchos de ellos dedicados a engrandecer el golf, como lo hizo al finalizar la década de los ochenta en el cargo de presidente de la Federación Mexicana de Golf–, y me decía, con admiración, en una pausa para ver uno de los increíbles tiros a green: “es una preciosidad este lugar”, y vaya que lo es, una gran forma de festejar ocho décadas de una vida feliz, siempre junto al golf y sus queridos amigos.
Lo ratifico, es una preciosidad, y más aún festejándolo con un familiar tan querido y dedicado al deporte de sus amores.