La caída

Leda Rendón

Leda Rendón

Umbrales mínimos

Todo comenzó cuando salté al vacío, estaba a punto de amanecer.

Estoy aquí en la orilla, respiro, abro los brazos, respiro de nuevo hasta sentir un dolor en el pecho. Pongo el primer pie sobre el aire, ahora el segundo y el viento me succiona, las cosas a mi alrededor cambian de colores, el sol está del lado derecho, me deslumbra. Olvidé los lentes, se me meten las nubes por los ojos y la basura también.

Allá abajo las cosas se mueven lento. Yo estoy cada vez más pesada. Caigo entre colores rayados que zumban y recuerdo que quise tantas cosas y tuve tan pocas, pero eso fue antes de lanzarme al vacío, es mejor olvidar el pasado. Me debilito y le entrego mi cuerpo al aire.

Cierro los ojos.

Recuerdo el deseo, era una inflamación del pecho, un zumbido de abejas en las entrañas y el sexo. ¿Es posible caer durante horas y ver un mismo paisaje congelado que cambia en la imaginación? ¿Estoy cayendo o quizá sólo imagino que caigo? Aunque podría jurar que estoy cayendo, siento cómo el aire me desfigura la cara.

Me pregunto por qué decidí estar en una caída libre como flecha de carne y ser succionada por el aire, sin protección y sin paracaídas. ¿O será que mi cerebro, para olvidar que estoy a punto de transformarme, inventa que estoy en una caída sin fin?

Mi caída es continua, voy cayendo como una cascada, y además está el aire caliente, se  me revuelven los muebles dentro del cuerpo, se levantan torres y se construyen edificios adentro del cuerpo para caer más rápido, para pesar más.

La caída no puede deshacer las maldiciones, el cuerpo no puede tan fácilmente desprenderse de sus filias y sus fobias; porque el cuerpo es continuo e infinito aunque muera, es igual a esta caída en el vacío. El sentido quizá esté en esta caída interminable, todo se mueve, no me puedo sostener de nada.

Soy este silencio que cae, que se agota, este silencio que llora y se mueve como una serpiente en el aire. Me duelen los huesos, ¿se acabó el deseo, se terminó el hambre? Respira, repito, deja que tu cuerpo entre en el vacío, deja que haga contacto con los efluvios del aire del amanecer, el aire se encuentra más fresco que nunca. Pero igual sigo cayendo y respirar es complicado.

“Deja que el cuerpo se confunda con las nubes, deja que el cuerpo se integre al vacío, húndete ya, te lo ordeno”, escucho desde muy adentro. Me abrazo, miro las águilas de mi interior, miro cuántos me habitan y caen conmigo. Hay peces, plantas, tantos insectos, montones de tierra, hay agua adentro de mí, todo se mueve y respira mientras caigo.