Grandeza y miseria

Grandeza del pueblo de México que reaccionó espontáneamente ante el huracán Otis.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

                   El precio de la grandeza es la responsabilidad.

                                                              Winston Churchill

                          La miseria seca el alma y los ojos además.

                                                               Rosalía de Castro

El mundo ha vivido siempre con etapas de grandeza y etapas de miseria; el trabajo de los gobernantes que crean grandeza se traduce en bienestar de los gobernados, en tanto que las acciones de quien actúa miserablemente se reflejan de manera inevitables en sus pueblos.

Superando las grandezas y las miserias de los reyes y emperadores, el surgimiento de eso que llamamos democracia permitió por vez primera que existiera un Estado de derecho, y que la separación de Poderes cumpliera cabalmente su misión. La historia reciente confirma esta verdad y vemos países que son prósperos y viven en paz, y países pobres, ignorantes y sin ley.

En estos días hemos visto y vivido como nunca antes, ejemplos de grandeza, de altura de miras, de dignidad y de verdad, junto con ejemplos de miseria, indignidad y mentira que no se pueden ocultar.

Grandeza del pueblo de México que reaccionó espontáneamente ante el huracán Otis y de inmediato se aprestó a ayudar; grandeza de individuos, familias, grupos, asociaciones civiles, la Cruz Roja, Teletón, Consejo Empresarial y tantos más; grandeza de quienes ofrecieron de inmediato comidas y agua para quienes han perdido todo en Guerrero, grandeza de los políticos del Frente Amplio, de los senadores y demás mexicanos libres para exigir dinero para los damnificados.

Miseria, gran miseria del señor Presidente que se comportó titubeante desde el principio, intentó ocultar la dimensión del problema, sin razón alguna se lanzó por tierra y acabó en un lodazal, sabiendo que no había carretera; miseria porque nunca acudió a ver a los damnificados, ni recibió a los que vinieron al Zócalo a exigir ayuda. Miseria de los miembros del Ejército y militares que asaltaron y desvalijaron a quienes iban a Acapulco; miseria de los que comenzaron a entregar despensas con el logo de Morena; miseria en cada mañanera en la que miente sobre la magnitud de los daños; miseria al decir “no nos fue tan mal”; miseria al cancelar la ayuda los municipios y luego cancelarla también para Acapulco y Coyuca de Benítez. Miseria de la Secretaría de Gobernación que sólo propaló mentiras, miseria de la gobernadora de Guerrero, la presidenta municipal de Acapulco y demás morenistas que niegan la realidad.

La miseria de todo el régimen, del señor Presidente para abajo, frente al huracán Otis, será recordada por siempre, porque evidencia el hecho fundamental: la negación como forma de gobierno, la mentira como distractor, la amenaza como arma y la burla, la injuria, la ofensa, como métodos para preservar el poder. Del mismo modo, se recordará su miseria al afirmar “No me vengan ahora con que la ley es la ley”, al ignorar a las víctimas de homicidios y desapariciones, al negar la inseguridad creciente, al atacar sin medida al Poder Judicial, al INE, al Inai, a los educadores, los investigadores, y al fomentar el odio todos los días. 

Hubo también en estos días grandeza al elegir al nuevo rector de la UNAM en un proceso transparente y ordenado, al seleccionar a uno de los mejores elementos universitarios, don Leonardo Lomelí Vanegas, cuya vida entera evidencia su capacidad académica y su dedicación a la ciencia y la educación, y en contraparte, miseria y envidia del señor Presidente que no encuentra palabras para denostarlo y señala que es un “elitista”.

Ante los hechos de grandeza y miseria debemos aceptar que ni volviendo a nacer cambiará quien vive y alienta la miseria, y que mientras más mexicanos actuemos con inteligencia y grandeza, podremos neutralizar el veneno que todos los días surge del Salón Tesorería. Debemos defender a México, luchar para que en 2024 nuestros candidatos sean mayoría en las Cámaras, y que prevalezca el respeto a nuestras instituciones, recordando que Montesquieu señaló: “La separación de Poderes es fundamento de nuestra democracia”.

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