Las mexicanas fuimos sacudidas profundamente por acontecimientos de amor, poder y muerte. Eventos que hacen más visible la misoginia, la violencia de género, la indiferencia de los poderes y la urgencia de un Sistema Nacional de Cuidados.
Desde los primeros días aparecieron enormes vayas metálicas para resguardar el Palacio Nacional, previendo que el “bloque negro” no cause destrozos al recinto. Increíble explicación de la sinrazón. ¿No han detectado a esos vándalos? ¿Cómo nos protegeremos? ¿Y la seguridad del Mundial?
Nuestra pacífica protesta exige seguridad, pero cada año los contingentes de madres buscadoras, de madres de hijas víctimas de feminicidio, de colectivas defensoras de derechos, crecen. Las madres buscadoras han sido golpeadas con el látigo del desprecio de Andrés Manuel López Obrador y de la PresidentA. La razón… indescifrable. La sospecha: personajes de Morena encubren delincuentes, o peor, son responsables. ¿132 mil desaparecidos pueden ser hechos aislados?
Gritamos con Giséle Pelicot: “La vergüenza tiene que cambiar de lado”. Que se avergüencen ellos y también el gobierno. Su valentía ha dado una lección al mundo: a pesar del dolor por la humillación y el abuso, la vergüenza no es mía y por ello, seguiré con mi vida, con mi alegría. Resiliencia. Gracias al apoyo de la periodista y novelista Judith Perrignon, publicó Un himno a la vida. Recuperar ese amor mirando la propia travesía. Los sueños olvidados, los amores antiguos y saber de la profundidad y trascendencia que tiene reconciliarse con una misma.
El 26 de marzo, otra valiente logró darle dignidad a su vida, ejerciendo el derecho a la eutanasia. La española Noelia Castillo luchó contra prejuicios, huecos legales, voluntad paterna fuera de foco. Su caso fue aprobado por unanimidad tras constatar que su sufrimiento crónico, tanto físico como emocional, era insoportable. En México, está en discusión la Ley Trasciende, iniciativa ciudadana que promueve Samara Martínez, activista con enfermedad renal terminal, apoyada por organizaciones conscientes de que el sufrimiento inútil es crueldad pura.
Estos casos han recibido reconocimiento de muchísima gente. La valentía de las madres buscadoras gana, quizá, indiferencia. Ni los Estados ni la sociedad ni muchos medios, hacen eco a su dolor. Brutal y desgarradora es la imagen, la realidad de Ceci Flores con un solo hueso de su hijo entre los brazos, el 31 de marzo.
Un Power Point con estadísticas deja impávido a cualquiera. Lo dijo Stalin: un muerto es tragedia; millones, estadística. Las madres buscadoras han logrado humanizar esta grave crisis. Han subvertido el sentido que desde el poder le quieren dar con su indiferencia e irresponsabilidad. Hacen patente que sus querencias merecen respeto y el reconocimiento a su dignidad. Duele y agravia la frialdad presidencial.
Parece burla. Una mujer que sin esfuerzo brincó cualquier tipo de valla, apareció en el balcón del Palacio asoleándose las piernas. Atrajo la atención de la Presidenta y suscitó gran escándalo mediático. La despidieron por un pésimo manejo de comunicación, no de ella, sino de Villamil y su asistente. La ligereza de una mujer fue castigada, pero ni Villamil ni los graves daños causados por Adán, Rocha Moya y los muchos otros, merecen condena.
Julieta del Río: “El machismo sigue presente, incluso más marcado dentro de su propio movimiento. Sigue pesando, sigue incomodando, sigue marcando límites no escritos. No es un tema discursivo: es una práctica de poder”. Y como dijo Ana María Olabuenaga, Villamil y su infodemia: “Exhibieron cómo funciona el sistema, cómo opera la mentira”. Se desnudaron sin pudor. Las “indecentes” y las “revoltosas”, ¡largo, fuera del Palacio! Moralmente, ultraconservadores.
Tristemente, el dolor y la impunidad seguirán marchando con las madres buscadoras.
