Visión de águila: ver el mundo desde 36 mil pies de altura
Un buen líder —en el gobierno, en una empresa, en la comunidad— necesita esa doble capacidad:actuar con responsabilidad en el presente, sin perder de vista el largo plazo. Lo mismo aplica para cada ciudadano que quiere construir, cuidar, transformar
Una de las cualidades más poderosas de un águila no es su velocidad ni su fuerza, sino su capacidad de volar alto y ver con claridad. Desde arriba, todo se entiende mejor. Las rutas, los obstáculos, los riesgos y también las oportunidades. A esa altura, no se huye del problema: se comprende. Y en estos tiempos, eso es justo lo que necesitamos como sociedad: visión de altura. Visión de águila.
Cuando observamos el mundo desde una mirada más elevada, los conflictos pierden dramatismo, los egos se reducen y lo verdaderamente importante aparece con nitidez. Ver desde arriba no significa alejarse de la realidad. Al contrario. Es tener la serenidad y la perspectiva para tomar decisiones que no dependan de la prisa o del enojo, sino del propósito.
- Nuestra vida cotidiana está llena de turbulencias. Noticias alarmantes, decisiones improvisadas, debates estériles. Pero, si no aprendemos a elevarnos por encima del ruido, nos convertimos en pasajeros sin rumbo. Y el riesgo de volar sin rumbo es no saber dónde —ni cómo— vamos a aterrizar.
No se trata de imaginar una sociedad perfecta desde las nubes. Se trata de mantener los pies firmes en la tierra… con la mirada en el horizonte. Un buen líder —en el gobierno, en una empresa, en la comunidad— necesita esa doble capacidad: actuar con responsabilidad en el presente, sin perder de vista el largo plazo. Lo mismo aplica para cada ciudadano que quiere construir, cuidar, transformar.
A 36 mil pies, todos los que van en un avión comparten destino. No importa el asiento, el idioma o el origen. Si algo falla, fallamos todos. Ésa es la mejor metáfora para entender la corresponsabilidad que hoy debemos asumir. Nadie puede “volar por su cuenta” sin tocar al resto.
Si hay turbulencia, se requiere temple. Si hay desvío, se necesita claridad. Y si hay conflicto, se requiere altura moral.
Hoy, más que nunca, nos hace falta una cultura ciudadana con visión de águila. Con respeto, con responsabilidad, con carácter. Que no confunda la libertad con el caos ni la crítica con la destrucción. Una sociedad que actúe con inteligencia colectiva, que escuche más de lo que grita, que participe con compromiso y que entienda que los grandes logros no se imponen… se construyen, día a día, con visión y con voluntad.
La visión de águila no es una metáfora de poder, sino de conciencia. Es la capacidad de ver el todo sin perder el detalle. De volar alto sin olvidar a quienes siguen en tierra. De tomar altura, no para dominar, sino para comprender. De no reaccionar con miedo, sino de responder con sabiduría.
- ¿Y tú? ¿Desde qué altura estás viendo el mundo?
Hacer el bien, haciéndolo bien.
