De plagios y comparaciones

No es casual que el tema haya surgido durante la intensa guerra sucia que desde el poder se ha lanzado contra Xóchitl Gálvez.

El análisis debe servir para poner las cosas en su justa dimensión y lo primero es entender de qué estamos hablando. La UNAM estableció diferentes formas de titulación, alternativas a la tradicional tesis. Precisamente porque son distintas es un error tratarlas igual; se distinguen tanto en el objetivo, como en el contenido y la forma. No se trata de utilizar doble vara, sino mantener la misma exigencia y rigor, pero de acuerdo con las características de cada modalidad.

Xóchitl Gálvez se recibió como ingeniera presentando un Informe de actividad profesional, cuya finalidad es exponer la experiencia laboral que acredite tener los conocimientos y la expertise requeridas para merecer el grado. Si en la tesis lo fundamental es el escrito, en el informe es el trabajo realizado que se documenta. No se justifican los párrafos no referenciados, pero para esta modalidad lo más importante son las obras de ingeniería expuestas que la autora llevó a cabo, no la introducción o el marco teórico.

Para decirlo claro, si la senadora Gálvez obtuvo la licenciatura no fue por lo que escribió, sino por tres edificios inteligentes que diseñó y construyó. Quienes dieron cuenta de las fallas en el texto no informaron sobre lo que el informe presentaba, aunque de eso trató el examen profesional. Ninguno revisó si el contenido técnico era correcto ni acudió a las construcciones referidas para cerciorarse de su funcionalidad. Les pasó de noche que cuando se evalúa la actividad profesional, a diferencia de cuando se examina una tesis, la teoría le cede protagonismo a la práctica.

Por ello es un despropósito comparar este caso con lo acontecido a la todavía ministra que se tituló como licenciada con la copia casi total de una tesis previamente presentada y que repitió el método para el doctorado. No se trata de minimizar fallas o trampas académicas, pero sí de ponerlas en su adecuada perspectiva para, usando la famosa imagen de Hegel, “no caer en la negra noche en que todos los gatos son pardos”.

Los sinodales del examen profesional que seguramente van a ser citados por el Comité de Ética del Consejo Técnico de la Facultad de Ingeniería tendrán que argumentar cuáles fueron sus criterios para conceder el grado, pero de entrada es evidente que los tres edificios inteligentes y la experiencia laboral que significaron se constatan al margen de las deficiencias del escrito.

En cualquier caso, hace bien Xóchitl en ponerse en las manos de la UNAM y asegurar que, si ésta considera que los párrafos transcritos sin citar ameritan quitarle el título, ella aceptaría la decisión y volvería a presentar el informe corregido para recuperarlo. Una posición muy distinta a la de Yasmín Esquivel, quien sigue litigando para que no se conozca el dictamen elaborado por una comisión del Consejo Universitario.

No es casual que el tema haya surgido durante la intensa guerra sucia que desde el poder se ha lanzado contra la virtual abanderada de la oposición. Que los ataques suelan ser calumnias no significa que no estén rascando por todos lados y dejen de aprovechar cualquier oportunidad que se les presente para desacreditar a la rival que tanto temen. En está ocasión encontraron algo de dónde agarrarse y le dieron vuelo. Si lo distorsionaron para magnificar los errores no debe extrañar, a eso se dedican, y sería ingenuo pensar que actuarán con escrúpulos antes de la elección.

Sin embargo, el oficialismo no es creíble en el tema porque cojea de ese pie. Ellos han sostenido en el máximo tribunal a quien plagió, no partes de un informe sino dos tesis completas, y varios de sus propagandistas han sido pillados con las manos en el copy paste.

Hilarante reacción purista de Claudia Sheinbaum, quien no vivió el apremio de tener que trabajar mientras estudiaba, imitó hasta el acento presidencial para ser destapada y tuvo el descaro de decirse ganadora del Premio Nobel de la Paz por ser abajofirmante de una organización contra el cambio climático, lo que no le impidió construir un segundo piso para automóviles, respaldar al gobierno que privilegió los combustibles fósiles y comprometerse a construir otra refinería. La autoasignada superioridad moral es plagio de dictaduras.

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