La jota es la letra antes de la K

Lo que debe Pemex está considerado, una deuda casi soberana.

 

                ¡No me diga! ¡ay, qué raro!

                Sí, señor, pues muy claro lo sé

                que la jota es un baile

                donde truenan los dedos, y ¡olé!

                Francisco Gabilondo Soler, La jota de la J

El pronunciamiento de ayer por la mañana, del presidente López Obrador alrededor de la recalificacion de la capacidad crediticia de Pemex por parte de una de las tres, la menor, más importantes calificadoras económicas de los Estados Unidos, la fitch, fue tan inmediato como superficial.

El Presidente acusó a la Fitch de ser hipócrita al degradar la capacidad financiera cuando en el régimen pasado patrocinaron con entusiasmo la Reforma Energética que, según López Obrador, propició la corrupción que nos tiene como nos tiene. La actitud presidencial puede provocar el aplauso nacionalista de quienes consideran con razón que los bancos y las empresas financieras no son hermanitas de la caridad, sino pulpos ansiosos de ganancias.

Sin embargo, por encima de ello hay que verlo como el choque de dos cosmogonías ante un mismo fenómeno económico: el enfoque estrictamente técnico, económico, y la actitud en donde la política toma el papel protagónico.

Pemex es la empresa petrolera más endeudada del mundo. Tiene pasivos financieros por 106 mil millones de dólares. Para dar un abono al servicio de esta deuda —esto quiere decir pagar algo de los intereses— hay que volver a pedir prestado. Con la diferencia de que ahora, al pasar la deuda de la petrolera mexicana de la categoría BBB+ a la de BBB menos, el crédito va a ser más caro. En términos anualizados eso traerá, me dicen, un boquete de veinte mil millones más.

Lo que debe Pemex está considerado, en la parla económica, una deuda casi soberana. Esto quiere decir, solamente, que lo que la petrolera debe está avalado por el gobierno de México y su deuda soberana y, que en caso necesario, el Estado se hará cargo del pago. La deuda soberana de cada país, para que sea preocupante, debe superar el 60 por ciento de su PIB. Hace cinco años, nuestro país andaba en

el cuarenta por ciento. La confiabilidad de la deuda soberana de México se debe a que tiene un banco central sólido y autónomo y un régimen fiscal firme, entre otros factores.

Si la capacidad crediticia de Pemex se sigue deteriorando a los ojos de las tres calificadoras principales, un sólo grado más abajo, las notas de deuda de la petrolera serían consideradas basura y la deuda tendría que ser tomada por el Estado como parte de su deuda soberana y eso no le conviene a Pemex; no le conviene a México.

El asunto es que los señores del capital abrigan temores por la política petrolera del nuevo gobierno. Se dice que la presentación que recientemente hizo a los inversionistas, en Nueva York, el director corporativo de Finanzas de Pemex, Alberto Velázquez, dejó muy mala impresión. No tenía idea del negocio, dijeron los analistas; creo que su dominio del idioma inglés no es óptimo. Pero la desconfianza reside más bien en la estrategia que Pemex tiene a futuro inmediato. Según Fitch, Pemex necesita para exploración y producción alrededor de 15 mil millones de dólares; en 2018, el presupuesto de la empresa fue de cuatro mil 500.

Los criterios políticos predominan por encima de los técnicos y la dependencia de Pemex del apoyo del gobierno se ha incrementado y ninguna de esas dos actitudes abonan a favor de una mayor confianza de los dueños del dinero. En lo personal, a mí no me hace feliz que me cobren las tarjetas de crédito. Pero de que las tengo que pagar, las tengo que pagar; la jota es la letra antes de la K y las letras de cambio se pagan cuando se vencen.

Y, como decía don Teofilito, si se vence el acero…

PILÓN.- Vimos la otra mañana, literalmente, una venta de garage. Más de un centenar de vehículos negros, mayormente camionetas se pondrán en subasta el sábado y el domingo de la entrega de los Premios Oscar, en la Base Aérea de Santa Lucía. Son vehículos que ya habíamos visto transportando en caravana a altos funcionarios del gobierno o a sus familias. No me alcanza mi domingo para meter los dos millones de pesos que es la puja inicial para el carrazo que me gustó. De todas maneras, me queda claro que los ganones van a ser los poderosos loteros de autos de medio cachete, que disponen de los fondos para quedarse con tan jugoso lote. Buen provecho.

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