Regresar al huerto

Václav Havel, eje transformador y democratizador de la antigua Checoslovaquia, crece y crece conforme pasan los años.

Camino por la librería con la otra esperanza, la que uno disimula: encontrar aquello de lo que no se sabe, aventura que vamos perdiendo por ir directo a la pantalla y encontrar en instantes los títulos deseados o necesarios que llegan en tiempo récord. Allí estaba, pasta azul –bastante llamativa– y una introducción de Julian Barnes, autor brillante. Edición de Blackie Books con unas provocadoras ilustraciones de Quentin Blake. Había olvidado el título completo: Cándido o el optimismo.  Hoy cualquier receta para el optimismo cae bien. Nunca admitió la autoría. Lo firmó Monsieur le docteur Ralph. Pero se hizo evidente: era de Voltaire. Décadas de haberlo leído en una edición muy pobre. Cuento largo, novela corta, “novela filosófica” a decir de Barnes, da igual, las lecciones están allí: no vivimos en el mejor de los mundos posibles, las cosas pueden ser mucho peor. Vayamos al loco viaje de Cándido por todo el mundo, imposible para Voltaire. En ésas descubre El dorado en Sudamérica y nos invita a navegar por la condición humana “… a cultivar nuestro huerto”. Voltaire debate a la distancia con Leibniz. ¿El mejor de los mundos?

Notable: En busca de consuelo de Michael Ignatieff –Taurus– Vivir con esperanza en tiempos oscuros es el subtítulo. No es un paseo por el parque. Es un libro serio de filosofía, pero la cosecha es enorme. Ignatieff, un filósofo liberal que incursionó en la política de Canadá, traza un novedoso curso de navegación: el consuelo. Qué buscaron los estoicos, o Mahler o Dante y Marx, o Anna Ajmátova. No hay receta. Ignatieff ofrece una breve presentación biográfica y los diferentes dilemas de cada vida. De excepción.

En este fantástico renacimiento de Stefan Zweig, Américo Vespucio: Relato de un error histórico, Acantilado. Breve y apasionante entretejido de una relación desvirtuada por el trasiego histórico. Todo conducido por la notable pluma de Zweig. Un gozo.

Nunca sobrará regresar a ellas: Meditaciones de Marco Aurelio, Gandhi Ediciones. Excelente introducción, sobria presentación. Libro Décimo: “A mi alma. ¿Vas a alcanzar alguna vez la bondad? Vas a ser alguna vez sencillo, íntegro y desnudo…”. Siglos pasan y las líneas viven.

En tiempos de vacas flacas en lo que a liderazgo se refiere, alienta revivir esos casos de pensamiento con acción. El poder de los sin poder y otros escritos de Václav Havel, editorial Encuentro e Instituto Universitario de Estudios Europeos. Poeta, dramaturgo, hombre de convicciones y de acción, esta recuperación de sus escritos da cuenta de la pobreza política que merodea. Havel, eje transformador y democratizador de la antigua Checoslovaquia, crece y crece conforme pasan los años.

Economista, futurólogo, pero un apasionado del funcionamiento de la mente, Julio A. Millán Bojalil nos ofrece un herético recorrido, La conciencia del tiempo. Su brújula nos lleva por el insondable océano de la interpretación del tiempo. Con los años, la conciencia del tiempo muta, debe hacerlo. De alguna manera madurar –si es que algo así existe– exige esa mutación. El lector se topará con citas de Paz o discusiones del tiempo en la cosmología. Banco de Tecnologías, en Amazon.

Jorge Comensal, narrador, ensayista, una excelente pluma con causas como ventilar el cáncer y defender nuestro entorno, pasión incontenible, ahora es Materia viva (Antílope). Con sus ensayos nos hará recorrer las Galápagos, ver de cerca a los manatíes y los zopilotes de Acapulco. Una visión sensible de la riqueza de lo vivo que –con frecuencia– olvidamos.

Uf, se acaba el espacio. República de Weimar de Jacobo Dayán, un doloroso recorrido por una de las destrucciones institucionales más vergonzosas de la humanidad.

Grano de Sal nos ha malacostumbrado a ediciones deliciosas, ahora llega Mark Twain: un viaje a contracorriente. Una cana al aire Arboretum de K. Scott y T. Kirkham (Océano-Travesía). Una belleza.

¡Felices lecturas!

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