Elecciones 2021

La descomposición del proceso electoral es tal, que, irónicamente, el partido en el poder y el poder mismo se valen de instituciones que ha mandado al diablo de palabra y obra

La democracia no es sólo convocar elecciones,

                es Estado de derecho, sistemas de reglas, poderes            

separados, prensa autónoma, magistratura independiente.

                G. Vernetti

Nuestra Constitución general establece que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo y éste tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Las elecciones son la fórmula democrática idónea para que la ciudadanía determine cómo y quiénes representarán al pueblo dentro del marco del derecho que nos rige.

Estamos a unos días de la elección más importante en la historia del país en todos los sentidos, se va a elegir a 21,368 funcionarios públicos, 3,528 representantes populares, 302 más que en la elección pasada; se elegirán servidores municipales, estatales y federales, habrá 15 gubernaturas, 500 diputados federales, considerando la reelección.

Desde nuestro personal punto de vista se establecerá un “parteaguas,” pues con la elección de 1,063 diputados de 30 congresos locales, sumados a los federales, podrá establecerse el justo equilibrio para evitar la atrabiliaria reforma de nuestra Constitución a modo y gusto del Ejecutivo, o bien continuar con la desordenada y peligrosa destrucción del espíritu del Constituyente del 17, con modificaciones a la Carta Magna que, con la decisión de unos cuantos, se vulnera la soberanía del pueblo mexicano.

1,926 alcaldes de 30 entidades, parteaguas también, que incide en el fortalecimiento o debilitamiento del principio democrático del “municipio libre”, célula primigenia de nuestro sistema democrático republicano.

Cálculos del INE señalan una lista nominal de 94 millones 800 mil electores; 5 millones más que en la elección pasada, a pesar de que como, ya escribíamos, muchos jóvenes que estarían en edad de votar por primera vez no alcanzaron a empadronarse.

A unos días de la elección, el proceso se tiñe de sangre y violencia, acusaciones, fraudes y toda clase de conductas oscuras y perversas, una guerra sucia que se intensifica con la indebida y arrogante intervención del presidente de México, quien, despreciando una vez más la autonomía de las instituciones, ataca vulgarmente al INE y semejantes estatales a la persecución de la Fiscalía General de la República, las Fiscalías locales (caso claro de la CDMX) y otros organismos no autónomos, pero mayormente intrusivos que utilizan los servicios de “inteligencia ” en perjuicio de nuestra soberanía.

La judicialización de los candidatos de oposición (sin que exista pronunciamiento del INE al respecto) terminará por caer después del proceso, pues las acusaciones no reúnen el mínimo constitucional y sí violan flagrantemente el principio de inocencia.

La descomposición del proceso electoral es tal que, irónicamente, el partido en el poder y el poder mismo se valen de instituciones que ha mandado al diablo de palabra y obra, para utilizarlas en contra de sus opositores, que suelen ser llamados “enemigos” lo cual resulta, además de paradójico, ofensivo, destructivo y cínico.

Los casos de candidatos de Morena a las gubernaturas de Guerrero y Michoacán resultaron no sólo ofensivos y violentas, se convirtieron en una charada vulgar. Gobernadores y candidatos punteros de oposición, los damnificados en este proceso electoral.

De los ataques del Presidente contra el INE, el más reciente, contra los consejeros de este órgano constitucional, es acusarlos de impedir la democracia.

Al ya vulnerado proceso electoral, teñido de violencia y sangre, no podemos soslayar el oprobioso y cobarde asesinato de Abel Murrieta, candidato de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Cajeme, Sonora. Hombre empeñado en tareas de procuración de justicia y defensa de los derechos humanos, defensor de la democracia. Nuestro sentido pésame.

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