El INE a la picota

Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles, y otra para quien no les dice a tiempo la verdad. José ...

                Los pueblos han de tener una picota

                para quien les azuza a odios inútiles,

                y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

                José Martí

La picota se define como “columna, generalmente situada a la entrada de los pueblos, que se utilizaba para exponer a los reos a la vergüenza pública, y las cabezas de los ajusticiados para que sirviesen de escarmiento”. Este tratamiento dado por el Presidente de la República, el líder de Morena y afines al Instituto Nacional Electoral (INE) con una sistemática cadena de ataques, la más reciente con motivo de la fallida “consulta popular”, haciendo al órgano constitucional autónomo, responsable del fracaso de tal charada, resulta intolerable y vulnera la democracia.

El enriquecimiento de nuestro orden jurídico, a la par con el fortalecimiento de la democracia, con la creación del INE tiene todo un antecedente histórico, una explicación de las fuerzas que empujaron este cambio, anhelos democráticos en la vida constitucional mexicana para lograr la autonomía de esta institución, que, desde luego, es perfectible, pero impensable una regresión para someterla al Ejecutivo.

La trayectoria seguida por esta reforma constitucional representó la superación de un sinnúmero de obstáculos, entre ellos el pensamiento político distorsionado que se aferraba al sometimiento de una institución electoral a la autoridad del Presidente y se resistía a reconocer la autonomía de un órgano constitucional electoral y que ahora pretende un terrible retroceso, incluso su desaparición, lo cual resulta inaceptable.

Amenaza grave para las instituciones políticas es la ignorancia, la desinformación y el engaño; un pueblo consciente de su nacionalidad e informado es vital para que, con sus aportaciones, se vigorice cualquier forma de gobierno.

Los procesos electorales y, en su caso, las novedosas consultas populares tienen necesariamente que organizarse con una transparencia administrativa absoluta, sin engaños ni acrobacias políticas, es, sin duda, el proceso electoral el más complicado de las democracias, pero si se cuenta con solidez jurídica aunada a la moralidad pública, el proceso se fortalece, se vuelve veraz y se logra la confianza en la libertad y certeza del voto.

Los ataques furibundos en contra del INE (hoy está en la picota) contra los otros Poderes de la Unión y de los órganos constitucionales autónomos son ataques a la libertad en nombre de insolentes estructuras políticas que buscan la subordinación absoluta de cualquier institución política al Ejecutivo federal.

El totalitarismo o la neodictadura es una singular revoltura de viejas ideas políticas, disfrazadas de novedad, cuando en realidad las estructuras han sido debilitadas, vencidas, vamos, por democracias renovadas; nada nuevo, neodictaduras utilizadas como arma de gobierno.

Hoy más que nunca se hace necesario construir el futuro del Estado sobre auténticas bases democráticas, sin engaños o eufemismos, sobre la base de que la auténtica soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo.

Nuestro país empieza a desarrollarse dentro de los beneficios de la madurez de sus formas institucionales (ataques a los órganos constitucionales autónomos en nada abona a esta madurez). Hay todavía prácticas viciosas en materia electoral, pero estamos logrando apenas lo más complicado, que es la integración de la conciencia política nacional y la auténtica opinión pública. En este sentido la “consulta popular” (sic) reciente nos señaló el derrotero.

  • APOSTILLA

Cumplió con el Estado de derecho el ministro Arturo Zaldívar, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) cuando anunció, ayer por la mañana, que dejará su puesto en 2022, obedeciendo así lo establecido por la Constitución.

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