Corrupción

La cruzada de la “honestidad valiente” fue determinante para hacerse de la votación necesaria y alcanzar la Presidencia de la República, largamente buscada.

Servirse de un cargo público para enriquecimiento

                personal resulta no ya inmoral,

                sino criminal y abominable.

                Cicerón (106-43 a. C.)

Hace un par de días se conmemoró el Día Internacional Contra la Corrupción, fenómeno tan añejo como la sociedad misma.

Ya Cicerón sentenciaba en su Tratado de la República la necesidad de que los magistrados dieran cuenta de sus actos y que la vuelta a la vida privada no los eximía de la aplicación de acciones legales que pudiesen aplicarles.

La inminente relación entre el respeto al Estado de derecho y la gobernanza, obliga a cumplir y hacer cumplir las leyes y cuando el gobierno las quebranta, da carta abierta a la ciudadanía para que las transgreda de igual manera.

Un gobierno corrupto es ilegítimo, pierde la confianza, el control de su quehacer y sitúa en grave peligro la estabilidad y la paz social.

Otrora oferta política de campaña del hoy titular del Ejecutivo federal, reseñó su prioridad como una gran oportunidad política, era el camino fácil para motivar la ”revancha política”, caldo de cultivo que aprovechaba el hartazgo de la sociedad civil, en quien encontraría en la escandalosa corrupción, una suerte de venganza pública.

La cruzada de la “honestidad valiente” fue determinante para hacerse de la votación necesaria y alcanzar la Presidencia de la República, largamente buscada.

La cruzada ya iniciada como gobierno no ha dado los resultados ofrecidos, casos esporádicos, mal estructurados que, lejos de alcanzar el objetivo de la justicia, generan un sentimiento de impunidad.

Considerar la corrupción como delito per se es una pifia jurídica, ya que ésta es una enfermedad social criminal, inmoral y sin ninguna ética, cuyo resultado material constituye delitos específicos, previstos y penados (presupuesto fundamental del derecho penal) en las diversas legislaciones penales del mundo por ser este, un fenómeno universal.

La “honestidad valiente” la honradez, la moral y la ética fueron propuesta política, que se ha visto empañada desde el inicio de esta administración, con conductas (con apariencia de delito, como reza el nuevo sistema penal) tipificadas en leyes punitivas (como exige nuestra Constitución) de la estructura gubernamental que arrastra los vicios devastadores de la corrupción.

Grave, muy grave que en los actos de corrupción se vean involucradas las actuales instancias de gobierno, obligadas a combatirla (ésa fue otra promesa entregada a la ciudadanía, en tiempos de campaña) y que a la fecha han desatado una guerra política intestina, degradando el fin primordial de la buena gobernanza; acontecimientos del dominio público que vulneran en todo el orden político y jurídico del país y que resulta ocioso enlistar en este espacio.

Ejemplos recientes de esta criminalidad: tragedia fatal y dolorosa, la muerte de al menos 55 personas, 105 heridas y un número indeterminado de desaparecidas; migrantes centroamericanos, en suelo mexicano. Inadmisible e intolerable consecuencia de la corrupción. (Nuestra solidaridad y sinceras condolencias con los deudos).

Corrupción que impacta de manera frontal costos y precios, en una economía insana que en función de decisiones erráticas genera incertidumbre y no sólo inhibe la inversión extranjera, ahuyenta la existente, aunada a la falta de un ambiente de legalidad y certeza para un mercado internacional que con base en los regímenes de derecho internacional y, concretamente, en los tratados internacionales signados y aprobados, que exigen normas ciertas y congruentes; una razón más de presión internacional constante por ese incumplimiento o posible alteración de los mismos. Hoy el Banco de México reporta un índice inflacionario del 7.08 por ciento.

“La corrupción inhibe toda viabilidad nacional”.

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