Principios a modo
La agenda social no es exclusiva de quienes se identifican con los partidos en el gobierno.
La defensa de los grupos minoritarios y vulnerables ha sido siempre una de las banderas estandarte de Morena, sin embargo, es más un eslogan de mercadotecnia que la verdadera naturaleza de su ser.
La agenda de grupos vulnerables y minoritarios no puede estar sujeta a la campaña del momento. Pese a ello, siempre se ha utilizado para ganar adeptos con la promesa de un mejor futuro y la construcción de instituciones que velen por su bienestar. Sin embargo, una vez en el poder descubren su verdadero ser y sus reales intenciones salen a la luz.
Se equivocan cuando piensan que la agenda de la diversidad y la protección a grupos minoritarios es un monopolio exclusivo de Morena. Se quiere hacer creer –equivocadamente– que la agenda social es exclusiva de quienes se identifican con los partidos en el gobierno y pintan de antagonistas a todo aquel ajeno a ellos.
Sin embargo, vale la pena ver lo recién ocurrido en el Congreso de la Ciudad de México en donde el partido en el gobierno, aquel que se jacta de la autoridad moral de izquierda, traiciona todo principio ético y descubre sus verdaderos intereses, echando por la borda todo su discurso progresista para someterse a los caprichos de una jefa de Gobierno que ya solo busca de dónde sacar más dinero para su campaña.
El grupo parlamentario de Morena reformó la Ley para el Reconocimiento y la Atención de las Personas LGBTQ+ para ajustarla a sus intereses presupuestales y condicionar la atención a este grupo social a la existencia de recursos dentro de la CDMX. Esta ley que da forma, entre otras cosas, a la Unidad de Atención a la Diversidad Sexual (UNADIS) como un órgano desconcentrado para la asistencia social a personas que se encuentren en vulnerabilidad por su orientación sexual, identidad o expresión de género.
Este espacio y la agenda LGBTQ+ han sido estandarte de campaña para la atracción de votos. Pero, una vez en el poder, se les olvida lo prometido y cuando los recursos escasean, buscan encasillar en un cubículo de burocracia la atención integral. Es por ello que Morena empujó que esta unidad sea absorbida por la Secretaría de Gobierno y con ello, condicionar el ejercicio y acceso a ese derecho a la suficiencia presupuestal de la dependencia que la absorbió.
En un acto de simulada austeridad, Claudia Sheinbaum y su séquito de esbirros legislativos intentaron diluir las garantías de un grupo social vulnerable, cambiando a modo sus convicciones y ajustando sus principios a las condiciones políticas y electorales del momento. Sin embargo, gracias al debate legislativo y a que exhibimos sus oscuros motivos, fue que logramos conjurar una reserva para que se respeten los derechos ganados, modificando el fondo de su reforma, con lo que dejamos en claro que en la ciudad no se retrocede en materia de derechos.
Al final, todo se reduce a recursos y votos. Hoy lo que hacen falta son los recursos para promocionar a la jefa de Gobierno; mañana que se necesiten los votos, se volverá a ajustar la ley. Porque así es la tierra de Morena, en donde con las palabras se defiende a la ciudadanía, pero con los actos, se le traiciona. De no haber sido por nosotros, la falsa austeridad de Sheinbaum hubiera arrebatado los derechos ganados a la comunidad LGBTQ+.
