Planeación de Cuarta
Todo el procedimiento de planeación ha sido un cúmulo de errores que siguen postergando la entrada en vigor de los instrumentos que deberían regir todas las decisiones del gobierno y de las alcaldías.
El desaseo en casa está llevando a Claudia Sheinbaum a quedarse sola en la Ciudad de México.
Las miras, aspiraciones y energía de la jefa de Gobierno están en todo el país, menos en la entidad que legalmente gobierna. Es tal su abandono y ausencia que no se percata que ya perdió a los capitalinos y está perdiendo a los pocos colaboradores que, en su materia, son un referente por su profesionalismo y trabajo.
Hace un par de semanas, Roberto Eibenschutz presentó su renuncia como miembro del Directorio Técnico y de la Junta de Gobierno del Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México. El motivo: la clara falta de compromiso y apoyo decidido de las instancias de gobierno, sumado a la falta de dedicación para lograr su objetivo.
Eibenschutz es el mentor del actual director del IPDP, Pablo Benlliure, y también padre ideológico del urbanismo de izquierda en la CDMX. No es posible entender el desarrollo urbano durante los gobiernos de izquierda desde Cuauhtémoc Cárdenas, en donde siempre ha figurado la guía del arquitecto que hoy decide abandonar a una gobernadora ausente, que no ha permitido construir una planeación sólida y transparente por atender sus compromisos de corcholata.
Pese a que en la CDMX habitamos 9.2 millones de personas, sólo 14,529 participaron en las dos consultas que se realizaron el año pasado (una dirigida a la ciudadanía en general; la otra, dirigida a pueblos, barrios y comunidades indígenas) para opinar acerca del Plan General de Desarrollo y Programa General de Ordenamiento Territorial.
¿Por qué fracasó? Falta de apoyo del gobierno de la ciudad, así de sencillo. La Constitución de la CDMX estableció un sistema de planeación innovador, que evitara que cada gobierno en turno pretendiera comenzar de cero y a partir de ocurrencias. Se determinó que la visión de ciudad a largo plazo sería elaborada no por el gobierno en turno, sino por un organismo especializado para luego ponerlo a consulta de la ciudadanía. El papel del gobierno de la ciudad sólo era el de facilitador para llevar a cabo la consulta y, aun así, fracasó.
Desde el inicio del gobierno de Sheinbaum, todo el procedimiento de planeación ha sido un cúmulo de errores que siguen postergando la entrada en vigor de los instrumentos que deberían regir todas las decisiones del gobierno y de las alcaldías. La propia jefa de Gobierno el 8 de diciembre pasado dijo que no estaba de acuerdo con el Programa de Ordenamiento Territorial que se estaba consultando, cuando ella misma se dio cuenta de las fallas del documento luego de la inconformidad de los habitantes de Xochimilco, que impidieron la realización de la consulta en varias colonias.
¿Qué tan mal estarán las cosas en el sistema de planeación que llevó a la renuncia de Eibenschutz? Lejos de sumarle a su prestigio profesional, se dio cuenta de que lo que está haciendo Claudia es tan malo que prefirió no ser parte de ello.
La ciudad es un barco a la deriva, sin rumbo y con una capitana fuera del barco, en campaña. Sin planeación, sólo le queda a este gobierno la improvisación.
