Mujeres sin fiscal
Rumbo al 8M, Día Internacional de la Mujer, Morena y el Gobierno de la Ciudad de México no se cansan de demostrar lo poco que les importa la defensa de los derechos de las mujeres. Al estar en contra de la destitución de dos funcionarios del Gobierno de Claudia ...
Rumbo al 8M, Día Internacional de la Mujer, Morena y el Gobierno de la Ciudad de México no se cansan de demostrar lo poco que les importa la defensa de los derechos de las mujeres.
Al estar en contra de la destitución de dos funcionarios del Gobierno de Claudia Sheinbaum por abuso sexual, ambos con denuncias en la Fiscalía de la Ciudad de México, Morena lo único que exhibe es el desprecio por la legítima lucha feminista y el poco compromiso para con las mujeres y las víctimas de estos delitos.
Porque aquí, en esta ciudad, a la ya de por si difícil situación que viven las mujeres se suma la omisión, cuando menos de las autoridades, para garantizar la protección de sus derechos. Para que hagan caso de una desaparición hay que cerrar la carretera, para que investiguen hay que protestar, hay que exigir que cumplan con su trabajo y todavía se atreven a decir que éste es un gobierno feminista y sororo.
Aquí se duda de la víctima, no del victimario, aquí se cuestiona a la mujer y no al machista, aquí se critica al movimiento que busca reconocimiento legítimo y no a quienes oprimen, corrompen y lastiman.
¿No se cansan en la Fiscalía de tapar a delincuentes y ser omisos ante los atropellos de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad de México? ¿Qué tiene que pasar para que se garantice la seguridad de mujeres, niñas y adolescentes?
La fiscal Ernestina Godoy entiende la sororidad como la lealtad y la empatía para una sola mujer, que es la mujer para la que trabaja, la jefa de Gobierno.
Ser feminista no es sólo decirlo, no es tomar una foto el 8M, ser feminista es reconocer una lucha de décadas, es no proteger a ningún hombre que violente a una mujer y atender los casos de desapariciones, es impulsar políticas públicas a favor de la igualdad, pero también sancionar con todo el rigor conductas contrarias que lastimen la dignidad de las mujeres.
Es creerle a la víctima y no revictimizarla, si un servidor público acosa, molesta, degrada, denigra o violenta a una mujer tiene que enfrentar las consecuencias legales de eso, porque defenderlo es ser cómplice, es darle otra vez la espalda a las mujeres, es no querer vivir en una sociedad igualitaria y justa.
Les han fallado a las mujeres, no sólo están lejos de abanderar las causas de un movimiento legítimo, sino que han fracasado en lo más básico en escucharlas, en atender las peticiones que deberían ser una obligación.
Lo que sí nos ha quedado claro es que esta transformación feminista no es, porque eso es lo que sí se han dedicado a demostrar. Las mujeres no están al centro, están siempre detrás, siempre al margen de sus intereses partidistas, siempre desamparadas, desprotegidas, vapuleadas e ignoradas.
