Justicia selectiva
Supongo que no debería de sorprenderme, pero el nivel de cinismo con el que se maneja el Gobierno de la Ciudad de México, dirigido por Claudia Sheinbaum, simplemente no deja de asombrarme. Bajo la premisa del monopolio de la acción penal, se ejerce la más exclusiva ...
Supongo que no debería de sorprenderme, pero el nivel de cinismo con el que se maneja el Gobierno de la Ciudad de México, dirigido por Claudia Sheinbaum, simplemente no deja de asombrarme.
Bajo la premisa del monopolio de la acción penal, se ejerce la más exclusiva justicia selectiva, en donde la ley no protege a todos los individuos por igual, al tiempo que tampoco se protegen los derechos inalienables que todo ser humano debería de gozar.
En la Ciudad de México de Claudia Sheinbaum, la ley refleja el poder que ella ostenta y en donde su criterio se convierte en el fiel de la balanza de la justicia. Sus enemigos son perseguidos, mientras que sus allegados son protegidos.
Su sentencia en el púlpito público se convierte en el juicio de quienes serán culpables ante la opinión pública, por el puro hecho de haber sido señalado por una mandataria vengativa.
La justicia selectiva de Sheinbaum se reduce al señalamiento público de sus contrincantes para responsabilizarlos por los delitos que ella busca encubrir, o por lo menos, de los que pretende dejar fuera a los integrantes de su círculo más cercano, como lo es Florencia Serranía.
La jefa de Gobierno, a través de la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México, decidió que la exdirectora del Metro no sería parte de la teoría del caso en el derrumbe de la Línea 12. En su proceso de justicia selectiva, Sheinbaum determinó que Serranía no formaría parte del grupo de responsables, por el contrario, la refugió y protegió hasta el cansancio, tan es así que la removió del cargo, no como sanción o castigo, sino para retirarla de los reflectores y de los medios, para resguardarla desde las sombras.
Ya lo dije antes y lo repito, ni con el pétalo de una comparecencia ha sido tocada Florencia Serranía. El solo hecho de que comparezca podría manchar su imagen pública, en una violación a sus derechos humanos; en contraste, exfuncionarios públicos y contrincantes políticos han sido señalados, acosados y exhibidos, para ellos no ha habido la misma protección a sus derechos humanos y políticos, para ellos los reflectores y el banquillo de los acusados.
Acorralada contra la pared, Sheinbaum mutila un dictamen que ella misma contrató, y pagó con los impuestos de los ciudadanos, por el puro hecho de exhibir la incompetencia de Florencia Serranía. Oculta la evidencia y lanza a la hoguera del escrutinio público a sus oponentes, en un modelo de justicia que deja mucho que desear.
Las distintas varas con las que se mide la justicia en la CDMX ponen en evidencia que somos una ciudad de muchas leyes, pero poco Estado de derecho. El marco jurídico se usa para reflejar el poder de quien gobierna, y la ley no se aplica por igual para todos, sino que responde al capricho de una jefa de Gobierno incongruente empecinada en castigar en función de sus criterios e intereses personales y quienes están en su mira son todos aquellos que representen el mínimo ápice de riesgo a su aspiración presidencial.
Así la justicia selectiva en una ciudad de amigos, gobernada por una jefa de Gobierno negada a la justicia, ausente del cargo por estar en su anticipada campaña.
