El Ovidio de la capital
El titular de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, coordinó el operativo en alineación con autoridades de Monterrey, Nuevo León, para concretar la detención de Lenin Canchola Martínez, alias El General.
Cuando hay compromiso con la función pública y voluntad para hacer el trabajo que ésta demanda, se pueden obtener grandes y trascendentes logros para la nación y la ciudadanía.
En un operativo casi quirúrgico, sin aparatosos montajes ni uso de violencia, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México detuvo a Lenin Jonathan Canchola Martínez, alias El General, líder del grupo delictivo Malcriados 3AD, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.
El titular de la dependencia, Omar García Harfuch, coordinó el operativo en alineación con autoridades de esta entidad del norte del país para concretar la detención de uno los líderes criminales más buscados y temidos de la CDMX, dejando ver que para dar resultados en contra del crimen organizado, no se requieren las ostentosas acciones de la Guardia Nacional. Acierto que, además, se da en el marco del tercer aniversario de la Guardia Nacional, que mientras se encontraba de plácemes, la policía de la CDMX les daba cátedra de cómo montar un operativo.
El fracaso de la Guardia Nacional y del modelo de seguridad que impulsó Andrés Manuel López Obrador es apabullante, pero más lo es cuando se contrasta con el trabajo de García Harfuch, quien emanó de cuerpos policiales; no fue formado en el Ejército y, a diferencia de las autoridades federales, cuenta con detenciones relevantes para impactar la operación de grupos delictivos.
Pese a este fallo, el Presidente insiste en que la Guardia Nacional debe depender de la Secretaría de la Defensa Nacional.
De acuerdo con su miopía, si la GN depende de una secretaría o de una institución civil sin el profesionalismo, disciplina o doctrina del Ejército, se caerá en las tentaciones del poder y del dinero.
Por supuesto que dentro del limitado lenguaje de AMLO, siempre aparecerán las palabras poder, dinero, mafias, porque es incapaz de ver más allá sus propias acciones y las consecuencias que han dejado. Atribuye sus fracasos a los fantasmas que lo aquejan y por ello se inclina por la doctrina militar, como si en ella se encontraran la solución a su debacle.
El trabajo y resultados de García Harfuch contradicen por completo la hipótesis del Presidente. No se requiere una militarización de la seguridad pública como la que pretende impulsar –misma que, por cierto, él tanto repudió. El fracaso de la Guardia Nacional tiene su origen en la estrategia de López Obrador, en la necedad de procurar más a los delincuentes que a los ciudadanos. Por fomentar un “narcopacto”, lo quiera reconocer o no. Por ordenar la liberación de Ovidio Guzmán, después de un atroz y violento operativo. Por saludar efusivamente a la mamá de El Chapo Guzmán.
La estrategia “abrazos, no balazos” es la síntesis de su fracaso. Mientras, en la CDMX, le han demostrado que querer es poder, y cuando se usa la inteligencia, investigación y coordinación institucional, se puede detener a los líderes criminales sin recurrir a la violencia ni al Ejército. El Presidente fracasa porque quiere, y la sumisión de la Guardia Nacional a la Sedena sólo empeorarán los resultados que obtiene.
