El negocio de la ivermectina

Hoy salen a la luz nuevos estudios científicos que no hacen otra cosa que confirmar el nulo efecto del fármaco en pacientes enfermos de covid-19, aunque reiteran que tampoco empeora la salud de los contagiados

Claudia Sheinbaum lucró con la pandemia y con la salud de los ciudadanos. Se puso en riesgo la vida de miles de enfermos y se firmaron contratos millonarios que beneficiaron a unos cuantos.

Bajo la promesa de mejorar su salud y con la expectativa de un virus desconocido, el Gobierno de la Ciudad suministró kits con un fármaco que se usa para tratar parásitos en vacas y caballos. Miles de personas recibieron un tratamiento con ivermectina, medicamento no aprobado para atender a pacientes con covid-19, y si bien no hay registros de que el consumo del biológico sea contraproducente, tampoco había evidencias de que fuera benéfico.

De fondo, lo único claro es que en la Ciudad de México la compra se hizo a través de adjudicaciones directas a empresas con poco o nulo historial en la venta de farmacéuticos, con lo que no se redujeron contagios, pero sí se engordaron los bolsillos de ciertas personas. Fue un negocio redondo e inmoral por parte de funcionarios de los gobiernos federal y local, al más puro estilo de los hijos de Manuel Bartlett, quienes vendieron ventiladores para atender a pacientes con covid-19 al gobierno a sobreprecio, a través de una empresa creada apenas unos cuantos años atrás.

Éste es el nuevo modo de hacer negocio con recursos públicos en los gobiernos de Morena. En la CDMX, sin evidencias científicas que respaldaran la decisión, se pagaron 25 millones de pesos para comprar la ivermectina a empresas de bajo perfil para armar kits propagandísticos y crear negocios que beneficiaron a unos cuantos y que no mejoraron la salud de absolutamente nadie.

No es casualidad que las empresas proveedoras del medicamento fueran creadas apenas entre 2018 y 2019, y sin un claro perfil de proveedores farmacéuticos especializados a gobiernos. Con la complicidad de funcionarios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y de la Ciudad de México, se adquirieron los medicamentos que fueron suministrados, además, sin el consentimiento de los ciudadanos que desconocían, en ese momento, para qué servía el fármaco.

Cabe recordar que meses después, funcionarios de la Agencia Digital de Innovación Publica de la CDMX y del IMSS redactaron un paper que publicaron en un portal con el cual buscaron justificar el uso de la ivermectina bajo el falso argumento de ser consecuencia de un estudio “cuasi experimental” con pacientes enfermos que habían demostrado una mejora.

Hoy salen a la luz nuevos estudios científicos que no hacen otra cosa que confirmar el nulo efecto de la ivermectina en pacientes enfermos de covid-19, que reiteran que tampoco empeora la salud de los contagiados, pero crea falsas expectativas de una mejoría en su salud que, simplemente, no llegará.

La falta de ética de Claudia Sheinbaum y los funcionarios involucrados me asquea de sobremanera. Lucraron con la salud de los ciudadanos, crearon esperanzas sin sustento, enriquecieron a unos cuantos y las preguntas que quedan al aire son: ¿por qué impulsaron la entrega de un fármaco sin beneficio alguno? ¿Por qué se publicó un paper a todas luces falso? ¿Quiénes fueron los beneficiados con las adjudicaciones directas?

Hoy siguen sin rendir cuentas sobre el uso faccioso y electoral de los recursos, pero sospecho que de alguna manera terminarán en la campaña presidencial de la jefa de Gobierno.

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