El lastre legislativo de la CDMX

Los diputados de Morena no quisieron sesionar.

Hace algunas semanas, el diputado local del Partido Verde, Jesús Sesma, dijo, en una sesión del Congreso de la CDMX, que ésta era la peor legislatura en la que había participado. El comentario cobra relevancia viniendo de alguien que ha sido diputado federal y local varias veces, y que ahora es aliado de Morena. Y no le falta razón.

Esta segunda legislatura del Congreso capitalino es la más improductiva, la que más tiempo le ha dedicado a asuntos intrascendentes para la ciudadanía, y la que menos capacidad para hacer política –entendiéndola como diálogo y negociación– ha demostrado. Aquí un resumen de lo ocurrido en las tres últimas sesiones del Congreso.

Sesión del jueves 10 de marzo: Morena pretendía que se aprobara la solicitud de licencia de nueve de sus diputados (para irse a hacer campaña en favor de López Obrador), con lo que habrían sumado 14 diputadas y diputados con licencia, lo que habría violado el Reglamento del Congreso, que establece que no puede haber más de una quinta parte de legisladores con licencia al mismo tiempo, es decir, 13. Legisladores de la oposición no permitimos tal violación al reglamento, por lo que decidimos no votar y, con ello, no se alcanzó quórum para continuar.

Martes 15 de marzo: Morena presentó un punto de acuerdo para solicitar al INE realice una amplia difusión del proceso de revocación de mandato (no obstante que eso es precisamente lo que ha estado haciendo en las últimas semanas sin los recursos suficientes por la mezquindad de Palacio Nacional y la Secretaría de Hacienda). La discusión de este asunto consumió más de dos horas, por lo que la sesión se levantó sin que se desahogaran todos los asuntos del orden del día.

Jueves 17 de marzo: simplemente no hubo sesión. Los diputados de Morena y aliados decidieron no registrar su asistencia por lo que no hubo quórum para llevar a cabo la sesión. El pretexto que pusieron fue que habían recibido “amenazas de violentar el recinto legislativo”, aunque no sabían de “quién fue la amenaza”, por lo que sus diputados estaban “resguardados”.

No queda claro por qué, si tenían tal información, no la comunicaron a quienes sí estábamos en el recinto: los congresistas de oposición, asesores, banda de guerra para la sesión solemne, las galardonadas y sus invitados. Si fuera cierto, actuaron con la mayor irresponsabilidad, al no comunicar tales amenazas ni solicitar al presidente del Congreso que elementos de Seguridad Ciudadana resguardaran las instalaciones; prefirieron salir corriendo, y dejar a los demás a su suerte.

Ése fue el pretexto, pero la realidad es que los diputados de Morena no quisieron sesionar porque estaban muy nerviosos con el tratamiento que debían darle al comunicado de Sandra Cuevas, en el que informaba de su ausencia al cargo de alcaldesa de la Cuauhtémoc durante un periodo menor a 15 días, quedando como encargado de despacho el director general de Gobierno. Y es que la prioridad de Morena en el Congreso es quitar a Sandra de la alcaldía, para convocar a elecciones, a ver si ahora ganan la demarcación que perdieron en julio con su candidata Dolores Padierna.

Esta segunda legislatura del Congreso de la CDMX es la más improductiva porque Morena y sus aliados sólo priorizan la agenda de su líder supremo López Obrador, y de su aspirante presidencial Claudia Sheinbaum. Por eso no tienen empacho en dejar sus cargos de elección popular para ir a promocionar a Obrador, y desean fervientemente quitar a Cuevas de la Cuauhtémoc, para arrebatarle una alcaldía a la oposición, y hacer más fácil la operación política en favor de la jefa de Gobierno y sus nuevos jugosos proyectos inmobiliarios en la demarcación.

Pero el actuar de Morena en el Congreso local ha sido tan burdamente faccioso, que hasta la propia Sheinbaum ya los regañó, y les dijo que no inicien un juicio político en contra de Cuevas. Entre ellos mismos se regañan y se exhiben en público.

A esta legislatura del Congreso capitalino aún le quedan dos años y medio, y el escenario no parece que vaya a ser distinto. La Ciudad de México está secuestrada por un grupo en el poder que utiliza a las instituciones para cumplir con la voluntad de su líder y para alimentar el apetito presidencial de Sheinbaum, al precio que sea, incluso destituyendo gobiernos democráticamente electos.

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