El destino de la 4T

El pasado domingo 29 de octubre, el Gobierno de la Ciudad anunció con bombo y platillo la reapertura de la Línea 1 del Metro –en el tramo de Pantitlán a Isabel la Católica– con ocho meses de retraso y presumiendo como si fuera la más grande obra de la ...

El pasado domingo 29 de octubre, el Gobierno de la Ciudad anunció con bombo y platillo la reapertura de la Línea 1 del Metro –en el tramo de Pantitlán a Isabel la Católica– con ocho meses de retraso y presumiendo como si fuera la más grande obra de la administración de Sheinbaum.

No duró ni la quincena. A los cinco días de su puesta en marcha, la administración capitalina recibió una bofetada de la realidad que significó la supuesta “modernización” de la principal línea del Sistema de Transporte Colectivo Metro, debido a que los usuarios tuvieron que ser desalojados de uno de los convoyes en el tramo de Pantitlán-Zaragoza, por una falla en el servicio, además de que los tiempos de espera eran de hasta 30 minutos. Otro intento de engaño más para los usuarios.

No era para menos que los trenes fallaran, porque las unidades que corren en estos momentos no son las que compraron a la empresa china CRRC, sino las adquiridas en la administración de Miguel Ángel Mancera con el tan criticado aumento de dos pesos a la tarifa. Esos son los trenes que recorren la L-1, nada más les cambiaron el sistema de pilotaje, de ahí en fuera, todo es igual. La reapertura se convirtió en la confabulación de una gran farsa, en la que se involucró a la diplomacia china en nuestro país, y en la que se pone en riesgo a millones de usuarios que diariamente tienen que utilizar esta línea para trasladarse.

Por cierto, el último Informe Trimestral que envió la Secretaría de Finanzas al Congreso de la CDMX, refiere que la dirección del Metro anda buscando un terreno para almacenar los nuevos convoyes que compró a la empresa china y que los trenes T01 y T02, los que deberían estar circulando en la Línea 1, se encuentran en una fase de prueba. Pero les urgía acabar con la narrativa de que el destino de la 4T viaja en Metro directo al fracaso en el 2024. Lo que sucede en este sistema de transporte muestra la esencia de Morena en la CDMX y en el país, donde todo lo hace mal y a medias. Pero si el Metro no camina, se debe a que es un reflejo del desastre de lo que fue el gobierno de la exregenta Claudia Sheinbaum. No es difícil entender por qué su sucesión se ha convertido en campo de batalla. Calificar de desaseado el proceso de selección de la candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México sería un halago.

Los grupos en disputa de Omar García Harfuch y Clara Brugada se están dando hasta con la cubeta, utilizan a los medios de comunicación para presentar falsos apoyos a uno y otra, además de incendiar las redes sociales cruzando acusaciones y supuestos audios que prueban el encono interno, se desangran a navajazos por las bardas y el colgado de las lonas, pero sobre todo, por el “bastón de mando” que le entregó López a Sheinbaum, o no traía pilas o ya venía descompuesto.

A estas alturas, más allá de quién será  el candidato o candidata de Morena al Gobierno de la CDMX, ambos son protagonistas de la primera derrota de la candidata de El Peje. Es claro que Claudia Sheinbaum no tuvo la capacidad política para procesar una candidatura, su sucesión, pero tampoco pudo dejarle las puertas de su despacho a la que ella quería, y le impusieron a su relevo desde Palacio. Después del proceso interno, habrá muchos lesionados por la disputa electoral morenista.

Otro ejemplo claro de que no tiene el control político Claudia Sheinbaum fue el enorme fracaso que tuvo en el Estadio Azul, donde tuvo que suspender su evento político debido a que no llenó ni una tercera parte de los esperado, porque los grupos morenistas decidieron pasarle factura por pretender imponerles el candidato. Si algo tienen los habitantes de la CDMX es que no olvidan ni perdonan a quienes llegaron con falsas promesas y lejos de mejorar la calidad de vida, la empeoraron con obras a medias y engaños completos, como lo que sucede en la Línea 1 del Metro, en la que desde el Congreso de la Ciudad de México estaremos impulsando una auditoría a la forma en que aplicaron los 37 mil mdp que pidieron de deuda.

Por si faltara algo más del desencanto de los capitalinos con este gobierno, el desdén y la desatención que ha tenido el gobierno federal con la desgracia por la que atraviesan los habitantes de Acapulco a raíz del violento embate del huracán Otis.

Es sabida la cercanía que tienen los defeños con este puerto, que hoy está en ruinas, y se indignan porque la ayuda no está llegando y la que llega es a cuentagotas; además de que le niegan los recursos suficientes para la restauración y sólo apuestan por utilizar el dinero de los fideicomisos del poder judicial para, supuestamente, ayudarlos. Mientras Claudia Sheinbaum utiliza las redes sociales para intentar tapar el sol con un dedo, diciendo que el gobierno federal sí está atendiendo la desgracia, debería poner atención en esta indignación colectiva que crece en la CDMX, que le pasará la factura en las elecciones del 2024.

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