Claudia, la granadera inmobiliaria
La paciencia de Claudia Sheinbaum llegó a su límite. Dejó asomar la tirana que es en la realidad y reprimió con toda brutalidad a los ciudadanos que cuestionaron sus motivos y se opusieron a su agenda privada. El viernes pasado la alcaldía Xochimilco se convirtió en ...
La paciencia de Claudia Sheinbaum llegó a su límite. Dejó asomar la tirana que es en la realidad y reprimió con toda brutalidad a los ciudadanos que cuestionaron sus motivos y se opusieron a su agenda privada.
El viernes pasado la alcaldía Xochimilco se convirtió en el escenario de la represión policial ordenada por la jefa de Gobierno, arteramente implementada y coordinada por el secretario de Gobierno, Martí Batres.
Habitantes del poblado San Gregorio Atlapulco marcaron un alto a la prepotencia de Sheinbaum y su esbirro Batres. Gritaron en alto que no permitirán la explotación de los recursos naturales de la alcaldía y rechazaron las obras de drenaje y saneamiento que encabezaba el gobierno para beneficiar desarrollos inmobiliarios. También lograron detener la consulta del Plan General de Desarrollo y del Programa General de Ordenamiento Territorial, que beneficia a los constructores.
Por supuesto, nada de esto fue del agrado de Sheinbaum, pues el cheque en blanco a los cárteles inmobiliarios se ve comprometido y, en consecuencia, los maletines con los millones de pesos destinados a la campaña de la corcholata preferida del Presidente no llegarán. Los cárteles, las giras y los spots de televisión cuestan dinero y ella necesita los recursos para continuar.
Fue por ello que vimos la brutal respuesta del gobierno en contra de los ciudadanos. Policías violentos reprimiendo la protesta social. La mano de Martí Batres ejecutando certeramente represión en contra de ciudadanos que no hicieron otra cosa más que defender su tierra e ir en contra de Claudia La Granadera; y lo que obtuvieron fue una ola de granaderos.
No se me borra de la mente la foto que circuló en redes sociales de un grupo de granaderos con el pie sobre el cuello de un manifestante tendido en el suelo, rodeado de otros simiescos policías con escudos, sirviendo a la ciudad de los derechos de Morena.
La jefa de Gobierno no se dignó a visitar la zona porque es consciente de la gravedad de lo que hizo. Sabe que será cuestionada y que será expuesta como lo que es: una tirana.
Adicionalmente, no dio la cara al público porque sabe que sería abordada por los medios de comunicación por otro motivo en particular: la resolución del INE ordenándole que se abstenga de continuar con su campaña y evitar el proselitismo en cualquier lugar del país. Una acción que urgía para ponerle un alto a la cínica campaña presidencial que viene realizando.
Sheinbaum y Batres orquestaron un acto de violenta represión. No dudaron en callar mediante la fuerza pública la voz de los ciudadanos cansados de sus transas. Han dejado ver, una vez más, la clase de políticos y personas que son: intolerantes, violentos y represores.
