A dos años de la tragedia
La próxima semana se cumplen dos años de la tragedia del derrumbe de la Línea 12 del Metro, en donde perdieron la vida 26 personas. La noche del 3 de mayo, una trabe entre las estaciones Olivos y Tezonco colapsó mientras el convoy cruzaba, causando la tragedia más ...
La próxima semana se cumplen dos años de la tragedia del derrumbe de la Línea 12 del Metro, en donde perdieron la vida 26 personas. La noche del 3 de mayo, una trabe entre las estaciones Olivos y Tezonco colapsó mientras el convoy cruzaba, causando la tragedia más grande que jamás ha vivido el medio de transporte.
Desde aquel momento, el gobierno de la Ciudad de México cerró en su totalidad la también llamada Línea Dorada para iniciar un proceso rehabilitación que ha arrojado más irregularidades con cada kilómetro de obra que se analiza.
Son dos años de impunidad, opacidad y arreglos en lo oscuro. El dinero debajo de la mesa, la protección a los amigos y el desconocimiento de los dictámenes ha sido el único común denominador en lo que se convierte hoy en el peor y más grave caso de negligencia de un gobierno a costa de vidas humanas.
Veintiséis personas perdieron la vida esa noche. Corrijo, 26 personas fueron asesinadas esa noche por la impunidad y la corrupción en una obra que, si tienen buena memoria, fue acelerada e inaugurada en 2012.
A tan sólo dos años de haber sido inaugurada, en 2014, se suspendió el servicio en el tramo elevado por desgaste acelerado en las vías y fallas en la construcción que fueron reconocidas por el entonces jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Para entonces ya se perfilaba que el mantenimiento de la línea y sus trenes serían determinantes para su funcionamiento.
Al tiempo sólo unas cuantas cabezas de medio pelo han sido ofrecidas para calmar a la opinión pública. Pero a eso nos referiremos después.
Desde sus orígenes, la Línea 12 del Metro, la llamada Línea Dorada, se convirtió en la evidencia de la incapacidad de los gobiernos de nuestra ciudad y en el símbolo de la corrupción y “valemadrismo” del gobierno, que se llenó las manos de sangre de vidas inocentes, de Claudia Sheinbaum.
Ocho años después de iniciar operación, la tragedia. El colapso de un tramo que no hizo otra cosa más que resaltar que quien tenía que mantenerla funcionando, que debía destinarle los recursos necesarios y no llevárselos a otras cosas, simple y sencillamente apostó por el austericidio.
Más allá de los vicios de origen de una obra de suyo arriesgada, fue más grave descubrir que nunca tuvo un mantenimiento ni correcciones adecuadas.
La verdadera responsable, porque es la que con su indiferencia es cómplice de la tragedia, es la hoy corcholata preferida del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Por supuesto que su aspiración no viaja en Metro, pero qué tal que la ambición de la jefa de Gobierno sí es subirse a las vías de una obra que en nada beneficia a la gente para la que trabaja y a donde sí ha desviado recursos, con tal de estar en la foto inaugural, que posiblemente ni siquiera llegue en su sexenio, estoy hablando del Tren Maya. Claudia Sheinbaum, la misma que desestimó los resultados del peritaje de la empresa noruega que ella misma contrató y hasta demandó, porque resultó que la causa de la tragedia fue la falta de mantenimiento y, por consecuencia, ella y su gobierno.
La obra se financió principalmente con el apoyo del gobierno de Felipe Calderón, que hay que reconocerle que supo entender que polarizar no es la vía, tuvo un sobrecosto de 47%, pero eso explica sólo la incapacidad de los gobiernos convertidos hoy en Morena y otra, muy diferente, que aun sabiendo que la falta de mantenimiento podía provocar un accidente fatal, se guardaron el dinero, por decirlo de una manera amable.
No sólo eso, la actual jefa de Gobierno se ha encargado de proteger a todos los responsables. Exfuncionarios capitalinos, empresarios y colaboradores de la administración morenista.
Si la Fiscalía General de Justicia de la CDMX pusiera 2% del esfuerzo que ha puesto en perseguir a sus opositores, en la investigación de los hechos en la Línea 12, hoy estarían tras las rejas Florencia Serranía, exdirectora del Metro, los empresarios involucrados en la construcción a sobrecosto y muchos más que, dicho con ironía, hasta celdas faltarían.
Pero, en la cueva de Claudia, Alí Baba y los ladrones morenistas se protegen, mientras las víctimas mortales y sus familiares siguen sin la reparación del daño –¿cómo reparas un daño así?– y los responsables siguen allá afuera, impunes y en campaña.
