Relación bicentenaria México-Estados Unidos
En un entorno de alta tensión bélica por la invasión militar de la Federación de Rusia a Ucrania y la respuesta en términos de sanciones económicas y movilización militar de los países de Occidente miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN, ...
En un entorno de alta tensión bélica por la invasión militar de la Federación de Rusia a Ucrania y la respuesta en términos de sanciones económicas y movilización militar de los países de Occidente miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), surge el peso histórico de la geopolítica y en nuestro hemisferio es fundamental recoger los antecedentes, presente y futuro de una relación formal, diplomática y comercial entre México y los Estados Unidos.
Hay que recordar que, una vez obtenida la Independencia, el 27 de septiembre de 1821, y transcurridos cerca de 11 años de lucha, México se erigió como país independiente, dejando de ser colonia de una potencia europea; su colindancia con Estados Unidos sería con un país independiente; igual suerte correrían otros Estados latinoamericanos, surgiendo el liderazgo regional y continental, iniciado una nueva era de relación lejos del proteccionismo español a nivel comercial, por lo que habría un nuevo destino para los productos de los dos lados de la frontera.
Tras la Independencia de México, el reconocimiento por parte de Estados Unidos no se hizo esperar, no obstante, no sucedía así al régimen de Agustín de Iturbide, a quien consideraban monárquico y no con elementos del republicanismo, a esto habría que sumar el que, como naciones, estábamos distantes del idioma, de la cultura y de la religiosidad que se ubicaban en los países hispanoparlantes, de México hacia el sur. Iturbide nombró a José Manuel Zozaya como su primer ministro mexicano en Washington, la primera misión inició un 24 de septiembre de 1822, con el propósito de contar con el reconocimiento del vecino del norte y suscribir tratados comerciales y el apoyo, en su caso, de carácter militar ante una eventual invasión de España a territorio nacional.
No obstante, la primera incursión diplomática no tuvo una respuesta que complaciera a la parte mexicana. En los hechos, inicio una interlocución que desembocó, por un lado, en una política expansionista por parte de Estados Unidos y de la doctrina Monroe, en donde América será para los americanos y toda intervención europea al continente sería derrotada con el apoyo de Estados Unidos, y la política exterior mexicana incidió fundamentalmente en defender la soberanía de la nación y la integridad del territorio.
En esta historia ha habido relaciones de conflicto y discordia y, en otras, acuerdos pacíficos y productivos impulsados por las circunstancias y los intereses que en cada momento histórico se han ido presentando, lo turbulento y conflictivo de las relaciones en los primeros cien años han tenido una transformación en la escena diplomática, política y económica, evolucionando propositivamente en beneficio de ambas naciones y, con la experiencia producida, se reconoce que México es un territorio y una economía trascendental para Estados Unidos, un importante aliado y socio en temas de seguridad fronteriza, posicionamiento en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), migración, tratados comerciales (T-MEC), paz social y equilibrios macroeconómicos son sólo algunas circunstancias robustecidas por más de 35 millones de personas de origen mexicano radicadas en Estados Unidos, que generan vínculos de familiaridad binacional.
Hoy más que nunca esta relación bilateral se convierte como un elemento estratégico global por las amenazas y circunstancias que se están suscitando. Construyamos la tercera centuria de esta relación con inteligencia emocional y pragmatismo en beneficio del pueblo estadunidense y mexicano.
