Los símbolos han acompañado a la humanidad explicando en mucho su sentido de pertenencia, la vida, la muerte, la alegría, la tristeza y todo aquello que tiene un significado más allá de lo personal. En el marco de la conferencia matutina de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, y con la presencia del multicampeón y celebre boxeador Saúl Canelo Álvarez; del presidente el Consejo Mundial de Boxeo (WBC, por sus siglas en inglés), Mauricio Sulaimán Saldívar, y de Andrés Sulaimán de la Rosa, se dio el anuncio de un proyecto denominado Guantes Blancos de la Paz, que, entre otros conceptos, arropará la conmemoración del Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, determinado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 6 de abril de cada año, a partir de 2014, ya con el precedente de tener el Récord Guinness por haber conformado la clase masiva de box más numerosa del mundo.
Se pretende que, en la fecha mencionada, se lleve a cabo, de manera simultánea en todas las entidades federativas, una activación deportiva que simbolice, entre otras cosas, un mensaje de unidad, cohesión y desarrollo como parte de los atributos del deporte y la cultura física.
Ante este anuncio ya hay expresiones como la de la Fundación Alfredo Harp Helú para el Deporte, en donde habrá de sumarse con diversas actividades y programas, y seguramente los sectores públicos en sus tres niveles de gobierno, social, privado y enlaces internacionales harán de esta conmemoración un ejemplo de carácter global.
Mahatma Gandhi decía que la paz no sólo es la ausencia de guerra, sino que tiene un significado que abraza de manera transversal lo relativo a la salud, educación, alimentación, seguridad, bienestar social, entre otros aspectos que pueden permitir una existencia que satisfaga las necesidades materiales y afectivas; esos símbolos tan poderosos, que parecieran menores ante la dimensión de las necesidades y problemáticas de la humanidad, se hacen necesarios para que, en lo individual, familiar y social, se tengan ejemplos de disciplina, constancia y perseverancia, es decir, siempre es necesario un alto en el camino para emitir una reflexión sobre las capacidades que socialmente tiene un país como México.
Pareciera distante que en el escenario global que estamos viviendo una manifestación como la que se va a realizar pudiera impactar en la conciencia colectiva, no obstante, estamos en vías de concluir un año que finaliza con amenazas bélicas de gran escala, como lo que acontece en la Franja de Gaza, en la guerra de la Federación Rusa contra Ucrania, los amagos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la llegada al poder en Estados Unidos de Donald Trump, entre otros acontecimientos que promueven la necesidad de que los mensajes de paz puedan materializarse con programas que atiendan las causas de la violencia a nivel local y mundial.
Por ello, tal y como se ha manifestado por parte de la Presidenta de la República, es pertinente reconocer el amplio valor de la familia como célula de la sociedad, que da la base para una cohesión y una protección entre sus integrantes, de tal suerte que todo tipo de manifestaciones que atiendan y promuevan la mediación en los conflictos y el encausamiento de la energía social hacia propósitos que conjuguen diversos valores universales como son el respeto, solidaridad, la amistad, la excelencia, la inclusión y la paz, son elementos indispensables para convocar la estima colectiva.
