El profesor

Los primeros profesores llamados sofistas los podemos igualar con quienes en la universidad se construyen con la figura del maestro.

A Luis Jorge Galindo le apasionan y divierten, como él lo dice, sus quehaceres de carácter profesional, de docencia, cultura y deporte, de ahí su vocación de realizar un libro relativo de su experiencia respecto a la importancia del profesor o profesora que intervenga en despertar las habilidades, empatías y capacidades sobre cualquier tema y, aunque de manera central aborde el tema del deporte, trasluce que este ejemplo se reitera con quienes jerárquicamente hacen las veces de jefes y/o maestros, a la vez, significa que la existencia, en la mayor parte de todos, el grado de influencia de quienes tienen una experiencia o mando, con base a sus funciones, generan la posibilidad de incrementar nuestras capacidades o de disminuirlas.

La sistematización de los saberes se remonta a la sociedad occidental, la cultura griega. Los primeros profesores llamados sofistas los podemos igualar con quienes en la universidad se construyen con la figura del maestro y, de acuerdo con las fluctuaciones históricas, atraviesa periodos de desprestigio social y otros de estimación. Platón decía que el Estado se gestaba en la educación y ello dependerá “de la educación de los educadores”.

En la sociedad romana, el maestro carecía de reconocimiento, habiendo periodos en los que no cobraban salarios, sólo recibían regalos. Sócrates enaltece el sentido social de la docencia en Roma, generando procesos educacionales con rigor y método científico, unificando la educación con las funciones del maestro, plasmando un programa educativo que persigue la perfección humana. En la Edad Media, el maestro se convierte en el eje de la educación y, en la etapa moderna, hay interés por modernizar los programas educativos, por la existencia de edificios escolares y una vertiente social tildada de pedagogía social.

La formación del magisterio es un pilar fundamental en la Reforma, se incrementa el número de escuelas y se expanden las órdenes religiosas que se dedican casi exclusivamente a la enseñanza, generando un vehículo difusor de la ideología. En la edad contemporánea, la escuela comienza a ser un sinónimo de progreso.

En Francia, en 1794, se funda la primera escuela normal de maestros, a partir de eso, otras naciones construyen escuelas normales que serán pioneras en la formación de profesores conservadores de buenas costumbres y guardas del orden social establecido. En el siglo XIX se robustece la importancia de la formación magisterial, el maestro debía ser una persona instruida, preparada cultural y profesionalmente.

El rol del docente, del profesor o del maestro, es de guía, de mediador, un ente personal que acompaña a los estudiantes para construir conocimiento de forma individual y de forma colaborativa, pudiendo ser, desde un modelo constructivista, en donde el estudiante o alumno, como el docente, tienen un papel activo para poder recopilar los conocimientos previos, generar nuevos aprendizajes, ayudar a desarrollar conocimientos conceptuales, procedimentales y, sobre todo, actitudinales.

Una sociedad dinámica, donde todo va cambiando y va transformando la educación académica, deportiva y de todo tipo, tiene que ubicar las nuevas tecnologías como parte de una realidad, en donde se puede alcanzar el conocimiento mediante el aprendizaje, la orientación y la motivación, que sean generadoras de habilidades y de resiliencia.

Al ser esta la última columna del año, me permito, en principio, agradecer al periódico Excélsior la oportunidad de compartir ideas, pensamientos y sentimientos, sobre quehaceres vivenciales y profesionales. Les deseo a todas y todos que tengan felices fiestas, un feliz año nuevo y que haya salud en su cuerpo, fiebre en su corazón y un horizonte hacia donde caminar.

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