80 y + de don Alfredo Harp Helú

Ser y dejar ser es una de las cualidades que distinguen a don Alfredo, en 16 lustros, 8 décadas, en 29,200 días ha vivido y ha podido trascender beneficiando a un cuantioso número de personas a través de su empatía, solidaridad y altruismo, en donde el tema de las ...

Ser y dejar ser es una de las cualidades que distinguen a don Alfredo, en 16 lustros, 8 décadas, en 29,200 días ha vivido y ha podido trascender beneficiando a un cuantioso número de personas a través de su empatía, solidaridad y altruismo, en donde el tema de las enseñanzas del deporte han sido piedra angular para compartir su conocimiento, sentimientos, recursos económicos y materiales para hacer de nuestro país y del mundo un lugar mejor.

Es incuantificable el cambio de destino de estudiantes, maestras, maestros, profesionistas, atletas, equipos multidisciplinarios, emprendedores, empresarios, familias y cualesquier definición de actividades que han sido apoyadas bajo la confianza y el don extraordinario de siempre ver lo mejor en las personas, en este juego de pelota al que el destino le trajo a jugar, siempre con la intención de trascender y hacer trascender a los demás, como equipo, elevando la autoestima y la grupoestima colectiva, haciendo un cambio de rumbo en temas tan transversales como la educación, el bienestar social, la salud, la cultura, el arte, la historia, el medio ambiente y, por supuesto, el deporte y la cultura física.

No omito distinguir que en sus mejores causas ha imperado el orden, la disciplina y la transparencia, no se ha tratado sólo de compartir, sino de crear, de estimular sentimientos que, al materializarse, provocan transformaciones personales y familiares, bajo el principio de la reciprocidad, en donde cada quien y cada cual tienen que hacer su parte. Muestra de ello es el no confundir lo deseable con lo posible y sí, en cambio, generar condiciones de desarrollo permanente en la vida de las personas y de las instituciones.

Es por demás sabido lo de sus aportaciones en innumerables instituciones públicas y privadas, generando, con la modestia y la inteligencia del caso, acciones sustentables en beneficio de las mejores causas.

Su inteligencia emocional y empresarial, aunado a su alto coeficiente intelectual, lo han hecho demostrar una gran capacidad de adaptación a los tiempos y a las circunstancias, muestra de ello y como primerísimo reconocimiento, yo acentuaría el logro de haber conformado una gran familia, en donde su esposa, la doctora María Isabel Grañén Porrúa, su hija, Mira Harp Grañén, quienes hace unas horas presentaron los libros La dulce tinta, de Al-Jawater/Las Ideas, y Los poderes de mis bisabuelos, y sus hijos se han confeccionado como uno de los reconocimientos más sentidos en su existencia, y es, precisamente, el ser un hombre de familia que lo hace más humanista y sensible a los quehaceres y múltiples roles que desempeña.

En lo que a mí corresponde, pudiera enunciar que en estos 20 años he recibido de parte de don Alfredo oportunidades y enseñanzas de generosidad que aprecio y valoro en su total dimensión, mi familia, mis compañeros y yo estamos absolutamente agradecidos por su caballerosidad y la grandiosa posibilidad de servir con sus directrices a la sociedad en el ámbito del deporte, que, además, es un tema que domina y conoce en muchas de sus expresiones. La memoria de nuestro corazón es con reverencia y gratitud, seguiremos haciendo un esfuerzo por recompensar con resultados toda su confianza.

Muchas felicidades por su cumpleaños número 80, pero, sobre todo, felicidades por tener la calidad humana, la sencillez y la bondad que son parte de su esencia y de su familia.

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